Wall Street va por nuevos récords (y por ahora no escucha advertencias)

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Nadie puede alegar que exista una conspiración del silencio. Sonaron (y suenan) todas las alarmas. Desde la punzante corrección de diciembre – la tercera de 2018, y que no fue la vencida – hasta las flamantes alertas del FMI y de la OMC. Wall Street hace caso omiso de peligros y advertencias, enfiló raudo a las alturas y va por los récords, que datan de septiembre pasado, hambrienta tras medio año de temeroso ayuno. La última amenaza fue la inversión de la curva de los bonos, pero el susto le duró una semana y después encaró en línea recta. Todos los índices principales se ubican hoy a menos de 2% de los máximos absolutos. El S&P 500, a tan sólo 1,3%. Se diría que el cielo no puede esperar. Y salvando las distancias, bríos similares se registran en las bolsas de Europa, China y Japón a pesar del bajo techo operativo de sus economías cubiertas de nubarrones. La ambición y la voluntad, como pocas veces ocurre, se recortan nítidas.

No hay otro motor que una visión bursátil que se atreve a poner en duda el mar de dudas y prevenciones, y se aventura a contramano. Las acciones suben sin el combustible del flujo de recursos de la manada. Los fondos de equity globales, en lo que va del año, sufrieron el éxodo de más de 87 mil millones de dólares netos que prefirieron la seguridad de los bonos o el efectivo. No importó el disenso. Saltaron igual el muro de los lamentos. Eso es liderazgo (con las espaldas bien cubiertas, hay que decirlo, por la pavura de los bancos centrales que han desmantelado, primero el BCE, después la Fed, todo signo de hostilidad). Wall Street juega fuerte. Los papeles no están baratos y los balances – cuyo temporada está pronta a iniciarse – serán mediocres. Se sabe que las ganancias por acción de las compañías del S&P500 declinaron el trimestre pasado, el primer rojo de los últimos tres años. Aun así, apuesta a un pleno.

¿Quién tiene razón? A mitad de semana, el FMI alertó de un “frenazo global más duro de lo previsto”. Christine Lagarde advirtió que el mundo atraviesa “un momento delicado” y que “pierde momentum”. El Fondo espera que “un 70% de las economías del globo experimente una desaceleración”. La OMC, por su parte, apuntó que también el comercio mundial se resiente. Y recortó en consecuencia sus proyecciones para 2019-2021. La OECD inauguró la ola de revisiones de crecimiento del PBI global a la baja un mes atrás, y pronto conoceremos el guadañazo del FMI. Las opiniones son diversas, pero el fenómeno es el mismo. Tensiones geopolíticas, disputas comerciales, incertidumbre política, entremezcladas en una olla a presión, hacen un caldo espeso. También contribuyó una política monetaria más agresiva, sobre todo en la segunda mitad de 2018. Wall Street no lo ignora. Y vaya susto que se dio – aunque fugaz – con la inversión de la curva. Solo que considera que la factura está paga. Como siempre, mira hacia delante, con una visión (especulativa, errada o no) notablemente más benigna. Wall Street no habría zafado del bear market de 2018 de no ser por la repentina mudanza de política de la Fed. Si la suba de tasas de diciembre la empujó por el barranco, el cambio de credo de Powell & Cía pocos días después fue la grúa de la salvación. Su coraje es condicional. Toma la lanza y embiste porque ya masticó las hipótesis abrasivas y las supone remontables en un entorno de bancos centrales a la defensiva dispuestos a acudir en auxilio si equivoca el pronóstico. La urgencia por subir , que comparten las bolsas de Europa, China y Japón, es inseparable de la idea de un acuerdo comercial en ciernes entre Trump y Xi Jinping (sabiendo que Trump reemplazará un conflicto con otro, ya que la confrontación es la esencia de su accionar político). La Bolsa, por supuesto, no es infalible. Pero hay que reconocer el buen timing. Aun si Trump dilatase un arreglo, las lecturas de las últimas encuestas PMI de EE.UU. y China le ponen piso a una eventual zozobra. El informe laboral de marzo, conocido el viernes, es otra evidencia alentadora. Recesiones capaces de crear en un solo mes 197 mil empleos netos en la economía de los EE.UU. no se han conocido nunca.

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