El representante austríaco de la European Film Promotion se deshizo ayer en elogios hacia el Festival municipal de cine, al punto de considerarlo «ajeno a las grandes empresas». Claro, habrá que ver qué tan pequeñas empresas se consideran el Estado nacional, la Jefatura de Gobierno de Buenos Aires (ambos en campaña tras Kirchner), los Hoyts del shopping Abasto y el monopolio Clarín. Pero la European, que agrupa agencias de promoción de películas chicas de 21 países, encuentra una plataforma en Buenos Aires, y quiere cuidarla, ahora que parece diluirse definitivamente la muestra «Europa, un cine de Punta», en Punta del Este donde había desembarcado años atrás, también con bombos y platillos.
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También hubo humor en pantalla: la expresión más divertida que suena en estos días sigue siendo la del padre ateo de la comedia italiana «La hora de la religión», que ve a su hijo persignarse en la mesa. Como se supone que es un tipo amplio, lo acepta. Pero al recordar que el chico es zurdo, salta de inmediato. Puede persignarse, sí, pero «¡jamás con la izquierda!».
Pobre tipo, encima la familia está tramitando la santificación de su madre (y la esposa, que también es atea, considera «bueno, a lo mejor en el futuro al nene le conviene tener una abuela santa»). La película es de lo mejor que hizo el conocido Marco Bellocchio, pero acá todavía no se le animó ningún distribuidor. Según cálculos, aún yéndole bien no cubriría los costos.
Las que sí tienen distribuidor local son «La hora 25», «El hombre sin pasado», «Diez», y las argentinas «Potestad», «Sudeste», y «Nadar solo», pero esto no siempre garantiza la exhibición. A ellas se agrega «Yo no sé qué me han hecho tus ojos», grato documental de Sergio Wolf & Lorena Muñoz sobre Sergio Wolf & Ada Falcón, es decir, el relato de una búsqueda en primera persona, tratando de saber por qué en pleno éxito la diva del tango largó todo y «se hizo monja». La obra tiene sus defectos, pero también tiene un memorable pico de emoción, cuando al final aparece la propia cantante, ya nonagenaria, en su retiro de las sierras cordobesas.
No corre el peligro de hacerse monja, en cambio, la chica que en las sierras tailandesas de «Completamente tuya» practica una fellatio en tiempo real sobre su «enamorado». Claro que la escena está tomada de lejos, como integrada al paisaje, pero al público le atrae como si la estuviera viendo de cerca, y algunos críticos dicen que les gusta porque les recuerda a Jean Renoir, aunque el maestro no las filmaba tan claramente ni de lejos. También citan al aburrido de Tsai Mingliang, que parece haber influido la primera parte, suerte que hacia la mitad se escucha una bossanova en chino y empieza lo bueno. Igual, tampoco se va a estrenar.
Surge un sintetizador neologismo en el festival municipal. Al referirse a algunas cintas del ciclo F. J. Ossang, que según los organizadores están hechas «con un extraño y novedoso -o recuperador-sentido de la poesía visual y con un altísimo grado de riesgo», un crítico peruano las llama simplemente «godardescas». Y explica por los pasillos: «quieren ser post-godardianas, y son más bien grotescas». Hay cada riesgo...
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