Es la crónica de una corrección anunciada (como pocas). ¿Quién no la vio venir? Ya un mes atrás los Morgan Stanley, Goldman Sachs, Citigroup, Deutsche Bank, Bank of America o Credit Suisse, por citar sólo un puñado, compartían el pronóstico inminente de severo temporal. Se diría que a la corrección de marras le sobran razones y le falta, aún hoy, recorrido.
Wall Street: la corrección más anunciada se hace rogar
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Los motivos son una lista abrumadora: la inflación; los cuellos de botella de la producción y del abastecimiento; el estancamiento o, peor, la estanflación; los excesos de todo tipo, el taper por venir. Noruega, inclusive, ya subió las tasas de interés. Y el Banco de Inglaterra podría copiarlo antes de enero.
¿Por qué los bancos centrales vuelven sobre sus pasos? ¿La inflación se les va de las manos? Es un guión inquietante. Sin embargo, la definición de manual de una corrección bursátil exige un tropiezo mínimo de 10% desde los máximos para dar la talla, y por más que se suman percances -la saga de Evergrande o 77 aviones caza chinos que penetran el espacio aéreo de Taiwan– los números no se estiran lo necesario. Un estornudo, o dos, no hacen un resfrío. ¿Habrá que ser pacientes?
Claro. La presa está herida, y ya no tiene el tupé de buscar nuevos récords tras cada escaramuza. El mantra de “comprar las bajas” flaquea. El S&P 500 quebró la media de 50 ruedas en su retroceso, y entregó así la primera línea de trinchera. Los inversores ahora venden los rebotes, y esperan una caída estrepitosa (podrán recomprar después). La estacionalidad los alienta. Un septiembre gris oscuro puede darle pie a un octubre negro. No obstante, el mes arrancó bien y sorteó la emboscada. La corrección en ciernes es una hendidura visible, conversada hasta la exasperación, pero que nunca sobrepasó 5% y hoy mide apenas 3,97%.
¿Cómo es que Wall Street no rinde la plaza cuando la inflación de agosto es la más alta en 31 años? Y no cualquier medición, sino la favorita de la FED. Cómo es que Powell tampoco reacciona, cabría preguntarse. ¿Y el mercado de bonos? El deflactor del gasto de consumo personal trepaba 2,5% interanual en marzo cuando se lanzó el plan Biden y en agosto marcó un récord de 4,3%. En cambio, su mediana pasó de 2,1% a 2,4%. La explicación, simple, anida allí. El pico de la inflación mensual fue en abril. En agosto, su valor resultó un tercio más bajo. El techo de la inflación núcleo data de mayo.
En agosto mermó a la mitad. La tesis de la inflación transitoria no puede refutarse (ni corroborarse todavía). Paciencia, pues, pero no histeria. ¿Y qué decir del estancamiento? ¿Cuál? Nunca se dejó atrás una recesión tan rápido. Estancamiento, se dice, es el nombre de la próxima estación. La caída de las tasas largas lo sugirió, pero, después de rozar 1,12% a principio de agosto, escalaron a 1,50%. La pendiente de la curva se empinó a 120 puntos base. Suben, por fin, las tasas reales.
¿Estanflación? Los bonos señalan recuperación e inflación moderadas a mediano plazo. Más allá de la polvareda, nada extraordinario en ambos frentes. Y las últimas noticias son particularmente buenas. La usina de los trastornos recientes, la ola de covid impulsada por la variante delta, está en retirada franca. Por eso la Fed apura el taper que frenó en Jackson Hole.
Y el anuncio de Merck de un tratamiento oral de la enfermedad ilumina el horizonte. ¡Eureka! Un vademecum de vacunas más pastillas asoma como el principal remedio contra la pesadilla de la disrupción en las cadenas de producción. No será inmediato, pero es la vía para independizar a la economía de la enfermedad. El desvelo, lo que no tiene cura hoy es la política.
El jueves se encontró una solución agónica para salvar un cierre parcial del gobierno, con una autorización ad hoc de gasto hasta diciembre. Pero subsiste el drama del techo de la deuda pública. Y la fecha límite es el 14 de octubre, subraya Janet Yellen. La suerte de las obligaciones del Tesoro no está en peligro, nadie querrá matar la gallina de los huevos de oro, pero la Bolsa sí pagó caro una negligencia similar en 2011 y en 2018. Las dos veces se asomó a la vera, no de una mera corrección, sino del abismo del mercado bear (una caída ya no de 10% sino de 20%). La enfermedad administrativa no es letal, y por eso se la deja estar. Pero si Washington no la toma en serio a tiempo, o si busca extraerle hasta la última ventaja, Wall Street se lo recordará con estruendo.




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