6 de agosto 2024 - 14:07

Ariana Harwicz lanza nueva novela: "Lo moral o inmoral es para la vida, no para la literatura"

Diálogo con la autora de "Perder el juicio", donde una madre se apropia de los hijos cuya tenencia fue concedida al padre. Su primera novela, "Mátate, amor", será producida en cine por Martin Scorsese

Ariana Harwicz acaba de editar su nueva novela, Perder el juicio.

Ariana Harwicz acaba de editar su nueva novela, "Perder el juicio".

Tras perder la tenencia de sus hijos y con restricciones para verlos, Lisa Trajman los rapta y huye con ellos en “Perder el juicio” (Anagrama) nueva novela de Ariana Harwicz. Las novelas de Harwicz, argentina residente en Francia, se vuelven rápidamente obras de teatro o películas como su opera prima, “Matate, amor” que producida por Martin Scorsese,será protagonizada por Jennifer Lawrence y dirigida por Lynne Ramsay. Dialogamos con ella.

Periodista: Lo que hace Lisa, en ”Perder el juicio”, al llevarse a sus hijos de la casa de su marido, que tiene la tenencia, ¿es rapto o recuperación?

Ariana Harwicz: Según ella, que es el punto de vista de la novela, es recuperación, porque son sus hijos y han sido apropiados por la familia de su ex marido que, en la intimidad, llama familia apropiadora, vinculándolo con lo político. Para ella llevarse a sus hijos es un acto de justicia, algo totalmente legal porque son sus hijos y están apropiados. Para la ley lo que hace Lisa es un secuestro y es punible: uno no puede llevarse a los hijos que tuvo con otro, al que la justicia le dio la tenencia, es absolutamente aberrante. Para el marido es una venganza conyugal.

P.: Hubo casos así que se hicieron públicos, con la diferencia de que el secuestrador era el ex marido.

A.H.: En general son los hombres los que se ven privados de ver a los hijos. No pueden acceder a ellos porque tienen una orden de restricción. Por eso me pesaba cambiar el punto de vista, que fuera la mujer la impedida de ver a sus hijos. La novela adopta ese otro punto de vista. Ella es la violenta, la acusada de violencia de género, la que pierde el juicio, la que tiene orden de restricción.

P.: La relación filial y la crítica del amor ¿son los ejes de sus novelas?

A.H.: Las relaciones un poco adulteradas. Las relaciones filiales perturbadas como algo que se arma en los entramados de familia. El amor es algo perturbado, ambiguo, que bordea todo el tiempo con la ilegalidad. Las relaciones de mis personajes son siempre filiales porque en las relaciones sanguíneas se condensa el mayor drama.

P.: ¿Por qué Lisa mezcla lo que hace, lo que le ocurre, lo que recuerda y lo que imagina?

A.H.: Me cuesta salir de la mente del personaje. Él envión de la escritura, la fuerza de la prosa, las imágenes que voy encontrando son a través de la mente del personaje. No puedo ponerme en una segunda o tercera persona. Me cuesta esa distancia cuando busco seguir el pathos del personaje, y la novela es una road movie de la desesperación de Lisa. En el pasado, que está en itálica, ella regresa a su historia con Armand, el padre de sus hijos. En mis novelas siempre el presente está apoyado en un gran iceberg del pasado.

P.: Usa diálogos telefónicos, teatrales, entre Lisa y Armand que dan otro modo de conocerlos.

A.H.: Siempre el teatro está, de modo reconocible u oblicuo, porque en el armado de las escenas y los conflictos dramáticos los pienso de manera teatral. En “Perder el juicio” están los diálogos, que en otras novelas no aparecen. Esa dialéctica entre Lisa y Armand hace que aparezca la voz de él, y que no sea solo un soliloquio de la protagonista como en “Matate, amor”.

P.: ¿Sus personajes traspasan el límite de lo moral?

A.H.: Lo moral, lo amoral o lo inmoral no es algo que le quepa a la literatura sino a la vida. Juzgar la maldad, la crueldad, la perversión de un hombre o una mujer es justo porque es otra cosa la que se juega en la vida, pero en el arte lo que se juega no es quien transgredió la moral sino saber del sufrimiento, el padecimiento o el goce de cada personaje. Los míos transgreden la ley, siempre están en comportamientos reprochables para la ley.

P.: ¿Por qué sus obras pasan al teatro y al cine?

A.H.: Es un misterio. No me lo propuse, no fue algo programado o pensado que después pasarían al teatro o al cine. La primera sorpresa fue la propuesta de “Matate, amor” para teatro, después vinieron todas las demás. Creo que es por algo misterioso que tiene que ver con mi formación. Cuando escribo no pienso de manera literaria, es una mezcla. Acaso es por eso después van al teatro. Y no se modifica el texto para volverlo teatral.

P.: ¿Cómo fue que Scorsese decidió llevar al cine “Matate, amor”, su ópera prima?

A.H.: Es algo casi imposible con una primera novela, tener una primera película en Hollywood. Ese hecho excepcional creo que quizás se debe a que esa novela fue parida de manera excepcional.

P.: ¿Por qué lo dice?

A.H.: “Matate, amor” no fue una novela más, una novela en la que yo ya me sentía escritora, o que tenía un editor. Era una escritura que estaba casi desligada de la literatura. No sabía lo que estaba escribiendo ni que era una novela, ni que se iba a publicar. Fue escrita en los márgenes, con una desesperación inaugural. Creo que es lo que le gustó a Scorcese, esa potencia.

P.: ¿Qué le parece el casting de la película?

A.H.: Fascinante. Reúne dos mundos muy disímiles, lejanos, aparentemente irreconciliables. Lejanos de la extranjería mía en el campo, que no tiene nada que ver con el mainstream ni con la elite ni con la intelectualidad ni con la literatura ni con nada, y de repente quienes adquieran los derechos es gente del star system, de Hollywood. Esa relación extraña, inesperada me parece conveniente al arte. Ahora “Perder el juicio” también va a ser película y obra de teatro.

P.: ¿Ahora en qué está?

A.H.: Esperando el estreno de la ópera “Dementia” en el Colón, el 8 de abril de 2025, para la apertura de la temporada. Escribirla fue un gran desafío. El tema es absolutamente original, no sale de ninguna novela ni texto precedente. Trata de parejas que ganan una beca en una residencia de escritores. Son matrimonios mixtos, ella escritora y el traductor.

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