4 de agosto 2003 - 00:00

Autogestión: un fenómeno de los tiempos de crisis

El gran público conoció este año algunos de los numerosos grupos de autogestión artística argentinos, como los colectivos El Ingenio de la provincia de Tucumán, 0351 de Córdoba, Motp de Mar del Plata, y Espacio Vox de Bahía Blanca, que presentaron sus obras en Arte BA.

Sin embargo, lo que se vio es apenas la punta del iceberg de una extensa red de colectivos artísticos, casi todos surgidos en estos últimos años, que autogestionan su actividad, renuncian a la autoría individual de la obra, funcionan con una estructura de poder horizontal y se propagan con la fuerza de un virus. En gran medida, la energía que hoy se percibe en el ambiente artístico está determinada por esa red de colectivos que se expande por todo el país y que suscita interés en los circuitos internacionales. Un buen ejemplo es el Grupo de Arte Callejero, que exhibe en la actualidad sus obras en la Bienal de Venecia.

Cuando hace unos meses el Proyecto Venus presentó « Multiplicidad», publicación que recoge declaraciones de artistas pertenecientes a 19 colectivos, redes y grupos multidisciplinarios, el MALBA desbordó la capacidad de su auditorio. Diccionario de Arte, Taller Popular de Serigrafía, Grupo Sorna, Ejército de Artistas, Zapatos Rojos, Por un Arte de la Resistencia, M777, Proyecto Trama, Suscripción y la revista «Ramona» son apenas algunos de los colectivos.

En el amplio horizonte de actividades que realizan estos grupos, figuran acciones callejeras de fuerte tinte político que en ocasiones ostentan un alto grado de estetización, como el de las intensas imágenes de las performances de Arde Arte, un colectivo que surgió a partir del 19 de diciembre de 2001.

La acción callejera «Vete y Vete», podría confundirse con una manifestación, pero se trata de una obra conceptual. Javier del Olmo, uno de los artistas del grupo, cuenta: « Fuimos, y sin pronunciar una sola palabra, utilizando el poder del silencio, capturamos la imagen de la policía a través de grandes espejos, la involucramos en nuestra acción y logramos producir un desmontaje simbólico».

El artista agrega que los espejos, con la inscripción «Vete y Vete», mediaban entre dos grupos bien definidos y enfrentados, pero que las imágenes reflejadas de unos y otros acabaron confundiéndose y disolviendo las actitudes intimidantes. «Si la idea inicial, era invitar a la autorreflexión, la respuesta fue mucho más emotiva que la esperada», concluye.

El mismo tono político comparte otra de sus acciones,
«Lava la Bandera», inspirada en la performance del mismo nombre realizada en Perú. En la fuente de Plaza de Mayo los artistas lavaron banderas «ensangrentadas» con pintura roja, hasta que recobraron el color original. Esta misma línea inspira al grupo Taller Popular de Serigrafías, que además difunde la técnica con afán didáctico, teniendo en cuenta que su dominio puede ser la puerta a una salida laboral.

Con esa misma intención, la de buscar un lugar en el mundo para adolescentes sin rumbo, en 1999 el artista
Remo Bianchedi creó en la provincia de Córdoba la Fundación Nautilius, institución donde se enseñaba arte, oficios y computación, considerando que el avance de la cibernética genera un nuevo tipo de analfabeto.

El Proyecto Venus, forjado gracias a una beca de la Fundación Guggenheim que ganó el artista
Roberto Jacoby con este plan, no tiene, aparentemente, ideología política, pero posee hasta su propia moneda de intercambio: el Venus. Y aunque el arte ocupa un lugar importante, más bien aspira a la interrelación de personas que se autodenominan «hacedores del placer» y practican disciplinas de lo más diversas.

Las expresiones varían en un mix donde se cruzan utópicos diseños arquitectónicos, sesiones de psicoterapia, box o cosmética; shows musicales, desfiles de modelos y exposiciones de arte, o encuentros teóricos con venusinos de la talla de
Reynaldo Ladaga o Ricardo Piglia. Lo cierto es que estos proyectos de autogestión ocupan un espacio que los artistas ni siquiera imaginan que está en sus manos, porque comenzaron a llenar el tremendo vacío institucional creado por un estado mayormente ausente que los ignora. Salvo, claro, cuando los necesitan, como en estos días de campaña electoral que vienen a interrumpir el tradicional desgano vital y teórico de los funcionarios del área.

Dejá tu comentario

Te puede interesar