15 de agosto 2007 - 00:00

Apasionante cruce ficción-historia

Apasionante cruce ficción-historia
Sebastián Edwards, «El misterio de las Tanias», Santiago de Chile, 2007. Alfaguara, 374 págs.

¡Milagros de la literatura¡ Cuando ya la afición de los consumidores fanáticos de best-sellers languidecía abrumada por tantos misterios templarios, Santos Grial y esoterismos trivializados, llegó la novedad. Y atrapados, como siempre, por ese apetito que no tiene comparación con otros tipos de lectura posibles, nos llegó la sorpresa del año en este género.

Que Sebastián Edwards es un economista chileno de primera línea en el orden internacional, lo sabíamos muchos. Lo que ignorábamos era su capacidad para urdir una trama como ésta. La estructura profunda es la historia de una amistad juvenil que no se se resigna a la pérdida del amigo. Un crimen sin explicación posible, cometido en Bogotá, lleva al narrador por medio mundo y por numerosas calas en el pasado. Su hipótesis es muy verosímil. No hubo una sola Tania -la misteriosa compañera del Che en su etapa final de Bolivia-, sino muchas Tanias, reclutadas en las clases altas ilustradas de América y el mundo y entrenadas para su infiltración en lugares clave. El método de Edwards incluye un cruce apasionante de ficción con datos de historias del presente sin deformaciones caprichosas. Así vamos con esa ansiosa, exquisita tensión que produce el género, hasta un final imprevisible a través de personajes de ficción y personajes históricos, escenarios variados y un grado poco frecuente de introspección del narrador.

El trasfondo de actualidad -Buenos Aires es uno de los escenarios preferidos-, los cambios políticos, el deterioro de las instituciones, todo este mundo de hoy, es introducido con gran acierto y oportunidad.

Los sentimientos, las reflexiones, también tienen un lugar, que en la chatura actual del género, se habían ido esfumando.

Que el estilo y el lenguaje son excelentes y que los diálogos, ágiles, introducen algunas «sabrosuras» del habla chilena del autor, son otros elementos que contribuyen a la gran calidad de este relato original e inquietante.

Emilia de Zuleta

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