5 de junio 2006 - 00:00

"Actué hasta en el Colón, pero me siguen llamado lechuguita"

ZulmaFaiad: «Paraun escritorde teatro esmás fácilcrearpersonajeshombres,son másobvios. Lamujer encambio esmucho máscompleja».
Zulma Faiad: «Para un escritor de teatro es más fácil crear personajes hombres, son más obvios. La mujer en cambio es mucho más compleja».
En la comedia «Rosa Fontana Peinados», Zulma Faiad interpreta a una actriz en decadencia -con serios problemas de memoria- que, antes de su última función, acude a buscar apoyo en una coqueta peluquería de barrio. La obra se está representando en el Broadway, con dirección de Lía Jelín, y está basada en varios cuentos de Roberto Fontanarrosa, adaptados por Pablo Brichta y Jorge Schussheim.

«Mi papel es bastante más complejo que los demás personajes de la obra, que son decididamente cómicos, porque se trata de una actriz y, como además está bastante 'pirucha', mi actuación bordea el grotesco», dice Faiad, quien admite que este papel le permite burlarse de su tradicional imagen de diva, siempre ligada a la famosa propaganda de aceite que protagonizó en los años '60: «Me tienen harta con 'La lechuguita'. ¡Como si después de esa propaganda yo no hubiera hecho más nada!».

Junto con sus compañeras de elenco integra un «aquelarre» en el que abundan las peleas y las ensoñaciones románticas. Mirta Wons es Rosa, dueña de la peluquería, adicta a las telenovelas y fanática de Sandro. María José Gabin (Samantha) es una mordaz empleada; Patricia Etchegoyen (Maritza) encarna a una «chupacirios» muy reprimida, y Marta Paccamici (Adriana) a una nueva rica que se ufana de haber tenido una aventura con un hombre mucho más joven.

«Esta comedia es un fresco -continúa Faiad-. «No son sketches al estilo de 'Aryentains, ni una generalización sobre las mujeres argentinas. Los hombres son mucho más obvios y es fácil pescarle el estereotipo; en cambio, las mujeres somos más zorras para exponer nuestros sentimientos porque tenemos mucho orgullo y dignidad. Por ejemplo, con el tema de la infidelidad. ¿Alguna vez encontró una mujer que admitiera que es cornuda?».

Periodista: Se la ve muy cómoda en el papel de Olivia de Hurlinghan. Un nombre que remite a Hollywood.

Zulma Faiad: A Olivia de Havilland, claro. Pero este personaje no tiene nada que ver conmigo.Yo tengo los pies en tierra y la cabeza mirando al cielo. Soy una romántica de aquéllas, no una loca.

P.: ¿Y qué ocurrió con sus deseos de actividad política?

Z.F.: No más intentos. Los políticos y yo somos muy distintos. Soy una mujer que apunta a los chicos de la calle, no a la gente que vota. Es otro target. A mí me preocupa el niño que va a ser hombre mañana, y sola no puedo con eso porque no tengo poder. El poder es el dinero.

P.: ¿Qué habría pasado si ganaba una banca en el Congreso como pretendía?

Z.F.: Habría sufrido mucho. Porque con la sensibilidad que tengo, a mí la injusticia me enferma. Ahora que soy jurado en el programa de Tinelli «Bailando por un sueño» salgo amargada cada vez que veo llorar a una persona que queda fuera de concurso. ¡Se imagina lo que hubiese sido mi vida dentro de la política!

P.: ¿Cómo soporta ser jurado?

Z.F.: Tengo credibilidad, justicia y mucho oficio. Estoy preparada para estar en ese jurado y en otros más importantes también. Acá hay mucha amnesia. Nadie recuerda que egresé del Teatro Colón como profesora de danzas, que estudié teatro con Heddy Crilla e hice tantas cosas en cine, teatro y televisión. Oficio no me falta.

La actriz no exagera. Más allá del espaldarazo que le brindó aquella remota propaganda que cada tanto es evocada por algún programa de televisión, su carrera fue avalada por una sólida formación que le permitió frecuentar simultáneamente los más diversos géneros. Trabajó en varios unitarios y telenovelas de Alberto Migré; Alejandro Romay la contrató para su ciclo «Alta Comedia» y luego la eligió para reinaugurar el Nuevo teatro El Nacional junto a Nélida Lobato.

También supo explotar sus dotes de humorista en «Matrimonios y algo más», de Hugo Moser, por no hablar de su larga permanencia en México (viajó en 1968) donde filmó más de 30 películas, además de protagonizar una zarzuela, un programa humorístico-musical, diversas comedias y hasta un show con mariachis en una Plaza de Toros. En los últimos años se abocó casi exclusivamente a la radio.

Antes de su regreso a la televisión (se la vio en «Resistiré» y «Floricienta») debió superar una molesta enfermedad («la llaman ataque de pánico», aclara) que la mantuvo recluida en su casa. Ahora quiere volver a la radio y protagonizar algún capítulo del unitario «Mujeres asesinas» («Es ideal para mí. Lo mandé a mi manager pero hasta ahora no se mostraron interesados. Igual estoy decidida a meter la pata en ese plato», dice).

P.: ¿Y qué pasó con la revista?

Z.F.: Me despedí de ella en Mar del Plata con la que hice junto a Jorge Corona. Ahora tengo pendiente mi despedida de Buenos Aires, quizás el año que viene. Adoro la revista. No hay espectáculo más mágico, más luminoso y con más glamour para una mujer que hacer revista. Mi gran amigo Leo Vanés siempre decía: «una vedette puede ser una gran actriz dramática, nunca una gran actriz dramática podrá ser una vedette». Y es verdad las grandes vedettes siempre han sido mujeres con mucho estudio y preparación.

P.: Y sin embargo la siguen llamando «la lechuguita».

Z.F.: No me molesta. Gracias a esa propaganda me ahorré diez años de carrera. Me dio una fama inmediata. Todavía me sorprendo cuando me viene a reportear gente joven y menciona esa publicidad. Pero, bueno, ya crecí. Ahora soy endivia.

Entrevista de Patricia Espinosa

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