Las conversaciones confirmadas entre Rio Tinto y Glencore reactivaron una de las hipótesis más relevantes de la industria minera global: la creación de la mayor minera de cobre del mundo. De concretarse, la operación no solo superaría en magnitud a la propuesta de fusión entre Teck y Anglo American, sino que redefiniría el mapa del cobre a escala global, en un contexto de creciente escasez del metal clave para la electrificación, la transición energética, la Inteligencia Artificial y la defensa.
Minería de cobre: ¿qué tamaño tendría una fusión entre Rio Tinto y Glencore?
Según datos del Servicio de Cobre de Benchmark, la producción combinada de cobre de Rio Tinto y Glencore superaría las 1,6 millones de toneladas en 2026.
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Mina Collahuasi en Chile. Si avanza la fusión entre Rio Tinto y Glencore y se suma al acuerdo Anglo American–Teck, dos de las seis mayores mineras de cobre del mundo habrán nacido de fusiones recientes, reconfigurando el mapa global del sector.
Según informó Rio Tinto en un comunicado oficial, la expectativa actual es que cualquier transacción se estructure a través de la adquisición de Glencore por parte de Rio Tinto, mediante un esquema de acuerdo sancionado por la Justicia. Las negociaciones retoman conversaciones que ya habían tenido lugar en 2024, pero que entonces no prosperaron.
De acuerdo con datos del Servicio de Cobre de Benchmark, la producción combinada de cobre de Rio Tinto y Glencore superaría las 1,6 millones de toneladas en 2026, lo que colocaría a la empresa fusionada por encima de cualquier otra minera de cobre del mundo en términos de producción anual atribuible.
Ambas compañías poseen carteras diversificadas, pero el cobre aparece como el eje estratégico central de la posible fusión. Benchmark destaca que este liderazgo no sería circunstancial: activos clave de ambas empresas están entrando en fases de mayor producción, lo que garantizaría volúmenes elevados durante la próxima década.
En particular, se espera un crecimiento significativo en Collahuasi, una de las minas de cobre más grandes de Chile operada por Glencore (44%) (también es socia Anglo American (44%) y Japan Collahuasi Resources B.V. 12%), y en Oyu Tolgoi, el gigantesco yacimiento de Rio Tinto en Mongolia, cuya expansión subterránea ya está impactando en los niveles de producción.
La producción de cobre de Collahuasi varía anualmente, pero se sitúa por encima de las 500.000 toneladas de cobre fino al año, alcanzando 571.000 toneladas en 2022, 577.000 en 2023 y 558.600 en 2024.
Oyu Tolgoi, una de las minas de cobre y oro más grandes del mundo, tiene una producción anual objetivo de más de 500.000 toneladas métricas de cobre para 2027, con proyecciones para alcanzar 1 millón de toneladas anuales hacia 2030, incluyendo el cobre de la mina subterránea que comenzó en 2023. Además, produce oro como subproducto, con expectativas de hasta 425.000 onzas anuales a plena capacidad, y también genera plata y molibdeno
Glencore, a través de su operación en el Complejo Katanga en la República Democrática del Congo (RDC), registro en 2024 mejoras significativas en la producción de cobre por mayor ley: en general produce alrededor de 1 millón de toneladas de cobre anualmente.
Además, en la mina Antamina de la región Ánchash de Perú (donde Glencore es accionista) posee una producción estable de cobre de entre 380.000 y 450.000 toneladas anuales, con una meta de 450.000 toneladas para 2026. Tras una baja en años anteriores, ahora se enfocó en extender su vida útil hasta 2036.
Antapaccay, otra de las minas de Glencore en Perú, produjo alrededor de 146.000 toneladas de cobre en concentrado en 2024, aunque ha mostrado tendencia a la baja desde sus inicios: en 2023 habían sido 173.000 y tiempo atrás alcanzó unas 220.000 t/año.
La mina Bingham Canyon propiedad de Rio Tinto en Kennecott, estado de Utah (EEUU), produce entre 100.000 y 160.000 toneladas de cobre al año, dependiendo del período, además de otros metales como oro, plata y molibdeno. En 2023 fueron unas 108.000 toneladas, pero su récord de casi 160.000 fue en 2021.
El cobre, en el centro de la ola de fusiones
El renovado interés por el cobre no es casual. La aceleración de la electrificación global, la expansión de las energías renovables, el avance de los vehículos eléctricos y el crecimiento de la inteligencia artificial están empujando la demanda del metal por encima de la capacidad de respuesta de la oferta.
En ese contexto, el precio del cobre marcó un hito histórico al superar los u$s13.000 por tonelada el 5 de enero de 2026, según datos de mercado. Para Benchmark, este escenario explica la actual ola de fusiones: desarrollar nuevos proyectos greenfield es cada vez más complejo, costoso y lento, por lo que las grandes mineras buscan escala a través de adquisiciones.
Sin embargo, el propio Servicio de Cobre de Benchmark advierte que este tipo de operaciones no resuelven el problema estructural del suministro, ya que consolidan producción existente en lugar de generar nueva oferta.
Glencore, con fuerte proyección en Argentina
Incluso sin una fusión, Glencore ya se perfila como uno de los grandes jugadores del cobre a futuro. La compañía proyecta alcanzar una producción cercana a 1,6 millones de toneladas hacia 2035, impulsada en buena medida por su cartera de proyectos en Argentina.
Glencore, por su parte, es uno de los actores históricos del cobre en Argentina. Tiene el proyecto El Pachón en San Juan, uno de los mayores yacimientos de cobre sin desarrollar del país, con recursos estimados en más de 7.000 millones de toneladas, aún en etapa de factibilidad. Y en Catamarca posee el Proyecto MARA (Minera Agua Rica–Alumbrera), un activo clave de cobre, oro y molibdeno, con infraestructura heredada de Alumbrera y potencial para convertirse en uno de los principales proyectos cupríferos del país si logra destrabar permisos y financiamiento.
Para estos dos proyectos Glencore ya presentó un RIGI por u$s13.000 millones. La solicitud aclaró que implica una inversión de capital de u$s4.000 millones para el desarrollo de Agua Rica y de u$s9.500 millones para el desarrollo de El Pachón (Fase 1) durante la próxima década.
Más recientemente, Glencore anunció que después de casi una década de silencio operativo, Alumbrera vuelve a encender motores. La compañía confirmó que reiniciará las operaciones del histórico yacimiento catamarqueño de cobre, oro y molibdeno, con vistas a comenzar la producción durante el primer semestre de 2028.
El proyecto, que dejó de operar en 2018, prevé una producción estimada de 75.000 toneladas de cobre, además de 317.000 onzas de oro y 1.000 toneladas de molibdeno a lo largo de cuatro años.
No obstante, la minera ajustó recientemente su guía de producción para 2026, reduciéndola de 930 mil toneladas a 840 mil toneladas, en parte por dificultades operativas en Collahuasi. Benchmark ya había estimado previamente una producción atribuible de 879 mil toneladas para ese año, por debajo de la proyección original de la empresa.
Un nuevo orden para el cobre global
Si la fusión entre Rio Tinto y Glencore avanza, y se suma al acuerdo Anglo American–Teck anunciado en septiembre de 2025, el sector podría quedar marcado por un dato contundente: dos de las seis mayores mineras de cobre del mundo habrían surgido de fusiones recientes, todas con el mismo objetivo estratégico.
En un mercado donde la demanda crece más rápido que la oferta, el tamaño empieza a ser tan determinante como la calidad de los activos. Y, según el Servicio de Cobre de Benchmark, una eventual fusión entre Rio Tinto y Glencore no solo sería histórica por su escala, sino también por el momento en que se produciría: justo cuando el cobre se consolida como uno de los minerales más críticos de la economía global.
En términos de tamaño, el salto sería directamente histórico. Rio Tinto, el mayor productor mundial de mineral de hierro, cuenta con una capitalización bursátil cercana a los u$s142.000 millones, mientras que Glencore -uno de los principales jugadores globales en metales básicos- está valuado en torno a los u$s65.000 millones, según el cierre de su última rueda. De concretarse la operación, el peso financiero de la empresa resultante reflejaría una concentración sin precedentes en la industria minera global.
Según datos de London Stock Exchange Group (LSEG), la transacción se convertiría en el mayor acuerdo minero de la historia, dando origen a una compañía con un valor de mercado superior al del Grupo BHP, que hoy ronda los u$s161.000 millones. El mercado ya empezó a anticipar ese reordenamiento: las acciones de BHP subieron 0,6% en las primeras operaciones del viernes en Australia, en una señal temprana de que los inversores comienzan a recalibrar el nuevo mapa del sector.
El posible acuerdo también revive una relación históricamente compleja entre ambas compañías. En 2014, Glencore intentó avanzar con una fusión que fue rápidamente rechazada por Rio Tinto, lo que derivó en un enfrentamiento público que dejó al descubierto profundas diferencias culturales y estratégicas entre los dos gigantes mineros.
Las conversaciones se retomaron de manera discreta en la segunda mitad de 2024, pero volvieron a trabarse por desacuerdos en la valuación. Desde entonces, el escenario cambió de forma significativa: el precio del cobre se disparó, Glencore reforzó su posicionamiento como plataforma de crecimiento en ese metal y Rio Tinto continúa dependiendo en gran medida del negocio del hierro.
Por ahora no hay definiciones finales. Las discusiones incluyen aspectos sensibles como la valuación de los activos, la estructura del acuerdo y el liderazgo del eventual grupo fusionado. Bajo las reglas británicas de adquisiciones, Rio Tinto tiene plazo hasta el 5 de febrero para presentar una oferta formal o retirarse.






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