Un fallo judicial -sin proponérselo, desde ya- salvó ayer a Francisco de Narváez nada menos que de perder Disco a manos de la chilena Cencosud. Según fuentes cercanas a la operación, la empresa que encabeza Horst Paulmann y que es propietaria de la cadena Jumbo, Unicenter e Easy Home Centers (más una docena de shopping malls) había vuelto a la carga por Disco y -siempre según la misma versión- estaba a punto de firmar la compra a la holandesa Royal Ahold; pero días antes del «closing», un juez (seguramente sin conocer estos pormenores) decidió que, al menos por ahora, Disco no puede venderse.
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El magistrado es Juan Manuel Ojea Quintana, titular del Juzgado de Primera Instancia N° 12 en lo Comercial, quien notificó a la local Disco SA -en relación con una medida judicial dictada por un colega suyo en Uruguay- la «prohibición» a TAIH (controlada de Royal Ahold, y dueña de las acciones de Disco) de vender su participación en la cadena de supermercados argentina. Además, ordenó inscribir en su contabilidad esta prohibición, lo que constituye un paso adicional a medidas en el mismo sentido dictadas el año pasado, y que motivaron -entre otros impedimentos- justamente la retirada de jugadores como Casino, Wal-Mart y la propia Cencosud. Disco, además, deberá informar al juzgado en un plazo perentorio el haber dado cumplimiento a la orden de inscribir la medida en sus libros.
El fallo menciona que la medida se toma en el marco de una «acción pauliana» iniciada por ahorristas del ex Banco de Montevideo en Uruguay. Una «acción pauliana» es la que tiende a revertir un acto jurídico cuando el mismo resulta en violación de la ley o perjuicio a terceros. En 2003 un grupo de depositantes de la mencionada entidad financiera oriental, que fuera propiedad del fallido grupo Peirano, presentó un recurso para impedir que Ahold vendiera sus acciones en Disco, aduciendo que al momento de comprárselas a los Peirano -varios de los cuales están detenidos- sabían de la situación financiera y de las supuestas maniobras fraudulentas cometidas en el Banco de Montevideo. Por eso, pedían además que se retrotrajera la venta de Peirano a Ahold, y que esas acciones les fueran entregadas como medio para recuperar depósitos caídos por unos u$s 57 millones. Este juicio de final incierto, más una fuerte demanda de la AFIP por supuesta evasión impositiva cometida en la emisión de una serie de ON, hizo que los posibles interesados internacionales fueran abandonando uno a uno la partida. Primero los socios de Paulmann en este negocio (los fondos AIG y Capital Partners, la CFI), luego el grupo francés Casino, que iba a acompañar a De Narváez en la compra. Todos «huyeron» por las mismas causas: el nudo imposible de desatar compuesto por los problemas judiciales y fiscales de Disco. El regreso a la mesa de negociaciones de Cencosud se produjo poco antes de que la AFIP reclamara (también esta semana) $ 140 millones adicionales a la demanda original. Los chilenos habrían ofrecido u$s 25 millones de seña; con eso, más el compromiso de Ahold de hacerse cargo de todos los conflictos presentes y futuros, esperaban convencer a sus potenciales socios de retornar a la operación. De Narváez había hecho dos ofertas: un precio cercano a los u$s 300 millones «llave en mano»; otro muy inferior pero haciéndose cargo de las posibles contingencias. Ninguna de las dos cuajó, y el 14 de enero caducó el período de exclusividad que habían firmado un mes antes. Fue allí que Cencosud volvió a la carga.
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