Wall Street dio Macroeconomía por aprobada. La realidad sigue rindiendo examen pero, rápido, alguien que le avise al presidente Biden que no necesita presumir de los 850.000 empleos netos que EE.UU. sumó en junio, ni decir que son obra enteramente suya y no se copió de Trump. La Bolsa ya lo eximió con las notas del trimestre marzo-mayo aunque queden bolillas por dilucidar. “Está saliendo el sol en la economía”, sentenció Biden con entusiasmo. ¿No hay ventanas en la Casa Blanca? El sol brilla radiante hace meses. Y Wall Street se incomodó cuando los rayos le daban de frente, recién amanecía la propuesta fiscal ambiciosa de Biden y Yellen, y no podía juzgar cuánto crecimiento e inflación tenía por delante.
Las siete cumbres de Wall Street
El índice S&P 500 clavó siete récords consecutivos en las últimas siete ruedas. No precisó conocer el informe de empleo para labrar los seis primeros. No se crea que el futuro esté escrito. No es así.
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Ya no más. El índice S&P 500 clavó siete récords consecutivos en las últimas siete ruedas. No precisó conocer el informe de empleo para labrar los seis primeros. Y leerlo no tronchó el destino del séptimo. No se crea que el futuro esté escrito. No es así. A mayores alturas crece también el riesgo. Y la valuación (21,3 veces las ganancias futuras) es una invitación al vértigo. Pero el sol no tapa la visual. Pasó el mediodía, y las tasas de crecimiento de las variables reales comenzaron a declinar. ¿Cuánto más tardará la inflación en amoldarse? El peligro principal, que el experimento Biden-Yellen recalentase actividad y precios al extremo de tener que sofocarlo para evitar una zozobra, no asusta a las acciones. Si no pudo con los bonos, se escribió acá hace tiempo, por qué debería intimidar a la Bolsa. Los bonos del Tesoro no lucran con una inflación fuera de la órbita prevista. Las compañías, sí.
En junio, EE.UU. creó 850.000 puestos de trabajo netos, el ritmo más fuerte de los últimos diez meses. A priori, se temía un número robusto que pudiera inquietar a la Fed y empujarla a revisar su política de manos libres. Sin embargo, no hubo ningún percance. Quizás pesó la contradicción del mensaje. La tasa de desempleo, que se esperaba que bajara a 5,7%, trepó una décima a 5,9%. El reporte en realidad son dos encuestas independientes, y cada una aportó su parte. ¿Cómo conciliar el dato frío (la irrupción de 168.000 nuevos desocupados)con un titular tan caliente? La tasa de participación se mantuvo estable, y no es posible contestar con certeza. ¿Qué debería hacer la Fed? Lo que ya sabía: nada, mantener el rumbo y la paciencia. Déjalo correr, que todavía se adeudan 6,7 millones de conchabos que arruinó la pandemia. ¿Y qué decir de los salarios en alza? Así revivirá la oferta de trabajo. ¿No es un pulso excesivo: 3,6% interanual? Si se los mide bien, fluctuaron entre 3% y 4% los últimos cinco años, y ahora están en el piso del rango. Los beneficios extraordinarios que paga el plan de estímulo se extinguen en septiembre, y no serán competencia.
Mientras tanto, con sutileza, las tasas largas se hunden más y más. Las de 10 años esperaron las noticias de empleo por debajo de 1,50%, tomaron conocimiento, y se rebajaron a 1,43%. No las inquieta la inflación que pudiera incubar el futuro. La pendiente de la curva de rendimientos (su cotejo con las tasas de 2 años) empezó abril en 1,50%, y julio en 1,20%. La menor pendiente anticipa la moderación real, sin negar una cadencia saludable. A fines de 2016 y principios de 2017 tal valor precedió a una economía espléndida aun cuando la Fed había comenzado la suba de tasas. Y el derrotero de los indicadores económicos confirma el presagio. Para el II trimestre, el pronóstico en tiempo real de la Fed de Atlanta marcó en la primera quincena de mayo un crecimiento entre 11% y 13% pero cerró el mes cerca de 9%. En junio revivió hasta superar 10% para declinar luego quebrando 9%. Y la última batería de datos , incluyendo los números de empleo, lo derribó a 7,8%. Los bonos intuyeron la ralentización, y la Bolsa compró a ciegas esa visión.
Con tal convicción se pasea de cumbre en cumbre. ¿Será que las minutas de la última reunión de la Fed pueden espantarla? La mirada estratégica va más allá. ¿Qué pasará cuando la expansión concluya el período de tasas chinas en pocos meses más? ¿Cuánto valdrán los bonos? Junio cerró con casi 1 billón de dólares depositados en la Fed a falta de mejor destino, equivalen a las compras de bonos de 8 meses, ¿cuán filoso puede ser el tapering? Como se aprecia, no manda la euforia sino el cálculo, y si las minutas abollan el sentimiento, el cálculo dará aún mejor.
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