La expansión de los centros de datos y la infraestructura necesaria para sostener el desarrollo de la inteligencia artificial están abriendo un nuevo frente de crecimiento para la industria energética. La demanda de electricidad aumenta a un ritmo que comienza a superar la capacidad de respuesta de los fabricantes de equipos de generación, en un escenario que también exige mayor flexibilidad para integrar fuentes renovables y garantizar el abastecimiento. “La demanda de energía está creciendo tan rápido que el suministro de equipos se convirtió en un cuello de botella”, advirtió Håkan Agnevall, CEO global de Wärtsilä.
Data centers y demanda eléctrica: el CEO de Wärtsilä anticipa un boom energético que también interpela a la Argentina
Håkan Agnevall aseguró que la compañía ya vendió toda su capacidad disponible de generación eléctrica hasta fines de 2028 y planea más que duplicarla hacia comienzos de 2029. La expansión de los centros de datos, la electrificación y las energías renovables impulsan un nuevo ciclo de crecimiento.
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“Parte de la tecnología puede copiarse, pero nadie aprendió todavía a clonar a las personas”, afirmó el CEO de Wärtsilä.
La compañía finlandesa ya tiene vendida toda su capacidad disponible de equipos de generación eléctrica hasta fines de 2028 y trabaja para más que duplicar su capacidad productiva entre fines de 2025 y comienzos de 2029. La perspectiva refleja la dimensión de un cambio que trasciende a los centros de datos: la electrificación de las industrias, el mayor uso de aire acondicionado en un planeta más cálido, la renovación de infraestructura energética envejecida y la necesidad de respaldar sistemas eléctricos con una participación creciente de energías renovables.
En una entrevista con McKinsey, Agnevall analizó las transformaciones que atraviesan los sectores energético y marítimo, dos industrias centrales para Wärtsilä. Con operaciones en 78 países, alrededor de 17.900 empleados y ventas por aproximadamente 6.900 millones de euros, la empresa busca concentrarse en la descarbonización de ambos mercados, desarrollar servicios de mayor valor agregado y utilizar inteligencia artificial para mejorar la eficiencia de sus productos y operaciones.
Las tendencias que describe el ejecutivo también tienen implicancias para países como la Argentina, que cuentan con recursos gasíferos y potencial para abastecer una demanda eléctrica en expansión. La necesidad de generación flexible, la complementariedad entre fuentes renovables y térmicas y el crecimiento de los centros de datos abren interrogantes sobre cómo se organizarán los sistemas eléctricos y qué tecnologías tendrán mayor protagonismo en los próximos años.
La demanda de los centros de datos agotó la capacidad de generación hasta 2028
Agnevall identificó dos grandes líneas de negocio dentro de la división energética de Wärtsilä. La primera es la generación de base o baseload, que permite suministrar electricidad de manera continua, las 24 horas. Históricamente, este segmento tuvo una fuerte presencia en el sudeste asiático, América del Sur y distintas regiones de Estados Unidos y Europa.
En ese mercado apareció un nuevo cliente de gran escala: los centros de datos. Según explicó, durante los últimos dos años este segmento creció con rapidez y modificó las necesidades de generación. Hasta hace poco, los centros de datos eran más pequeños y estaban conectados a las redes eléctricas, con equipos propios destinados principalmente al respaldo. Por su tamaño, las centrales de Wärtsilä no resultaban adecuadas para abastecerlos.
“Ahora que los centros de datos son más grandes y a menudo necesitan generar su propia energía, se convirtieron en una importante fuente de crecimiento para nosotros”, señaló. La compañía tiene experiencia en centrales de entre 50 y 700 megavatios, un rango de potencia que ahora encuentra nuevas aplicaciones en la infraestructura vinculada con la inteligencia artificial.
El ejecutivo advirtió, sin embargo, que la expansión de los centros de datos no es el único factor que impulsa el consumo eléctrico. Identificó otros tres motores de crecimiento. El primero es la electrificación de las actividades industriales, que buscan mejorar su eficiencia energética y reducir costos. El transporte es uno de los ejemplos más visibles, aunque reconoció que las ventas de vehículos eléctricos perdieron impulso en algunos mercados.
El segundo factor es la mayor demanda de aire acondicionado en un mundo más cálido. Agnevall mencionó especialmente al sudeste asiático, pero también a Europa, donde el uso de estos equipos no está tan extendido como en otras regiones y podría crecer en los próximos años.
El tercer motor está relacionado con el envejecimiento de la infraestructura energética, tanto de generación como de transmisión, particularmente en Estados Unidos. A esos factores se suma la expansión de las energías renovables, que incrementa la necesidad de contar con fuentes capaces de compensar las variaciones de producción.
La combinación de estas tendencias configura, en su visión, un escenario de demanda sostenida durante varios años. “Es una situación de demanda extremadamente favorable que creemos que continuará durante mucho tiempo”, afirmó.
Para responder a ese crecimiento, Wärtsilä está ampliando sus propias capacidades y las de su cadena de suministro. La empresa prevé más que duplicar su capacidad de generación entre fines de 2025 y comienzos de 2029. Sin embargo, el ritmo de expansión no alcanza para cubrir todos los pedidos de corto plazo.
“Vendimos toda nuestra capacidad hasta fines de 2028 y ahora estamos concretando ventas para 2029 y 2030”, explicó Agnevall. También reconoció que existe frustración entre los clientes, que buscan recibir los equipos antes, y sostuvo que la clave es mantener un diálogo abierto sobre los cronogramas de los proyectos y las posibilidades reales de entrega.
El respaldo térmico y las baterías, claves para integrar renovables
La segunda línea de negocio energética de Wärtsilä es la generación de balance o balancing power, que gana importancia a medida que aumenta la participación de fuentes renovables en los sistemas eléctricos.
Agnevall destacó que la energía solar y la eólica suelen ser las alternativas más económicas, pero tienen una característica que condiciona su integración: son intermitentes. “El sol no siempre brilla y el viento no siempre sopla, por lo que se necesita energía de balance para mantener estable el sistema”, explicó.
En ese contexto, la compañía trabaja con dos herramientas complementarias: soluciones de almacenamiento en baterías y generación térmica flexible. El objetivo es contar con capacidad para responder a las variaciones de producción renovable y sostener el abastecimiento cuando la generación solar o eólica disminuye.
La combinación de tecnologías permite atender necesidades diferentes. Mientras las centrales de generación de base suministran electricidad de manera continua, las soluciones de balance aportan flexibilidad para acompañar los cambios en la oferta y la demanda. Para Agnevall, ese papel será cada vez más relevante en los sistemas eléctricos que incorporen mayores volúmenes de energías renovables.
Descarbonización marítima: combustibles más caros y decisiones a largo plazo
El negocio marítimo tiene una dinámica diferente a la energética. Según el CEO, suele crecer a un ritmo similar al de la economía global, aunque actualmente los esfuerzos de descarbonización están impulsando una expansión superior al promedio en algunos de los segmentos centrales de Wärtsilä, como cruceros, ferris, embarcaciones offshore y buques especiales.
La transición presenta una dificultad particular: los barcos tienen una vida útil de entre 30 y 40 años, mientras que todavía existe incertidumbre sobre qué combustibles serán predominantes y qué regulaciones estarán vigentes durante las próximas décadas.
La Organización Marítima Internacional (OMI) establece los marcos regulatorios globales vinculados con las emisiones de carbono. Para Agnevall, esas normas están generando oportunidades para acompañar a los armadores en decisiones tecnológicas que tendrán consecuencias durante toda la vida operativa de sus embarcaciones.
El ejecutivo dividió los combustibles en tres grandes categorías. La primera corresponde a los combustibles fósiles tradicionales. La segunda incluye biocombustibles y combustibles neutros en carbono, para los cuales Wärtsilä ya cuenta con plataformas de motores preparadas y cientos de unidades que funcionan con metanol entregadas.
La tercera categoría reúne combustibles de cero emisiones, como el amoníaco y el hidrógeno. En el transporte marítimo de grandes distancias, Agnevall considera que el amoníaco tiene mayores posibilidades de convertirse en una alternativa para los grandes buques, debido a que el hidrógeno requiere demasiado volumen de almacenamiento. Este último podría resultar viable para embarcaciones más pequeñas.
Wärtsilä comenzó a entregar sus primeros motores preparados para estos combustibles de cero emisiones, aunque todavía a pequeña escala. El desafío es que la transición resulte económicamente viable. “Los combustibles verdes cuestan entre dos y cuatro veces más que los combustibles fósiles”, advirtió.
Para que su adopción se generalice, consideró necesario establecer condiciones de competencia equitativas mediante regulaciones globales y mecanismos de fijación de precios para las emisiones de carbono. En ese proceso, la OMI tiene un papel central, aunque alcanzar consensos entre los países que integran el organismo demanda tiempo.
La incertidumbre sobre la disponibilidad y el precio futuro de los combustibles también condiciona las decisiones de inversión. Agnevall explicó que los armadores ya no pueden dejar la selección del combustible exclusivamente en manos de los departamentos de ingeniería u operaciones. Hoy es una decisión estratégica que involucra a las máximas autoridades de las compañías e incluso a sus directorios.
“Todavía no sabemos cuál será el combustible del futuro. Mi argumento es que durante los próximos 30 años surgirán varios combustibles preferidos”, sostuvo. Las elecciones podrían variar según la región y el tipo de embarcación: un crucero y un buque portacontenedores, por ejemplo, no necesariamente tendrán las mismas necesidades.
Por eso, recomendó evitar apuestas tecnológicas demasiado rígidas. Una embarcación diseñada para funcionar con un único combustible podría convertirse en un activo varado si esa alternativa pierde competitividad dentro de diez o quince años. La flexibilidad también debe contemplarse en la arquitectura del barco, ya que los tanques necesarios cambian de tamaño según el combustible elegido.
La inteligencia artificial como herramienta para ganar eficiencia
La transformación tecnológica también está modificando el funcionamiento interno de Wärtsilä y su relación con los clientes. Agnevall identificó tres áreas principales en las que la compañía aplica inteligencia artificial.
La primera es la mejora continua de los procesos industriales. Como ejemplo, mencionó la preparación de documentación técnica para clientes y organismos reguladores: una tarea que antes podía demandar un día completo ahora puede resolverse en tres minutos mediante herramientas de IA.
La segunda área está vinculada con los servicios. Más de la mitad de los ingresos de Wärtsilä proviene de este negocio, que la compañía considera estratégico para mejorar la satisfacción de sus clientes y diferenciarse de sus competidores.
A través de sensores y herramientas digitales, la empresa obtiene información de motores, embarcaciones y otros equipos en funcionamiento. Luego combina esos datos con la experiencia de sus trabajadores para mejorar la disponibilidad de las instalaciones, reducir el consumo de combustible y disminuir las emisiones.
En ese segmento está realizando apuestas estratégicas e inversiones de cientos de millones de euros. La tercera línea consiste en revisar procesos completos para determinar cómo la inteligencia artificial puede rediseñarlos. La compañía comenzará por áreas como finanzas y servicios, con el objetivo de aprender de la experiencia y extender las aplicaciones.
Para Agnevall, el principal factor de éxito no pasa necesariamente por contar con las herramientas más sofisticadas o los mejores especialistas técnicos, sino por desarrollar una cultura organizacional que incorpore la tecnología como una oportunidad. “Lo más importante para tener éxito con la inteligencia artificial es contar con personas entusiasmadas con estos esfuerzos y una cultura sólida enfocada en la mejora continua”, afirmó.
Atlas GigaHub, el proyecto en Chubut que busca posicionarse en el negocio global de la infraestructura para inteligencia artificial
En este contexto, Chubut busca posicionarse en el negocio global de la infraestructura para inteligencia artificial con el proyecto Atlas GigaHub, un campus de centros de datos de gran escala que Green Capital impulsa junto con el Gobierno provincial en la Zona Franca de Trelew. La iniciativa contempla una inversión estimada en u$s3.300 millones y combina capacidad informática, disponibilidad energética, generación renovable, almacenamiento y conectividad. El proyecto fue presentado a fines de julio en la Embajada de Polonia, durante el encuentro “Shaping AI Future Through Energy: The Global Data Center Hub in Argentina”, donde se expusieron sus lineamientos y los perfiles de potenciales socios tecnológicos, energéticos y financieros.
En paralelo, Wärtsilä y Green Capital firmaron un Memorando de Entendimiento (MoU) para colaborar en el desarrollo de la infraestructura energética necesaria para Atlas GigaHub. El acuerdo abre una instancia de cooperación para evaluar soluciones de generación y abastecimiento eléctrico para el futuro campus, en un momento en que la expansión de la inteligencia artificial está impulsando inversiones millonarias en centros de datos y elevando los requerimientos de energía.
Una compañía enfocada en dos industrias y en los servicios de alto valor
La estrategia de Wärtsilä también incluyó una reorganización de su cartera de negocios. Agnevall explicó que la compañía decidió concentrarse en dos industrias: energía y transporte marítimo, ambas atravesadas por procesos de descarbonización que demandarán décadas y que deben combinar sostenibilidad ambiental con viabilidad económica.
Como parte de esa transformación, la empresa se desprendió de algunas unidades de negocio que había incorporado durante una etapa en la que predominaban las estrategias de expansión mediante adquisiciones. El objetivo fue liberar capital, tiempo y capacidad de gestión para concentrar recursos en sus actividades principales.
“Cuando uno se desprende de negocios, libera tiempo, capacidad de liderazgo y capital. Puede concentrar la asignación de recursos en el núcleo de la compañía”, explicó. También sostuvo que una estrategia más enfocada facilita la comunicación con accionistas, directorios e inversores, aunque advirtió que definir un campo de acción demasiado estrecho puede generar dudas sobre las perspectivas de crecimiento.
El CEO vinculó esta estrategia con su propia trayectoria profesional. Antes de llegar a Wärtsilä, trabajó en ABB, Bombardier y Volvo Buses, y participó en cinco procesos de transformación empresarial. En su carrera identificó tres ejes comunes: la transformación de los negocios, la experiencia internacional y el trabajo en compañías con un alto componente tecnológico. A su entender, los próximos diez años traerán más cambios para las industrias energética y marítima que los registrados durante las tres o cuatro décadas anteriores.
En paralelo, Wärtsilä busca elevar el valor de sus contratos de servicios. La estrategia consiste en pasar de prestaciones transaccionales a acuerdos de servicio y, finalmente, a contratos basados en resultados. En estos últimos, la empresa asume compromisos concretos sobre ahorro de combustible, disponibilidad y confiabilidad de los equipos, y comparte con el cliente los beneficios o costos derivados del cumplimiento de los objetivos acordados.
Agnevall considera que ese modelo puede convertirse en una ventaja competitiva difícil de replicar. Para construir un negocio de servicios sólido, describió cuatro componentes: un buen producto, personas capacitadas, una cultura orientada al cliente y datos de calidad.
“Parte de la tecnología puede copiarse, pero nadie aprendió todavía a clonar a las personas”, afirmó. Y agregó que la información obtenida de los equipos y de su operación permite desarrollar propuestas de mayor valor para los clientes.
Su recomendación para los ejecutivos de la industria es mantener la curiosidad y el foco en las necesidades de los usuarios. En un escenario de cambios tecnológicos y sociales acelerados, sostuvo, comprender cómo se utilizan los equipos y cómo evolucionan esas necesidades será tan importante como desarrollar nuevas soluciones.
La próxima etapa del crecimiento energético, según la mirada del CEO de Wärtsilä, no estará definida por una única tecnología. La generación continua, las soluciones flexibles, las baterías, los nuevos combustibles y la inteligencia artificial deberán convivir en sistemas cada vez más complejos, con una demanda eléctrica que promete seguir creciendo.









