1 de agosto 2001 - 00:00

Ajedrez y romance, pasiones difíciles

Emily Watson y John Turturro.
Emily Watson y John Turturro.
La fantasía de Vladimir Nabokov inspiró muchas veces al cine. Desde luego, la película más resonante sobre una de sus novelas, en virtud de los escándalos y prohibiciones que produjo, fue «Lolita» de Stanley Kubrick (1962), una versión que a la luz de la que en 1997 dirigió Adrian Lyne no puede ser vista más que como una inocentada.

Pero ésa no fue la única vez que el gran escritor ruso, que escribía en un admirable inglés, fue llevado al cine. El inglés Tony Richardson, en los años del free cinema, convirtió a Anna Karina en «Una mujer infame» («A Laughter In The Dark», 1969); David Niven y Gina Lollobrigida interpretaron, tres años después, «El rey, la reina y el caballero» de Jerzy Skolimowski, y hasta Rainer W. Fassbinder se apropió de una de las novelas de Nabokov, «Desesperación», para su película con Dirk Bogarde.

Ahora es el turno de la holandesa Marleen Gorris, ganadora del Oscar en 1995 por «Memorias de Antonia», quien bucea en el universo nabokoviano en su nueva película, «Alexander y Natalia», que se estrena mañana en el país. El film, que ayer preestrenó Ambito Financiero en una función exclusiva para sus lectores, está inspirado en el cuento corto «The Luzhin Defence» («La defensa Luzhin»), que desde su mismo título alude a otra de las pasiones del autor, el ajedrez.

«Me intrigó», dijo Gorris, «ese hombre extraño que no parecía demasiado capaz de hacerle frente a las dos pasiones de su vida, el ajedrez y el amor». No se refería, claro, a Nabokov, sino al extraño personaje que protagoniza la historia, el maestro de ajedrez Alexander Luzhin ( John Turturro), cuando se descubre a sí mismo cortejando, casi infantilmente, a la bella heredera rusa Natalia ( Emily Watson). Razón y pasión nunca se han llevado demasiado bien.

Ambientada en un hermoso hotel italiano en el período de entreguerras, «Alexander y Natalia» es el relato de ese encuentro atípico. El maestro Luzhin ha llegado al hotel sólo para prepararse para un torneo. Allí está Natalia, con su madre, a quien por esos días le está haciendo la corte un joven conde mucho más ducho en las lides amorosas (Christopher Thompson).

«La película muestra a Alexander también cuando es un chico», prosigue Gorris. «Al verlo de niño, empezamos a entender por qué llegó a convertirse en lo que es ahora. Pero con Natalia no ocurre lo mismo, sólo la vemos de adulta, y por eso nuestra imagen siempre es la de una persona mucho más sólida y segura. Los padres de Luzhin, tan preocupados en su supervivencia, fueron negligentes con su educación. Después su madre muere y su padre empieza una nueva vida por las suyas. El ajedrez se convierte en la única vía de escapatoria para el chico.»

Trayectoria

La directora, de 53 años, comenzó su carrera en Holanda cuando escribió y dirigió «A Question of Silence» (1982). Luego vinieron « Broken Mirrors» (1984), «The Last Island» (1991) y final-mente la película consagratoria para su carrera, «Memorias de Antonia», que le valió el Oscar de la Academia. Antes de «Alexander y Natalia», Gorris dirigió su primera película en inglés, «La señora Dalloway» (1997), basada en la novela de Virginia Woolf.

«No soy jugadora de ajedrez», ríe Gorris cada vez que se le pregunta sobre el tema. La estrategia del juego no sólo es un telón de fondo de la película sino que, de alguna forma, tiene su importancia en la historia. «Cuando estábamos en la etapa inicial del proyecto, me dije que tendría que aprender algo de ajedrez. Sin embargo, el nivel en el que se juega en esta película es tan alto que jamás podría aprenderlo.

De manera que fui asesorada por un maestro inglés. Parecía un estereotipo del jugador profesional: alto, desgarbado y torpe en su apariencia, con anteojos muy gruesos y una enorme inteligencia. Un hombre adorable, pero imposible de seguir. Si yo le hacía una pregunta sobre una apertura, digamos, no se limitaba a respondérmela puntualmente sino que me hacía toda la historia: quién la había hecho por primera vez, en qué año, qué variantes tenía, etcétera. Así son los ajedrecistas.»

Acerca de su trabajo junto a
John Turturro, la directora recordó: «Es un actor muy abierto pero muy concentrado en lo que hace. Cuando tomamos contacto él estaba filmando '¿Dónde estás, hermano?' en Los Angeles con los Coen. Viajé hacia allí para empezar a charlar con él.

A los pocos días,
John empezó a asistir a ver torneos de ajedrez. Hay algo muy interesante en su caracterización: el ajedrez es un juego esencialmente masculino, pero la doble faz de su personaje divide bien los momentos de su actuación. Cuando está jugando es tremendamente masculino, le echa humo de cigarrillo en la cara a sus rivales. Nuestro asesor siempre nos decía: 'El ajedrez es la guerra'. Pero, cuando no está compitiendo, dejó aflorar estupendamente todas la parte infantil que requería el papel».

Ambientada, como se dijo, en la Italia del período de entreguerras, la elección de escenario y época fue decisión de la directora, ya que el cuento tiene un fondo completamente distinto. «El guión tampoco preveía ese escenario, pero yo quise darle al ambiente un tono ominoso. Entonces, me pareció que ayudaría mucho contrastar ese ambiente paradisíaco del hotel italiano con el aire cargado del fascismo naciente. Quise dar la idea de que algo no andaba bien en el mundo, pero sólo sugerirlo. Y los uniformes son lo mejor para eso.»

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