Viaje clave a España
El presidente Kirchner parte hoy hacia España en un viaje que planificó como participación en una feria de turismo al efecto de aumentarlo en lo posible hacia la Argentina. La realidad podría ser una nueva etapa del Presidente: modificar la política de confrontación que hasta ahora caracterizó su gestión, en lo interno y en lo externo. No va a entrevistarse con todos los empresarios hispanos, a los que el año pasado desairó casi con rudeza. Sólo con algunos, los más proclives. Desde ya, con la gente de Repsol YPF, que ejerce fuerte gravitación sobre Kirchner por la relación elaborada en Santa Cruz. También recibirá a representantes de los bancos Santander Central Hispano y Bilbao Vizcaya, de Endesa (que controla Edesur) y Telefónica. Sin embargo, quizá lo principal sea lo que Kirchner no previó al planear el viaje, pero de lo que ya está enterado: los españoles quieren oírlo de nuevo antes de decidir si mantienen las posiciones empresariales en la Argentina -que requieren nuevasinversiones-o si se quedan como están aquí, seguros en petróleo, y se centran en el pujante Brasil de Lula Da Silva. Brasil hoy no ofrece dudas, la Argentina sí. Por eso es clave para los años venideros en el desarrollo nacional la impresión que en definitiva vaya a dejar Néstor Kirchner.
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Encapsulado en una intransigencia que lo aleja cada día más de la negociación en materia de deuda pública, la administración no puede también tensar la cuerda en su relación con los inversores privados, de los cuales la mayor parte son españoles cuando se trata de servicios públicos. La cuestión de las tarifas, hay que recordarlo, es una de las condiciones que mantuvo el Fondo Monetario Internacional para renovar la refinanciación de los vencimientos argentinos.
• Imposibilidad
Es cierto que esa condición es menos estridente que la de la deuda. Pero precisamente es la imposibilidad de llegar a una postura más razonable con los acreedores (sin pagar un costo político altísimo) la que aconseja a Kirchner a liquidar el otro motivo de conflicto con el mercado internacional y el Fondo. En marzo, como se sabe, deben renegociarse con ese organismo 3.100 millones de dólares. Y existe cada día más incertidumbre acerca de si eso sucederá.
Esta urgencia, que Kirchner percibió claramente en sus conversaciones con Horst Köhler y con el propio Bush, en Monterrey, parece clave para que resolviera realizar un viaje casi insólito. No sólo por su motivo, la participación en una feria turística, sino también por su lógica política. Si se toma en cuenta que el gobierno evitó desde mayo del año pasado hablar de aumentos tarifarios (hacerlo le costó a Daniel Scioli su peor crisis política), solamente por un imperativo de gran premura puede explicarse que ahora se le dedique a esa decisión un viaje a España. Para la estrategia anterior del gabinete debería imaginarse otra estética: negociaciones sigilosas, en Buenos Aires y Madrid a cargo de Julio De Vido, una decisión matizada de cambio en los contratos y, finalmente, para coronar el acuerdo y sin hablar de plata, un viaje de Kirchner a España con toda la pompa.
Claro, la necesidad de despejar incógnitas y de renovar el crédito ante el mercado no siempre pueden contemplar las exigencias del marketing. Por eso esta semana el oficialismo deberá disimular lo más curioso: que un tema al que el gobierno no quería dedicarle siquiera una frase provoca ahora un cruce del Atlántico por parte del Presidente.


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