15 de julio 2026 - 19:59

Vaca Muerta enfrenta su próximo gran desafío: por qué la logística puede definir el futuro del shale

Después de resolver la evacuación del petróleo y el gas con una nueva generación de oleoductos, gasoductos y terminales de exportación, la industria comienza a enfrentar un desafío menos visible pero igual de determinante: construir un sistema logístico capaz de abastecer el crecimiento proyectado de la cuenca durante las próximas dos décadas.

Epígrafe:La evolución de Vaca Muerta puede entenderse en cuatro etapas: la confirmación del potencial geológico, la mejora de la productividad, el desarrollo de la infraestructura para evacuar la producción y, ahora, el desafío de construir una logística capaz de sostener el crecimiento proyectado de la cuenca.

Epígrafe:La evolución de Vaca Muerta puede entenderse en cuatro etapas: la confirmación del potencial geológico, la mejora de la productividad, el desarrollo de la infraestructura para evacuar la producción y, ahora, el desafío de construir una logística capaz de sostener el crecimiento proyectado de la cuenca.

Durante buena parte de la última década, la conversación sobre Vaca Muerta tuvo un protagonista excluyente: la infraestructura de evacuación. La discusión era lógica. El shale argentino -que se encamina a superar las 28.000 etapas de fractura acumualadas a fin de año- podía perforar más pozos, incorporar nuevas tecnologías y reducir costos de fractura, pero sin oleoductos, gasoductos y terminales portuarias capaces de absorber ese crecimiento, el potencial geológico seguiría encerrado bajo la roca.

La industria entendió rápidamente esa limitación. En pocos años se consolidó una agenda de inversiones inédita que permitió ampliar el sistema de Oldelval, avanzar con el oleoducto Vaca Muerta Sur (VMOS), expandir el Gasoducto Perito Moreno y proyectar nuevas terminales de exportación sobre el Atlántico. Empresas competidoras encontraron un objetivo común: construir infraestructura compartida para multiplicar las exportaciones de petróleo y gas.

Ese proceso permitió comenzar a despejar el principal cuello de botella que limitaba el crecimiento de la producción.

Sin embargo, mientras la atención permanecía concentrada en cómo sacar los hidrocarburos de la cuenca, otro desafío empezó a crecer silenciosamente. Ya no se trata de mover el petróleo. Se trata de mover absolutamente todo lo demás.

Arena para fractura hidráulica, tubos, cemento, agua, productos químicos, combustibles, repuestos, maquinaria pesada, equipos de perforación, insumos industriales y miles de trabajadores que diariamente sostienen una operación que no deja de expandirse.

La logística, históricamente considerada un componente operativo más dentro del negocio petrolero, comienza a perfilarse como una variable estratégica capaz de definir la competitividad futura de Vaca Muerta. La pregunta dejó de ser únicamente cómo exportar más petróleo.

La nueva pregunta es cómo abastecer una industria que aspira a convertirse en uno de los mayores desarrollos no convencionales del planeta.

Cuando el problema deja de estar debajo de la tierra

La historia de las grandes cuencas no convencionales muestra un patrón repetido. Durante las primeras etapas del desarrollo, el desafío central suele ser geológico: demostrar que el recurso existe y que puede producirse de manera rentable.

Luego aparece una segunda etapa dominada por la infraestructura energética: oleoductos, gasoductos, plantas de tratamiento y terminales de exportación. Cuando esa barrera comienza a resolverse, emerge un nuevo condicionante: la logística.

Estados Unidos transitó ese proceso en la Cuenca Pérmica, Eagle Ford y Bakken. El crecimiento explosivo de la producción obligó a rediseñar completamente las cadenas de abastecimiento mediante corredores ferroviarios, centros logísticos, terminales multimodales y sistemas digitales de coordinación capaces de administrar millones de toneladas de insumos cada año.

Vaca Muerta parece ingresar ahora en esa misma fase. Y las proyecciones ayudan a entender la magnitud del desafío.

El presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, proyectó que Argentina podría alcanzar una producción cercana a 3,5 millones de barriles diarios hacia 2035, multiplicando varias veces los niveles actuales. Si ese escenario se concreta, la demanda logística crecerá a un ritmo incluso superior al de la producción.

Cada nuevo pozo requerirá decenas de miles de toneladas de arena, miles de viajes de camiones, mayor capacidad ferroviaria, nuevos centros de almacenamiento y corredores viales preparados para soportar una intensidad de tránsito que hoy prácticamente no existe en la región.

El costo invisible del crecimiento

Para Roberto Lino Blanco, especialista en logística y CEO de una empresa naviera, el mayor riesgo no está en la capacidad técnica de producir petróleo, sino en la posibilidad de que la logística quede rezagada respecto del crecimiento operativo.

"La pregunta ya no es solo cómo sacar el petróleo de la cuenca. Es cómo abastecer una industria que aspira a convertirse en uno de los desarrollos no convencionales más importantes del mundo", sostiene en un documento al que accedió Energy Report.

Su diagnóstico parte de una premisa sencilla. Mientras cada empresa optimiza individualmente su propia cadena logística, nadie administra el sistema completo. "Cada empresa negocia por su lado la compra de arena, la contratación de camiones, el almacenamiento, la última milla y buena parte de los servicios logísticos. Vista de manera individual, esa estrategia parece razonable. Pero apenas uno mira el sistema completo, aparece otra realidad: miles de camiones recorriendo las mismas rutas, inversiones duplicadas, capacidad ociosa y contratos casi idénticos repetidos una y otra vez", explica.

El resultado, según el especialista, es un caso clásico de optimización local que termina generando una ineficiencia global. Una dinámica que incrementa el costo del barril sin aportar mayor productividad. La advertencia no apunta a cuestionar el desempeño individual de las compañías.

Por el contrario, reconoce que el shale argentino alcanzó estándares internacionales de eficiencia dentro del pozo. Lo que plantea es que la próxima fuente de ganancias competitivas probablemente deje de estar en la perforación para trasladarse hacia la logística.

De la productividad del pozo a la productividad del sistema

La transformación que describe Blanco supone un cambio conceptual profundo. Durante años, los indicadores más observados fueron el tiempo de perforación, la longitud de las ramas horizontales, la cantidad de etapas de fractura o el costo por pozo. Ahora comienza a emerger otra variable.

La capacidad del sistema para abastecer simultáneamente cientos de equipos de perforación y completación distribuidos a lo largo de la cuenca.

"Puede que el mayor riesgo para la competitividad futura de Vaca Muerta no sea la falta de inversión ni de recursos naturales, sino creer que la logística puede seguir creciendo de forma fragmentada mientras la producción crece de manera exponencial", advierte Blanco.

La afirmación adquiere especial relevancia porque la logística representa uno de los componentes más sensibles dentro del costo total de desarrollo de los yacimientos no convencionales.

Reducir tiempos muertos, eliminar movimientos innecesarios, integrar modos de transporte y aprovechar economías de escala puede generar ahorros significativos sin modificar un solo parámetro geológico del reservorio.

Es precisamente esa lógica la que inspira la propuesta denominada VM Log – Vaca Muerta Logística.

Más que una nueva organización, Blanco imagina un ámbito permanente de coordinación entre operadoras, empresas de servicios, proveedores, desarrolladores ferroviarios, operadores portuarios, universidades y gobiernos provinciales y nacional.

El objetivo sería construir un Plan Maestro Logístico para las próximas dos décadas. No para una empresa. Sino para toda la cuenca.

La logística como política de competitividad: el cuello de botella que asoma en Vaca Muerta

Si la primera etapa del desarrollo de Vaca Muerta estuvo marcada por el desafío de demostrar que el shale argentino era técnicamente viable y la segunda por la construcción de la infraestructura para evacuar la producción, la tercera podría estar definida por una pregunta mucho menos visible, aunque igual de estratégica: cómo abastecer una industria que crece a un ritmo sin precedentes sin que la logística se convierta en un freno para su competitividad.

En esa discusión, el transporte deja de ser un servicio auxiliar para transformarse en un activo estratégico.

La experiencia internacional muestra que, cuando una cuenca no convencional alcanza una determinada escala, la eficiencia ya no depende exclusivamente de la productividad de los pozos. Empieza a depender también de la coordinación entre modos de transporte, disponibilidad de infraestructura, digitalización de la cadena de abastecimiento y planificación integrada de inversiones.

Es precisamente ese cambio de paradigma el que propone Lino Blanco mediante la creación de VM Log – Vaca Muerta Logística, un espacio concebido para coordinar a todos los actores de la cadena y dejar de administrar empresas por separado para comenzar a administrar el ecosistema logístico de la cuenca.

"La logística moderna no debería excluir a quienes hoy forman parte del sistema, sino ofrecerles la posibilidad de reconvertirse, especializarse y participar de un modelo más competitivo", sostiene el especialista en el documento al que accedió Energy Report.

La infraestructura que ya muestra signos de agotamiento

Mientras la producción continúa batiendo récords, algunas de las principales rutas utilizadas por la industria empiezan a reflejar el impacto físico del crecimiento.

El caso más evidente es la Ruta Nacional 151, uno de los principales corredores que conectan el Alto Valle con el norte de la Patagonia y abastecen buena parte de la actividad hidrocarburífera.

Un informe elaborado por el Gobierno de Río Negro, al que accedió Energy Report, advierte que la traza "ha superado su capacidad operativa y estructural", convirtiéndose en "el principal cuello de botella logístico para el abastecimiento de Vaca Muerta y la salida de la producción frutícola del Alto Valle". El diagnóstico oficial agrega un elemento de fondo.

"El crecimiento exponencial de la actividad no convencional en la cuenca neuquina ha modificado drásticamente el flujo y el tonelaje del transporte terrestre en la Patagonia Norte. La RN 151, concebida originalmente para el tránsito vecinal y frutícola, soporta hoy una presión de carga para la cual no fue diseñada", sostiene el documento.

La provincia incluso atribuye el deterioro de la infraestructura a la falta de inversiones estructurales en la red nacional. "Ante la parálisis de las obras de infraestructura federales y el fracaso de los bacheos transitorios, la Provincia ha iniciado el proceso formal para asumir la administración de la traza como única salida estratégica para garantizar la seguridad vial y la sustentabilidad macroeconómica de la región", señala el documento.

La decisión representa un hecho poco frecuente: una provincia que busca asumir la gestión de una ruta nacional por considerarla crítica para la competitividad regional.

Cuando la logística deja de ser un problema económico y pasa a ser un problema humano

La discusión ya no involucra únicamente costos. También involucra seguridad. Datos oficiales de Vialidad Nacional recopilados por el Gobierno de Río Negro muestran que en la Ruta Nacional 151 se registraron 10 siniestros en 2023, 14 en 2024, 13 durante 2025 y cinco accidentes hasta el 10 de junio de 2026, tres de ellos con víctimas fatales.

Según el informe provincial, uno de los factores recurrentes identificados en los peritajes es el deterioro extremo de la calzada.

Los documentos describen una ruta con deformaciones profundas, banquinas deterioradas y sectores donde las maniobras evasivas frente a los baches terminan provocando invasiones del carril contrario.

Más allá del impacto humano, la provincia sostiene que el deterioro también afecta la competitividad económica del Alto Valle, incrementando costos logísticos tanto para la industria petrolera como para la producción frutícola destinada a exportación.

Una economía que todavía depende casi exclusivamente del camión

El crecimiento de Vaca Muerta estuvo acompañado por una expansión extraordinaria del transporte automotor. Cada operación de fractura hidráulica moviliza arena silícea, agua, tuberías, cemento, productos químicos, combustibles y equipos especializados que llegan mayoritariamente por carretera.

Esa modalidad permitió acompañar la rápida expansión de la actividad, pero también generó una creciente dependencia de una única forma de transporte.

Para Blanco, el problema no reside en el camión, sino en la ausencia de integración con otros modos logísticos. Su propuesta plantea pensar la infraestructura como un sistema multimodal capaz de combinar carretera, ferrocarril, transporte fluvial, puertos, centros logísticos y almacenamiento inteligente.

"Un plan que piense a Vaca Muerta como un único sistema integrado: carretera, ferrocarril, transporte fluvial, puertos, centros logísticos, almacenamiento, última milla, combustibles alternativos como el GNL para el transporte pesado, inteligencia artificial y centros de comando logístico en tiempo real", propone. La referencia no resulta casual.

En Estados Unidos, las grandes cuencas no convencionales evolucionaron hacia modelos donde el ferrocarril absorbe grandes volúmenes de arena y otros insumos, mientras los centros logísticos regionales distribuyen la carga mediante transporte de menor distancia, reduciendo costos y descongestionando corredores estratégicos. Argentina todavía se encuentra lejos de ese nivel de integración.

El debate que todavía no comenzó

Más allá de la infraestructura física, Blanco identifica un problema institucional. En su visión, la logística de Vaca Muerta carece de un espacio de gobernanza que permita coordinar decisiones de largo plazo. "Cualquier organización eficiente tiene algo en común: hay conducción, hay planificación, hay alguien responsable de optimizar el sistema completo y no solo una de sus partes. En la logística de Vaca Muerta pasa exactamente lo contrario", afirma.

El especialista sostiene que cada operadora optimiza su propia cadena de abastecimiento, cada proveedor maximiza su negocio y cada transportista busca mejorar su utilización, pero nadie tiene el mandato de optimizar el funcionamiento del sistema en su conjunto. La consecuencia es una creciente fragmentación de inversiones, contratos e infraestructura.

Según su análisis, esa lógica puede resultar funcional cuando la producción todavía es relativamente acotada. Pero pierde eficiencia cuando la escala comienza a multiplicarse. La discusión, sostiene, ya no pasa únicamente por construir más infraestructura. Pasa por definir cómo se gobierna esa infraestructura. Y esa podría ser una de las decisiones más importantes para el futuro de Vaca Muerta.

VM Log: la propuesta para evitar que Vaca Muerta encuentre su propio techo

Durante los últimos diez años, Vaca Muerta construyó una ventaja competitiva reconocida incluso por las principales consultoras internacionales. La industria redujo los tiempos de perforación, incrementó la productividad de los equipos, extendió la longitud de las ramas horizontales, mejoró la eficiencia de las fracturas hidráulicas y logró disminuir significativamente el costo por barril.

Esa curva de aprendizaje permitió que el shale argentino dejara de ser una promesa para convertirse en uno de los desarrollos no convencionales con mayor potencial fuera de Norteamérica.

Sin embargo, cuando una cuenca entra en una etapa de expansión acelerada, la competitividad comienza a depender de variables diferentes. Ya no alcanza con perforar mejor. También es necesario mover millones de toneladas de insumos con mayor eficiencia. Ese es el cambio de paradigma que plantea Roberto Lino Blanco.

"La próxima revolución probablemente ya no ocurra dentro del pozo. Va a ocurrir afuera: en las rutas, en los ferrocarriles, en los puertos, en los centros logísticos, en la inteligencia artificial aplicada al abastecimiento, en la planificación integrada de toda la cadena de valor", sostiene en el documento al que accedió Energy Report.

VM Log: pensar la cuenca como un único sistema

La iniciativa propone la creación de VM Log – Vaca Muerta Logística, un espacio permanente de articulación entre operadoras, empresas de servicios especiales, proveedores, transportistas, desarrolladores ferroviarios, operadores portuarios, universidades, centros tecnológicos y gobiernos provinciales y nacional.

No se trata -aclara Blanco- de sumar una nueva estructura burocrática, sino de construir un ámbito de planificación estratégica capaz de ordenar las inversiones logísticas de la próxima generación. La primera tarea sería elaborar un diagnóstico compartido de toda la cadena de abastecimiento.

El objetivo consistiría en identificar dónde se concentran los mayores costos, detectar activos subutilizados, localizar los principales cuellos de botella y diseñar un Plan Maestro Logístico con un horizonte de al menos veinte años. La lógica es similar a la que permitió construir la infraestructura de evacuación de hidrocarburos.

En lugar de múltiples proyectos aislados, pensar un sistema integrado donde carretera, ferrocarril, puertos, almacenamiento, centros de distribución, combustibles alternativos, digitalización e inteligencia artificial funcionen como partes de una misma arquitectura logística.

La propuesta apunta además a construir un activo difícil de cuantificar, pero decisivo para cualquier ecosistema productivo: la confianza entre actores que, aunque compiten comercialmente, comparten desafíos estructurales. "Las grandes transformaciones no ocurren cuando hay ganadores y perdedores permanentes, sino cuando todos los actores encuentran una oportunidad para evolucionar", sostiene Blanco.

El desafío de la arena: una proyección que podría quedarse corta

Uno de los aspectos más novedosos del documento es el cuestionamiento a las proyecciones que actualmente utiliza la industria para dimensionar la futura demanda de insumos. Hoy suele mencionarse que Vaca Muerta podría requerir alrededor de 12 millones de toneladas anuales de arena para fractura hidráulica. Esa cifra ya representa un desafío extraordinario desde el punto de vista logístico. Implica ampliar significativamente la capacidad de transporte, almacenamiento, distribución y coordinación operativa. Sin embargo, Blanco advierte que ese escenario podría resultar conservador.

Si la meta de Marín de los 3,5 millones de barriles diarios de petróleo hacia 2035 se materializa, la actividad de perforación y completación también crecerá exponencialmente. El especialista estima que un desarrollo de semejante magnitud podría requerir entre 60.000 y 65.000 etapas de fractura por año.

Considerando consumos promedio cercanos a las 256 toneladas de arena por etapa, la demanda anual superaría ampliamente las proyecciones que actualmente sirven de referencia para planificar la infraestructura. Más que una estimación definitiva, el planteo funciona como una advertencia metodológica. "Existe un riesgo real de diseñar la infraestructura del futuro pensando en escenarios demasiado conservadores", afirma.

La historia de la infraestructura energética muestra que los proyectos suelen demandar muchos más años de ejecución que los ciclos de crecimiento de la demanda.

Cuando los puertos llegan tarde, la producción ya perdió competitividad.

Cuando los ferrocarriles se construyen después del crecimiento, los costos logísticos ya aumentaron.

Cuando las rutas colapsan, el problema ya dejó de ser preventivo para convertirse en operativo.

Una cuarta etapa para Vaca Muerta

La historia reciente de Vaca Muerta puede dividirse en distintas etapas.

La primera consistió en demostrar que el recurso existía.

La segunda, en comprobar que podía producirse con niveles crecientes de eficiencia.

La tercera estuvo marcada por la construcción de la infraestructura necesaria para evacuar la producción hacia los mercados internos y externos.

Según el análisis de Blanco, la cuarta etapa apenas comienza. Y ya no estará definida por la geología. Estará definida por la logística.

"La verdadera competitividad va a depender de la capacidad de mover millones de toneladas de insumos con menos costo, menos tiempo y más eficiencia. Y eso no va a depender de una sola empresa, sino de la capacidad colectiva de toda la industria para construir una nueva forma de gobernar su logística", resume.

La reflexión encuentra respaldo en las señales que ya muestran algunas de las principales rutas de la Patagonia. El deterioro de la Ruta Nacional 151, la creciente presión sobre la infraestructura vial y el debate abierto por Río Negro para asumir su administración reflejan que la expansión de Vaca Muerta ya comenzó a exigir capacidades para las cuales parte de la infraestructura existente no fue concebida.

Quizás por eso el próximo gran récord de la cuenca no esté asociado únicamente a nuevos niveles de producción o exportación.

Podría estar vinculado a algo mucho menos visible, aunque igualmente determinante: la capacidad de construir una logística integrada, inteligente y planificada que acompañe el crecimiento sin transformarse en su principal límite.

Porque, como concluye el documento de Roberto Lino Blanco, "los grandes proyectos casi nunca fracasan por falta de recursos. Fracasan cuando la visión de futuro se queda corta frente al potencial real que tienen para transformar una realidad".

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