De joven, alto como era, rubio, flaquito, Luis Brandoni encarnaba muy bien al muchacho porteño de entonces, que la iba de langa, de ganador; ese tipo pintón, arrebatado, quejoso, que a veces, escarbando un poco, revelaba un fondo sensiblero y bueno. Ya en su debut, apenas veinteañero, mostraba ese perfil, enriquecido por un manejo de tonos bien variados que solo él tenía. Era nativo del Docke, del Dock Sud, pero retrataba muy bien al porteño de entonces, igual que Lito Cruz, nativo de Berisso.
Adiós a Luis Brandoni: la partida de un espíritu luchador con el talento y los valores de los grandes
Un repaso por la extensa trayectoria del reconocido actor fallecido hoy a sus 86 años. Cine, teatro, televisión y un férreo compromiso con la actuación.
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Un joven Brandoni en "La Patagonia Rebelde".
Trabajó con Alfredo Alcón, con Mirtha Legrand, Sergio Renán y Norman Briski, que también era jovencito. Hizo clásicos cuando en la televisión se hacía teatro clásico; también algo de terror, picarescas, policiales. Rápidamente afianzado, fue el dibujante joven que necesita serrucharle el puesto al colega viejo en Tute Cabrero; el fana de Estudiantes en Somos los mejores; el prepotente que termina confesándose débil y solitario en esa pequeña joyita llamada Gente en Buenos Aires; el viajante que se encuentra perdido cuando le roban el auto en Juan que reía y, en particular, el hijo que teme parecerse a su padre y lo termina consolando en otra joya, La tregua, y el gremialista honrado y soñador de La Patagonia rebelde. Por ese papel, y por su cargo de secretario general de la Asociación Argentina de Actores que había asumido ese mismo año, 1974, la Triple A lo amenazó de muerte junto a Héctor Alterio y tuvo que escapar a México.
Alterio tuvo que iniciar una nueva vida en España. Brandoni volvió, retomó su cargo de secretario general en Actores y soportó las listas negras durante largos años. No podía hacer cine ni televisión, tampoco teatro en salas oficiales, sino solo teatro en salas privadas, pero sin entrevistas ni publicidad. Se reunió entonces con Federico Luppi, que también estaba castigado, y llenaron las salas en giras que los diarios apenas anunciaban con dos líneas en sus carteleras. Y siguió al frente de Actores todo ese tiempo, hasta 1983.
Al fin, con el regreso de la democracia, volvió a la televisión con Buscavidas junto a Patricio Contreras, y redobló su popularidad haciendo el médico que retoma la lucha en Darse cuenta y el hijo sospechoso y sobrador de Esperando la carroza. Lamentaba que lo recordaran por aquello de “tres empanadas”, y tenía razón. En su carrera él había tenido frases mucho más memorables, pero hoy están olvidadas.
Seré cualquier cosa pero te quiero, Made in Argentina —que hizo en cine y teatro (originalmente como Made in Lanús)—, la comedia bufa Cien veces no debo, Una sombra ya pronto serás, la comedia televisiva Mi cuñado... la lista de trabajos es enorme, y lo hubiera sido más de no tener que alternar años con su labor como diputado nacional por el Partido Radical, del que fue seguidor y representante desde siempre.
Ya entrando en otra etapa, fue el marido viejo de Felicitas, el cura canchero en El hombre de tu vida, el luchador finalmente resignado de Un gallo para Esculapio, el pintor bohemio de Mi obra maestra, el artista enamorado y torpe de El cuento de las comadrejas, y están frescos 4x4, La odisea de los giles, la miniserie Nada —donde compone un personaje precioso y absolutamente querible, porteño de clase alta venido a menos pero con clase y buen corazón— y, al fin, ese judío polaco de Villa Crespo, exacto, de Parque Lezama, que hizo largos años en teatro con Eduardo Blanco hasta llevarlo finalmente al cine. Y tantos otros trabajos: fueron 64 años en la escena argentina, siempre brillando aun en las obras más opacas.
Fue amado a través de sus personajes, respetado por su labor sindical en tiempos difíciles y luego por su labor política, mientras desde la vereda de enfrente algunos lo difamaban solo por ignorancia y mezquindad. Cosas que pasan. Ahora, aunque fue diputado nacional, no lo velan en el Congreso de la Nación. Pero está muy bien que lo velen en la Legislatura porque, ya lo dijimos, fue un porteño de los mejores, con todas las letras.
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