13 de abril 2005 - 00:00

"América está en la novela sentimental"

Para Alfredo Bryce Echenique la “novela delsentimiento”, que está bajo la influencia delcine y la música popular, es la que dejandolos “grandes temas de las dictaduras” logródar una imagen plena de América latina.
Para Alfredo Bryce Echenique la “novela del sentimiento”, que está bajo la influencia del cine y la música popular, es la que dejando los “grandes temas de las dictaduras” logró dar una imagen plena de América latina.
El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, en su nueva visita a la Argentina, hablará sobre sus temas, sus personajes, y la influencia del cine y la música popular en su obra, en el ciclo «Autor de autores», que realiza el Centro Cultural de España (CCE). Dialogamos con el autor de «Un mundo para Julius» -que mañana, a las 18.30, ofrecerá «una autobiografía oral» en el CCE, Florida 943- sobre escritores, actores, películas y la nueva novela que está escribiendo.

Periodista: Hablar sobre su pasión por el cine y la música popular era, también, uno de los gustos de Cabrera Infante...

Alfredo Bryce Echenique: Y del argentino Manuel Puig. Es que son dos escritores de ruptura. No están en el boom de la literatura sino en sus márgenes. Dejaron de tratar de contar metáforas totalizantes para decir qué es América Latina, que fue la gran obra de los autores del boom, incluso por acuerdos entre ellos de «vamos a escribir la novela de la dictadura», y cada uno escribía sobre un dictador, y se volcaban a la Historia con mayúscula -«La muerte de Artemio Cruz», «El otoño del patriarca», «El recurso del método»-, la que transcurre en ámbitos privilegiados; con Cortázar, Cabrera Infante y Puig la literatura entra en los cafés, y la historia pierde la hache mayúscula. Fueron al hombre con minúscula, a las pequeñas historias, y ganaron el humor.Y ese hombre rió, lloró, silbó, vomitó, le dolíeron las muelas, gustaba de boleros cursis o sublimes, de ir al cine por ir al cine. Así, fuera del boom, salió una novela del sentimiento latinoamericano.Y ahí es donde yo me incorporo con todo mi bagaje de películas y de canciones, que eran las mismas para toda América Latina.


P.:
¿Esa es la importancia de Cortázar, Cabrera Infante y Puig?

A.B.E: Hicieron un poco lo que hizo Cervantes en «Don Quijote», donde introduce la ironía, y Don Quijote es el primer héroe al que le duelen los dientes, y le preocupa tanto que un día le dice a Sancho: «toma nota, más vale un diente que un diamante». ¿Cuándo a Aquiles le dolió un diente? Con ese entrar en la taberna, en lo sentimientos baratos, subiendo la cultura llamada popular, nuestra literatura además de lo que ya era, grande e importante, logra convertirse en sentimental. Maduró aún más y dió una imagen más completa de ésta América.


P.:
¿A eso ayudó el cine?

A.B.E.: Los escritores de mi edad somos todos frutos del cine, estamos marcados por el que vimos en América Latina, antes de nuestra migraciones a Europa. En ese tiempo los directores no existían, el cine era de actores. Se iba a ver una película de Marlon Brando o de Marilyn Monroe, pero no se sabía quien era Willy Wyler. Aprendí en París que el director es más importante que los actores y que hacía con ellos lo que quería. Tuve que hacer una revisión porque estaba marcado por el actor, el protagonista, el héroe, que -como decía Robert Mitchum- «a uno en las películas le enseña hasta a ser más alto».


P.:
¿Cuáles eran sus héroes cinematográficos?

A.B.E.: Los antihéroes, como Richard Widmark en «El rata», que no era un modelo a imitar; como James Mason, que para las niñas no era ningún ídolo. Me gustaban esos personajes acaso porque siempre fui un outsider devoto de los marginales. Mi equipo de fútbol era el Ciclista Lima Asociation, que ya no existe porque bajó tanto que desapareció.

P.: ¿Por eso ama los films de clase B, como «Los despiadados» de Don Siegel?

A.B.E.: En pleno Mayo del '68 la estrenaron en París con el título «Policía sobre la ciudad» y los estudiantes quemaron los carteles.Yo me metí a verla subrepticiamente, no me fuera ver nadie de la izquierda (ríe). Y en ese film Richard Widmark muere en una escena sensacional, una de las más bellas muertes de la historia del cine. Por eso escribí mi relato «La muerte más bella del '68".


P.:
Obviamente, no deja de referirse a Orson Welles.

A.B.E.: Es que Welles es lo máximo, la desmesura, tiene todo lo que a me interesa.
Cuando me dicen «tu novela tiene algo que le sobra», contesto: Welles también tiene algo que le sobra.


P.:
Su novela «Un mundo para Julius» estuvo por filmarse.

A.B.E.: Creo que es imposible llevarla al cine, mis novelas sugieren mucho pero no tienen descripciones, no soy nada realista. En el caso de «La vida exagerada de Martín Romaña» me negué porque el director Tomás Gutiérrez Alea quería que yo fuera el personaje. No quería ser Martín Romaña, lo había sufrido al escribirlo. Por otra parte, las buenas novelas no dan grandes películas, se puede trasladar un aspecto, pero no la novela en sí. Son dos discursos totalmente distintos. De ahí que se diga que sólo se puede hacer una gran película de un muy mala novela. Un clásico del cine latinoamericano, «Memorias del subdesarrollo», está basada en la pésima novela de Edmundo Desnoes. Uno no puede leer la novela, y la película cada año es más bonita.


P.:
Luego de sus memorias, ¿vuelve a la novela?

A.B.E.:Acaba de encontrar el título para la próxima: «La vida más triste de mi vida». Apenas llego a Barcelona me pongo a trabajar porque me pide que la escriba ya. En el avión escribí la primera página. No es la que quería escribir, «Dándole pena a la tristeza», porque para esa no es el momento todavía. Las novelas están en la antesala y un día tocan a la puerta. Llevo años anotando cosas para « Dándole pena a la tristeza» pero aún no golpeó la puerta. En mi casa había una nana indígena, mama Rosa, que cargó a mi madre de niña, cargó a nosotros de niños y llegó a cargar a los hijos de mis hermanos, Era parte de la familia. Mi padre le construyó, para que se jubilara, una casa en un barrio popular. La última llamada que le hice, estaba muy viejita, le pregunté: ¿cómo estás mama Rosa? «Aquí lo ves, Alfredito, dándole pena a la tristeza». Ni Vallejo soltó un verso tan triste. Para estar a la altura de eso necesito madurar un poquitito. Como vengo de escribir memorias, me dije: debe estar mal el mecanismo novelesco, tengo escribir y una novela para calentarlo y poder empezar con «Dándole pena».


P.:
¿De qué tratará «La vida más triste de mi vida»?

A.B.E.: Es la historia de un novelista peruano en París, por resumirlo, lo digo con todo el respeto y el amor del mundo, sería el anti Vargas Llosa, al que le duelen los dientes como al Quijote y sabe que vale más un diente que un diamante.


Entrevista de Máximo Soto

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