Diálogos de Wall Street

Economía

¿Termina la revolución de los jóvenes? ¿Vuelve a dominar la agenda política? ¿Avanza el paquete fiscal? Gordon Gekko nos da sus respuestas.

Periodista: ¿Se quedó sin combustible la embestida de los jóvenes?

Gordon Gekko: Se le acabó el momentum. Si uno avanza cuesta arriba y quiere seguir trepando no puede dejar de pedalear…

P.: ¿Se terminó la cruzada de los reditters y robinhooders?

G.G.: No llegaron los refuerzos. Y el empuje, para peor, se abrió en varios frentes.

P.: Donde uno mira, GameStop, AMC, Express, Blackberry, Bed Bath & Beyond, las pizarras se tiñeron de rojo. GameStop hoy cae más de 50%. Llegó a 483 dólares en el auge de la corrida, ahora vale 104.

G.G.: El mínimo del día fue 74. Si se quiere, opera un intento de contraofensiva. Pero la fe se quebró y la causa está perdida.

P.: ¿Se cubrieron todos los cortos?

G.G.: Es que la retirada empezó primero. Y la presión por cubrirse cueste lo que cueste se relaja en una desbandada. No me sorprendería que los cortos estén aumentando otra vez. A estos precios, sería racional.

P.: ¿Dónde concluye la aventura?

G.G.: Esencialmente, donde empezó. Aunque también puede haber una sobrerreacción a la baja. GameStop es un papel de 15 a 20 dólares; siendo extremadamente generoso, 30. En algún momento en los últimos 12 meses llegó a cotizar por debajo de 3 dólares. Como en la montaña rusa, lo habitual es que el juego finalice en la misma plataforma de salida. Los fundamentos no cambiaron.

P.: ¿Qué decir del rally de la plata que se anunció con bombos y platillos y duró tan solo un día?

G.G.: Me imagino que le habrá dado salida a más de un empomado. La plata no era un muerto en vida como GameStop. El temor a las consecuencias inflacionarias del estímulo atrajo a una legión de inversores.

P.: ¿Por qué cree que los reditters eligieron la plata y no el oro?

G.G.: Por la misma razón que los hermanos Hunt cuando decidieron manipular el mercado en los años 80. Mercado chico que siempre parece factible de arrinconar.

P.: Pero no funcionó...

G.G.: No es lo mismo que corretear a los vendidos en descubierto en acciones, que necesitan conseguir la especie -la figurita difícil- para cerrar su posición. Los futuros de metales se pueden liquidar por compensación en efectivo. Acumular plata física es engorroso, y cuesta dinero. Y el metal, hasta en su relación con el oro, no está barato. Son muchos los entusiastas trepados a bordo. Los hedge funds están largos. Entienda cuál es el juego. Primero tiene que dispararse el oro y recién después toca que acompañe la plata, que es más volátil. Pero la fiebre del oro se apagó temprano, y el show de la plata se canceló.

P.: El bitcoin le robó el protagonismo...

G.G.: Debería haber lugar de sobra para todos, si de veras los inversores están tan inquietos por la inflación. Si el oro y la plata no suben cuando Biden anuncia un paquete de 1,9 billones de dólares, ¿cuándo lo harán?

P.: Imagino que cuando haya inflación y la Fed -gracias a su nuevo enfoque flexible- diga que no importa. Porque cuando le importe ajustará la política monetaria y el fin llegará antes de que tome ninguna decisión. Bastará con que la Fed alce la voz para derretir la expectativa de los metales preciosos. Y esa es la película que vimos una y otra vez desde 2001.

G.G.: En ese marco, darle manija a la plata tiene todos los atributos de un enchufe. Entraron los incautos con entusiasmo, salieron los empomados.

P.: Entre tanto, Wall Street ya cambió de página. Sube como si nada de esto tuviera relevancia. Vuelve a fijar la sintonía en Washington. ¿Prosperan las negociaciones para aprobar el estímulo fiscal extra?

G.G.: Decíamos que había que esperar una cifra entre u$s7000.000 millones y un billón y que había que darse, respectivamente, por satisfecho o por contento. Los senadores republicanos contraofertaron un programa de u$s618.000 millones, que no está mal (pensando en los 900 .000 millones aprobados en diciembre). Así que el piso que habíamos señalado luce accesible.

P.: Asunto resuelto, ¿sí o no?

G.G.: Vamos bien y rápido. El covid urge y facilita el acercamiento. Pero el diablo está en los detalles y las diferencias todavía son importantes.

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