Los hermanos Jean Pierre y Luc Dardenne, con Emir Kusturica
(presidente del jurado) en el medio, ganadores de la
Palma de Oro en Cannes por su film «El niño».
Cannes (EFE).- Si bien la crítica internacional coincidió con la mayoría de las decisiones del jurado de esta 58° edición del Festival Internacional de Cine de Cannes, juzgó que el nivel general de la selección oficial fue un poco decepcionante. De los veintiún films en competición, solo tres concitaron la aceptación de la mayoría de los críticos: la belga «L'enfant», de Jean-Pierre y Luc Dardenne, que ganó la Palma de Oro; la estadounidense «Broken Flowers», de Jim Jarmusch, que obtuvo el Gran Premio, y la francesa «Caché», del austríaco Michael Haneke, que se llevó el premio al Mejor Director.
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La única película en español, «Batalla en el cielo», del mexicano Carlos Reygadas, fue juzgada muy efectista y provocativa. En cuanto a las dos distinciones para «Los tres entierros de Melquíades Estrada», mejor intérprete masculino (para su también director, el estadounidense Tommy Lee Jones) y mejor guión (para el mexicano Guillermo Arriaga), fueron juzgadas oportunas, sobre todo la otorgada a este último.
Gran parte de los periodistas consideraron que Bill Murray, protagonista del film de Jarmusch, se hubiera merecido más que Tommy Lee Jones el premio a mejor actor.
En los otros dos premios, mejor intérprete femenina para Anna Laslo, actriz de «Free Zone», del israelí Amos Gitai, y Premio del Jurado para la china «Shanghai Dreams», de Wang Xiaoshuai, las opiniones estuvieron divididas. Para este último premio, los críticos hubieran preferido la taiwanesa «Three Times», del director Hou Hsiao Hsien, un habitual del certamen de la Costa Azul, al que ha sido invitado ya seis veces. En este film, el realizador se arriesga más en la concepción formal y dramática de la obra y conforma un film más original que el chino, de factura más convencional.
Una de las grandes perdedorasde esta 58° edición del Festival de Cannes, fue la estadounidense «Sin City», de Robert Rodríguez y Frank Miller, que venía impulsada por una potente campaña de publicidad. La mayoría de la críticad opinó que se trataba de una especie de experimento de laboratorio: un film frío y superficial, confeccionado con la famosa fórmula de «violencia y sexo». Otro realizador del que se esperaba mucho, especialmente porque hacia tiempo que no se presentaba en Cannes, fue el alemán Wim Wenders, que con «Don't Come Knocking» decepcionó hasta a sus más fieles admiradores, que llegaron a decir que se imitaba a sí mismo. Finalmente, el último que frustró a sus incondicionales fue el danés Lars von Trier, que regresó a Cannes con «Manderlay», continuación de la exitosa «Dogville» (2003).
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