¿Feliz año nuevo? Los mercados erradicaron la pandemia de sus cotizaciones hace meses. Vacunada de espanto el 23 de marzo, no por Pfizer sino por Powell, Wall Street subió 30% en abril pari passu con la destrucción de 20,5 millones de empleos netos sólo en EE.UU., y tras un bear market fulminante. Y en agosto renovó máximos absolutos. ¿Instinto o adicción? En todo caso, nada más conveniente. Las finanzas estables, la ausencia de un crack crediticio a la Lehman, contuvieron la crisis de confianza cuando no había de dónde aferrarse. Allí se apoyó la economía real, a partir de mayo, para ensayar su camino -más lento- de recuperación. ¿Qué fue lo particularísimo de 2020? En un abrir y cerrar de ojos canceló el ciclo económico (y bursátil) más prolongado de la historia (aunque no el más vigoroso). Sin embargo, con la misma celeridad, gestó con trazo firme una nueva expansión. Sin pedirle permiso al covid que sigue rampante, cambió la partitura como si fuera un genial compositor. Y ahí están las vacunas para que los escépticos sospechen que, como lo anticipó la Bolsa, la música es otra, y tarde o temprano se podrá abandonar el encierro y confinar a la infección. ¿Qué podría salir mal en 2021? Todo. Ni siquiera se precisa un cisne negro. Ya en 2004, la OMS -no la NASA- había sentenciado que una pandemia era inevitable. Nadie puede ignorar las fragilidades. O la precariedad de muchas de las soluciones. No obstante, a pesar de las penurias, los errores y las miserias, el legado de 2020 no es la depresión sino la fe en el futuro, y hasta el fervor.
Wall Street (y el "virus" optimista)
Todavía no se entienden los cambios ocurridos en 2020, pero hay dudas con los precios relativos de los activos.
-
Wall Street sufrió su quinta baja semanal consecutiva y el petróleo se consolidó arriba de los u$s100
-
Alarma por el crédito privado en EEUU: crecen los rescates y preocupa el impacto de la guerra
Los mercados financieros hacen punta. Wall Street y su final de año a toda orquesta, desde noviembre, son el exponente más cabal. No el más visible. Nada refleja mejor el optimismo, y la intensidad de su convicción, que la audacia del bitcoin. Trepa vertical, como en su burbuja de 2017/2018, pero muchísimo más alto. Sube hora tras hora y mientras se escriben estas líneas, luego de superar los 34 mil dólares, se sosiega un poco por debajo. Desde ya, pueden verterse mil teorías sobre el meteórico ascenso, y varias de ellas ser válidas (la mayoría, imposibles de corroborar ex ante), pero el punto es muy simple.
Cuando las papas queman, el cash es rey. El efectivo convencional, no ninguna criptonita. Así ocurrió en marzo. En lo peor de la desconfianza (que no fue lo peor de la pandemia, por cierto) todo se derritió: las acciones, los bonos, el oro. También el bitcoin. Del valor más alto que alcanzó el 11 de marzo -7.929 dólares- cayó el 48% hasta los mínimos del día siguiente, 4.107. ¿Qué duda cabe que tras multiplicar su valor por ocho avizora un horizonte mejor y mejor? El optimismo es hoy un virus contagioso como el covid. Salta a simple vista en los mercados, y a veces requiere de un hisopado para detectarlo en los pliegues de la economía real.
Aun así, se pavonea en las venturosas proyecciones económicas para 2021. Las vacunas y el triunfo de Biden en las elecciones de los EE.UU. (y la debilidad sin trauma del dólar en el mundo) lo inocularon en masa. La pregunta pertinente es si se justifica una confianza tan arraigada. No es que no haya prevenciones. ¿Regresa la inflación?, se interroga The Economist. ¿No es el bitcoin acaso una forma de cobertura? Los bonos del Tesoro, los más largos y más expuestos, dicen que no. El apogeo de los criptoactivos, ¿no amenaza a las monedas soberanas de oferta elástica? Que responda Ripple en caída libre, cuando pueda sacarse de encima la lupa del regulador. O mejor, Jack Ma, de Alibaba, cuya estrella ascendente entró en cuarto menguante por similares razones en China. ¿Qué amenaza es mayor? Un auge del celo regulatorio en la esfera digital está por delante. Una lluvia de casos anti-monopolio les avisó a las Big Tech en EE.UU., aunque sus precios no lo registran. Sí los de Alibaba, que perdieron toda la ganancia acumulada en un año excelente. Y conviene admitir la sorpresa del acuerdo de inversiones entre la Unión Europea y China, cerrado de urgencia antes que asuma el multilateralista Biden. Es el realismo periférico de Merkel, podría alegar el recordado Carlos Escudé. No es lo que se esperaba, pero Alemania también se siente amenazada. El mundo cambió en 2020 incluso en maneras que no comprendemos aun. No necesariamente peores, pero distintas. Siendo así, quizás el diablo no anide tanto en la altura de las cotizaciones como en la maraña de los precios relativos.




Dejá tu comentario