1 de agosto 2001 - 00:00
Ajedrez y romance, pasiones difíciles
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La intimidad como territorio de descubrimiento
Emily Watson y John Turturro.
Trayectoria
La directora, de 53 años, comenzó su carrera en Holanda cuando escribió y dirigió «A Question of Silence» (1982). Luego vinieron « Broken Mirrors» (1984), «The Last Island» (1991) y final-mente la película consagratoria para su carrera, «Memorias de Antonia», que le valió el Oscar de la Academia. Antes de «Alexander y Natalia», Gorris dirigió su primera película en inglés, «La señora Dalloway» (1997), basada en la novela de Virginia Woolf.
«No soy jugadora de ajedrez», ríe Gorris cada vez que se le pregunta sobre el tema. La estrategia del juego no sólo es un telón de fondo de la película sino que, de alguna forma, tiene su importancia en la historia. «Cuando estábamos en la etapa inicial del proyecto, me dije que tendría que aprender algo de ajedrez. Sin embargo, el nivel en el que se juega en esta película es tan alto que jamás podría aprenderlo.
De manera que fui asesorada por un maestro inglés. Parecía un estereotipo del jugador profesional: alto, desgarbado y torpe en su apariencia, con anteojos muy gruesos y una enorme inteligencia. Un hombre adorable, pero imposible de seguir. Si yo le hacía una pregunta sobre una apertura, digamos, no se limitaba a respondérmela puntualmente sino que me hacía toda la historia: quién la había hecho por primera vez, en qué año, qué variantes tenía, etcétera. Así son los ajedrecistas.»
Acerca de su trabajo junto a John Turturro, la directora recordó: «Es un actor muy abierto pero muy concentrado en lo que hace. Cuando tomamos contacto él estaba filmando '¿Dónde estás, hermano?' en Los Angeles con los Coen. Viajé hacia allí para empezar a charlar con él.
A los pocos días, John empezó a asistir a ver torneos de ajedrez. Hay algo muy interesante en su caracterización: el ajedrez es un juego esencialmente masculino, pero la doble faz de su personaje divide bien los momentos de su actuación. Cuando está jugando es tremendamente masculino, le echa humo de cigarrillo en la cara a sus rivales. Nuestro asesor siempre nos decía: 'El ajedrez es la guerra'. Pero, cuando no está compitiendo, dejó aflorar estupendamente todas la parte infantil que requería el papel».
Ambientada, como se dijo, en la Italia del período de entreguerras, la elección de escenario y época fue decisión de la directora, ya que el cuento tiene un fondo completamente distinto. «El guión tampoco preveía ese escenario, pero yo quise darle al ambiente un tono ominoso. Entonces, me pareció que ayudaría mucho contrastar ese ambiente paradisíaco del hotel italiano con el aire cargado del fascismo naciente. Quise dar la idea de que algo no andaba bien en el mundo, pero sólo sugerirlo. Y los uniformes son lo mejor para eso.»




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