14 de agosto 2007 - 00:00

Allen: "Bergman fue un mujeriego"

Woody Allen fue, seguramente, el artista más convocado por las radios europeas y norteamericanas para hablar sobre su admirado Ingmar Bergman, el día de su muerte. Sin embargo, la revista «Time», a través de su periodista Richard Corliss, fue una de las pocas que logró entrevistarlo para dialogar a fondo sobre las relaciones, tran estrechas, de algunas de sus películas con las del maestro sueco desaparecido a los 89 años. Además, en esa entrevista revela Allen algunos aspectos poco conocidos de su primer encuentro con Bergman, cara a cara, en un hotel de Nueva York. También allí se extiende Woody Allen acerca del incurable carácter mujeriego del director de «El séptimo sello» y «Cuando huye el día. Veamos qué le dijo Allen a «Time»:

En «La últimanoche de BorisGrushenko»,Allen recreaparódicamentela célebreescena de lamuerte en «Elséptimo sello»de Bergman.
En «La última noche de Boris Grushenko», Allen recrea paródicamente la célebre escena de la muerte en «El séptimo sello» de Bergman.
Periodista: Su admiración por Bergman es muy conocida. ¿Sentía lo mismo por Antonioni?

Woody Allen: A Antonioni no lo frecuenté mucho, aunque pasé algunos días con él. Era flaco y muy atlético. Enérgico y de mente muy despierta. Era imposible ganarle al ping pong, absolutamente imposible.

P.: ¿Cómo fue su primer encuentro con Bergman?

W.A.: Durante un viaje suyo a Nueva York me invitó a cenar a su suite. Cuando lo supe me puse tremendamente nervioso. No quería ir, no quería encontrarme con él. Finalmente, me decidí y fui. Pero nuestro encuentro no tuvo nada que ver con la forma en que me lo imaginaba. ¡Era un hombre corriente! Recuerdo que lo primero que me dijo fue que estaba preocupado por la caída de las recaudaciones en los cines. Me preguntó si a mí me pasaba lo mismo con mis películas. Después hablamos de mujeres, y criticamos a algunos ejecutivos de los estudios de cine. Nada que ver con mi imagen aterrorizante del gran genio religioso. Esa fue la primera vez, pero después nos hablábamos por teléfono con cierta regularidad, cuando él ya vivía en su isla. Una vez me confió una pesadilla. Me dijo que solía soñar con que llegaba a la filmación y no sabía qué hacer, dónde poner la cámara, y que se desperta en estado de pánico. Un hombre que produjo por lo menos 20 obras maestras tenía esos temores.

P.: Usted sabía que él era Ingmar Bergman pero tal vez él no. ¿Era consciente de su valor?

W.A.: Creo que no. El mundo lo consideraba un genio y él estaba preocupado por la cantidad de entradas que vendían sus películas. Era muy llano y simple para hablar, no hablaba sobre cosas profundas, filosóficas. Sven Nykvist, su director de fotografía, me contó que mientras filmaba esas escenas sobre Dios y la muerte hacía bromas, se burlaba de la vida sexual de sus actores, cosas así.

P.: También usted trabajó con Nykvist en cuatro películas. Y parece compartir su ética de trabajo.

W.A.: También me inspiré en él. Me encantó su actitud de no darle una tremenda importancia al hecho de filmar una película. El sentía que dirigir cine era no mucho más que formar un equipo de trabajo para trabajar todos juntos durante un tiempo. Trabajaba muy rápido, filmaba siete u ocho páginas de un guión de un solo golpe. Nunca tuvo los recursos para dedicarle más tiempo.

P.: También a él le gustaba convocar como protagonistas de sus films a las mujeres más hermosas, desde Ingrid Thulin a Lena Olin.

W.A.: Tenía una obsesión por los rostros femeninos, y sabía dirigir muy bien a sus actrices. De alguna forma, se asemejaba a Tennessee Williams en eso. Los problemas de sus actrices lo obsesionaban.

P.: La diferencia, sin embargo, es que a Tennessee Williams no le interesaba acostarse con sus actrices. Hay un rumor que dice que Bergman se acostó con todas las protagonistas de sus películas.

W.A.: No me sorprendería. El no filmaba en Estados Unidos sino en Suecia. Todo es mucho más liviano. Y sí, era un mujeriego.

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