31 de diciembre 2004 - 00:00

Asombran coreógrafos noveles en el Colón

Taller Coreográfico del Teatro Colón. Ballet Estable (Teatro Colón.)

Anualmente algunos bailarines integrantes del Ballet Estable del Teatro Colón participan de un taller coreográfico cuyo resultado son trabajos que son interpretados por sus pares.

Si bien muchas de estas propuestas intentan una nueva mirada sobre la danza académica (vulgo clásica), estas jornadas, que se ofrecen al público con entrada libre y gratuita en horario matutino, permiten que se investigue en otros lenguajes y se incorpore lo teatral o lo narrativo como en esta ocasión.

«Ilusiones»
de Rubén Gallardo, mostró la habilidad del bailarín para organizar coherentemente el espacio escénico, naturalmente acotado del gran escenario del Colón, para la labor de seis bailarines, cuatro mujeres y dos hombres (uno de ellos el mismo Gallardo).

Juego teatral realizado con formas clásicas y acento en lo dramático de las situaciones, hubo un fino desarrollo con el uso de las máscaras y un contraste cultural dado por las músicas (Diego Ortiz y Takashi Tsumoda) creando una particular simbiosis de Oriente y Occidente.

«Taurina»
es un pas de deux construido por Leonardo Reale sobre música de Massenet según la estructura y el desarrollo tradicional, pero siempre con algo de originalidad aportada por el bailarín, que lo interpretó junto a Silvina Vaccarelli haciendo gala ambos de un virtuosismo espectacular. Fue uno de los fragmentos más aplaudidos del programa. El ballet narrativo ocupó a Viviana Cochella que presentó «Pájaro de fuego, no robar» sobre música de Stravinsky y argumento de ella misma sobre un cuento popular ruso. Destinado a los niños para que se familiaricen con el lenguaje del ballet y con las buenas acciones estuvo bien bailado y actuado por un grupo entusiasta de jóvenes artistas y se contó con la particularidad de una traduccióndel texto con lenguaje de señas para hipoacúsicos.

Jorge Amarante
volvió a sorprender con «Punto de Encuentro», un bello trabajo abstracto sobre músicas varias, (premiado en el IV Concurso de Coreografía de La Habana) para ocho bailarines que actuaron con excelencia técnica y expresiva. Excelentes luces y vestuario.

Finalmente, «In Side» sobre el concierto para piano de Ravel de Ricardo Ale y Nicolás Zoric para elenco numeroso. Obra con espíritu kitsch, soldados romanos, bailarines de tango y angelitos que sobrevuelan o deambulan por el escenario proponen una mirada posmoderna del ballet. Esta suerte de Biblia junto al calefón divirtió a unos pocos y desorientó a los más por lo hermético de sus objetivos artísticos.

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