2 de septiembre 2005 - 00:00

Amaya vuelve a tocar flamenco

Para elguitarristaespañol, quevive enBuenos Aires«simplementeporque no hayheroína», ensu país «elflamenco noes tan popularcomo secree».
Para el guitarrista español, que vive en Buenos Aires «simplemente porque no hay heroína», en su país «el flamenco no es tan popular como se cree».
El guitarrista español David Amaya tiene una larga relación con el flamenco, empezando por el hecho de ser nieto de la mítica Carmen Amaya e hijo de la bailaora «La Tati». A principios de los '90, integró La Barbería del Sur, un grupo de jóvenes que buscaba renovar el flamenco; fue productor del disco «Undibel», del ahora popular Diego El Cigala; colaboró con Enrique Morente en el álbum «Negra si tú supieras» y tocó junto a artistas reconocidos como Joaquín Cortés y José El Francés. Ahora vive en Buenos Aires. ¿Por qué? El mismo lo contesta: «Vine a vivir aquí sencillamente porque en Argentina no hay heroína. Las demás tentaciones puedo controlarlas, pero con ésta no he podido. Es el único obstáculo que encuentro en mi vida. Me reconozco como una persona madura, pero esto me vence. Así que aquí estoy».

Periodista:
¿Qué hizo al llegar?

David Amaya: Estuve trabajando un largo tiempo como parte de la banda de Diego Torres. Cachorro López y Quique Santander me convocaron para el disco «Un mundo diferente» y después seguí dos años tocando con Diego. Pero también fui músico de Marcela Morelo, Javier Calamaro y Marc Antony. Me sirvió porque estaba recuperando mi vida y tampoco era ningún sacrificio porque pude ganar buena plata e instalarme aquí. Pero, claro, musicalmente no podía hacer mucho más.


P.:
¿Y qué planes tiene ahora?

D.A.: He armado un grupo con músicos argentinos, algunos que ya trabajaban en el flamenco y otros, como el pianista Alvaro Torres, que vienen del jazz. Hemos bautizado al grupo como «Gitanos de Buenos Aires» y vamos a estar presentándonos los domingos 4, 11 y 18 de septiembre en el Club del Vino. Simultáneamente con estas presentaciones, estamos trabajando en un disco que esperamos tener listo para fin de año.


P.:
¿Se enrolan dentro de un flamenco tradicional?

D.A.: Diría que hacemos un flamenco actual. En la década del '70, todo el flamenco se fue hacia un velocismo y un virtuosismo que ocultó todo lo demás. En los '90, llegó el mestizaje. Y dentro de eso, hubo de todo; artistas importantes y gente sin mayor mérito. Hay palos que han dejado de hacerse, porque no son populares; y otros, como la rumba, los tangos o las bulerías, que se han globalizado y se han hecho conocidos en todo el mundo. Por otro lado, se ha acentuado el fetiche alrededor del flamenco: se buscan espectáculos con mucho baile y con mujeres delgadas mostrando una expresión muy dramatizada que poco tiene que ver con lo que sucede en España. El flamenco tiene muchas veces alegría y las bailarinas también pueden ser mujeres gordas. Lo que nosotros buscamos, entonces, es encontrar un punto de equilibrio. No podemos alejarnos del todo de lo que el público está esperando escuchar; pero a la vez, estamos cerca de la tradición.


P.:
Ya que habla de mestizaje, es curioso que el flamenco haya tenido más acercamiento con las músicas de América Latina o con el jazz que con las de otras regiones de la misma España.

D.A.: Es que en España, salvo el flamenco, no hay músicas de calidad. Y tampoco es una música tan popular en mi país como se cree. Lo que funciona comercialmente es la fusión del flamenco con el pop, o viceversa podríamos decir. Los músicos de flamenco más auténtico, en cambio, venden pocos discos y tienen que hacer montones de actuaciones para poder vivir. Por suerte, existen sellos como Nuevos Medios que apuestan a esta música y editarán también nuestro disco. Pero nosotros no formamos parte del mercado discográfico grande.


Entrevista de Ricardo Salton

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