12 de septiembre 2006 - 00:00
Actriz equivocada para un Puig ya irregular
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Aun cuando
luce más segura
que en el
estreno,
Dominique
Sanda no puede
disimular un
fuerte acento
francés que la
puesta no
justifica; Cristina
Banegas, en
tanto, sale a
flote con
sobrado oficio.
El hecho de que la producción de « Misterio...» haya convocado a una de las actrices más seductoras que tuvo el cine europeo, puede llegar a interpretarse como una suerte de tributo a Puig. Sólo que aquí, lamentablemente, no se evaluó a tiempo el alto riesgo que corría la puesta al hacer caso omiso de las dificultades idiomáticas.
El director Luciano Suardi intentó disimular la fuerte entonación francesa de Sanda haciéndola pasar por una extranjera. Pero este rasgo no pudo ser explotado a fondo, en primer lugar porque la enfermera se desdobla en otros dos personajes (la hija, y la hermana de la paciente), que aquí obviamente suenan inverosímiles aún cuando formen parte de una alucinación.
De todas maneras, los flashbacks que explican el pasado de estas dos mujeres resultan muy poco interesantes ya en el texto original. Es como si el autor hubiese agotado allí su gusto por el melodrama, repitiendo antiguas fórmulas con ramplona literalidad.
Suardi prefirió suavizar esta referencia al género, optando por una atmósfera espectral y una ambientación más refinada (casi una instalación plástica, a cargo del escenógrafo Jorge Ferrari). Finalmente, a las actrices se las ve algo más cómodas en ese delirio a dúo que propicia la enfermera cuando comienza a narrar el misterio del ramo de rosas que da título a la obra. Dicha línea argumental -casi un remedo de las películas que relataba Molina en «El beso...»- aparece demasiado tarde y de manera forzada, pero ambas comparten esa evocación con sensibilidad.




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