5 de noviembre 2004 - 00:00

A Bregovic no le sienta la ópera

«Karmen con final feliz». Opera gitana de Goran Bregovic. Int: G.Bregovic y la Orquesta para Bodas y Funerales. (Teatro Gran Rex, 3 y 4 de noviembre.)

No habrán sido pocos los que se decepcionaron con esta nueva propuesta de Goran Bregovic, el músico bosnio que se hizo popular en nuestro país a partir de sus musicalizaciones de films de Emir Kusturica. En sus anteriores visitas, Bregovic había presentado algunas músicas de películas y otras en esa misma línea; música incidental sin escenas que de todos modos enloquecieron al público argentino (recordemos, si no, sus presentaciones en el Luna Park, y su apoteótico debut en la Sala Martín Coronado del San Martín).

Esta vez vino para mostrar algo que él llama ópera, que tituló «Karmen con final feliz», y dejó para su participación en el «Personal Fest», durante el fin de semana, un concierto más cercano a los presentados en otros casos aquí. Esta « Karmen» no es una ópera porque son muy pocos los momentos dramáticos cantados; son soporíferamente extensas las presentaciones habladas de los personajes en el comienzo ( incluyendo al mismo Bregovic como «Brega»); no hay régie; la escenografía y el vestuario están más cercanos a los de un concierto tradicional ( Bregovic, por caso, utilizó el mismo traje claro y los mismos zapatos atigrados de siempre), y no hay un desarrollo musical significativo. Tampoco hay tensión dramática.

Lo presentado se parece a una opereta, o a una obra de teatro con piezas incidentales en su estilo folklórico conocido, aunque, otra vez, faltó el sentido dramático que requieren esos géneros. Y, aunque buenos músicos, los integrantes de la Orquesta para bodas y funerales carecen de talento como actores, y sus disertaciones -en italiano, rumano con subtítulos o en castellano aprendido por fonética-tiene mucho de amateur.

Superados los primeros 45 minutos hablados, el show mejoró para los seguidores del músico bosnio porque empezaron a sonar las voces y la fanfarria de bronces y percusión. Y aunque nadie logró emocionarse con el desarrollo dramático, al menos la música -enérgica, danzable, trabajada sobre melodías tradicionales o sobre motivos de la «Carmen» de Bizet- permitió al público encontrarse con el Bregovic que habían ido a buscar.

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