17 de junio 2003 - 00:00

Arte y diseño de moda se alían en valiosa muestra

En el Museo de Bellas Artes se inauguró la semana pasada, la muestra «Fashion Art», gracias al apoyo de la valenciana Consuelo Ciscar y el diseñador español Manuel Fernández. Es ocioso reiterar la importancia del diseño y la moda. Si todo arte es social o no es arte, el diseño lo es por antonomasia, por definición de sus cometidos y resultados, por sus aspiraciones y sus obras.

La creativa hazaña visual del diseño convive cotidianamente con nosotros. El sociólogo francés Gilles Lipovetsky ha señalado, que más allá de las polémicas que pueda suscitar la actual sociedad de la obsolescencia, la moda puede considerarse como una estrategia de consolidación de la democracia y un vehículo inédito de dinámica social. Con esta perspectiva estética, se quiere sustentar esa relación: convocarla y provocarla, como un desafío a las partes involucradas, al todo social y al cuerpo creativo de los diseñadores.

El Museo de Bellas Artes, que en la última década ha incorporado a sus actividades y a su patrimonio, disciplinas como la fotografía, el videoarte, la arquitectura, la música y el cine, acaba de inaugurar un espacio dedicado exclusivamente al diseño y la moda, en su sede de Alsina 1169. Por ello, ha invitado al destacado diseñador valenciano Manuel Fernández, de visita en Buenos Aires como primer punto de un recorrido que lo llevará luego por distintas ciudades.


Fernández ha participado en las últimas cinco ediciones de la «Fashion Week» de Nueva York, y es uno de los exponentes europeos latinos con mayor proyección internacional.

La muestra en exhibición incluye obras realizadas por 50 pintores: Fernández ha diseñado los vestidos de lienzo (en blanco), que cumplen una función de soporte tridimensional; y por otro lado, los artistas han pintado y rediseñado las formas, cada uno con su estilo y su técnica personal. «La alianza artediseño crea un nuevo lenguaje estético -afirma Fernández-, donde el artista es el protagonista y el diseñador el soporte escénico». La muestra propone un espacio en el cual la moda y el arte se funden en la tela, para interrelacionarse y crear su propio lenguaje. Esta propuesta coincide con la apertura de hace pocas semanas atrás de la sede Monserrat del Museo, antes mencionada, con un desfile de modelos y una serie de obras de jóvenes diseñadores locales.

Esta propuesta conjunta de arte y moda pretende además, enriquecer parte de un tejido de la ciudad que estaba muy deteriorado. Al asumir un Museo el liderazgo de esa renovación, podríamos decir junto a muchos teóricos: el arte siempre ha servido para unir, desde las cuevas de Altamira, 20.000 años atrás.

Es el caso de
Juan Genovés (Valencia, 1930), con sus tradicionales hombrecitos caminando sobre una capa de tela endurecida. Una textura de algunos jeans, casi rígida, debajo de la cual un can can acampanado abulta la tela verde elegida. El hombre aparece aquí nuevamente en su desamparo y soledad, en su ignorancia y su temor, en su fragilidad y su indefensión. Figuras diminutas son las de los seres que Genovés incluye en su traje. Denotan la vastedad de la amenaza que pende sobre los seres humanos, y las muestra juntas, sin rumbo aparente ni motivo explícito, por espacios desiertos.

•Navarro

Otro valenciano, Miquel Navarro (1945), sobre un vestido exageradamente largo, se propuso representar una gran orgía, y el diseñador la reinterpretó, acortándola a la medida de una especie de chaqueta abrigo, con fuerte aspecto más militar, pero que representa los genitales entremezclados de un hombre y una mujer. La obra de Agustín Ibarrola (Bilbao, 1930) despliega colores, ojos y telas cortadas a modo de parches: elementos con los que representa un espantapájaros.

Se destaca en la entrada del Museo el diseño de
Manolo Valdés (Valencia, 1942). Utiliza dos telas en semicírculo, en blanco y negro, vinculadas a una escultura de grandes dimensiones (alrededor de 25 metros de altura), que está preparando para la plaza principal de Valencia.

Las pequeñas síntesis ( múltiples) representan a la
«Dama de Elche», una escultura ibérica del siglo III, del yacimiento alicantino de Elche, que por sus formas adquirió gran atractivo y se convirtió en ícono del ideal femenino. Esta pieza emblemática de la arqueología española, que integra el acervo del Museo Arqueológico de Madrid, se ha convertido en un símbolo político y estético de la identidad ibérica. La propuesta de Valdés es uno de los casos ejemplares de esta muestra, resultado del encuentro entre artista y diseñador.

Valdés
tuvo tres diálogos - en Nueva York, en Valencia y en Madrid -, con Manuel Fernández, quien señaló «Lo bueno de la conjunción arte - diseño en esta obra es que nadie sabía de antemano qué iba a pasar».

No podemos dejar de señalar que Valdés, que expuso en Buenos Aires en 2000, y vive y trabaja en Nueva York, es hoy uno de los más reconocidos artista españoles. Urculo, (Santurce, 1938-2003), que lamentablemente falleció hace dos meses, siempre muy influenciado por el arte del Japón, donde estaba trabajando, diseñó un espléndido kimono. Labios y dientes ampliados fotográficamente se destacan en la parte inferior de la obra de Jaume de Laiguana, seudónimo de Jaume López (Barcelona, 1966). Creó un equipo de diseñadores y artistas que se integra a las tendencias estéticas más actuales. José Ibarrola (Bilbao, 1955) juega con los azules en un diseño muy refinado que parece una instalación minimalista.

Los dieciséis más jóvenes se presentaron en la sede del Museo Monserrat,
Eva Davidova (Sofía, Bulgaria, 1969), es una creadora talentosa que realizó el ángel piersing (perforado): un eje central de anillos del que se desprenden dos mangas con alas. La artista búlgara lleva muchos años en España, donde estudió en la Universidad Complutense de Madrid. Cristina Duclos despliega sobre un fondo blanco, un motivo de flores que recuerdan los viejos bordados de los mantones de Manila.

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