16 de agosto 2001 - 00:00

Avatares de la TV

Avatares de la TV
(15/08/2001) Evidentemente, los tiempos de «Los Campanelli» y de «La familia Falcón» han quedado en la prehistoria para la televisión. Habría que investigar, sin embargo, si el público televidente ha evolucionado tanto como suponen los guionistas y los productores, averiguar si ese público tradicional se ha vuelto tan librepensador, y si la avalancha de temas «risqués» tiene la misma acogida en la gente que, supongamos, una comedia familiar aunque con lenguaje moderno.

Un ejemplo de la osadía que faltaba fue el publicitado capítulo «Los swingers», que formó parte de «Tiempo final» de los Borensztein. La historia incursionó en el infrecuente tema, para la TV, del intercambio de parejas, pero la trama tuvo varios puntos flojos como el desenlace. La pareja de Claribel Medina y Juan Leyrado atravesaba una crisis que la llevaba a buscar soluciones rápidas y modernas: primero autoayuda, después agencia de swingers y finalmente hasta sadomasoquismo. El manual completo de Sacher Masoch que antes se comentaba en los bares de la Facultad de Psicología, y que ahora se le brinda a Doña Rosa.

Bien Betty Elizalde que le ganó a Tinelli, como víctima de la cámara cómplice. Fue la primera en plantarse con una actitud elogiosa que casi le quita protagonismo al líder de «El show de Videomatch» (seguramente se dio cuenta en seguida de qué se trataba). La broma, la de siempre: los cómicos del programa asistieron como invitados al ciclo que Elizalde conduce en el cable y la incomodaron con malos modales, chistes con insultos y canciones idiotas. Pero el remate de esas cámaras ocultas consiste en el striptease al estilo «Full Monty» que realizan los humoristas, quienes terminan desnudándose frente a la conductora. Muchas otras, en su lugar, adoptaron la misma actitud de griterío, histeria y hasta lágrimas incontenibles frente al desnudo masculino. Pero la locutora los descolocó: «¿Qué te hacés el canchero, ¿con eso me querés impresionar?», enfrentó Elizalde a uno de ellos, hasta que tuvieron que cortar la broma más de prisa que lo habitual. Ella remató su performance y le explicó a Tinelli, con viveza aunque con un lenguaje que poco tiene que ver con Marcel Proust: «Cuando vi a tus actores desnudos, revaloricé la mercadería que tengo en casa».

Sigue divirtiendo el histriónico Fabio Posca en su papel de amigo gay en la tediosa tira «El sodero de mi vida» con Dady Brieva y Andrea Del Boca. La trama insiste, desde el primer capítulo, en el divorcio que aguarda Del Boca -aunque el amor entre los protagonistas se consumó para los televidentes hace rato-y se retrasa interminablemente también desde el comienzo de la tira. Evidentemente, la fórmula «Gasoleros» no se da todos los días (como tampoco lo logró la continuación de esa serie). Entre tanto aletargamiento, divierte Posca, aunque para verlo hay que ver el programa.

Otra buena opción cómica en TV sigue siendo el debate de «Gran hermano» de los lunes, a cuyo panel de semiólogos se sumaron en esta edición Mario Mactas y Rolando Hanglin. Mientras analizan y discuten, los académicos tienen enfrente a las «estrellas» de la primera edición (Gastón, etc.), quienes los tratan de «señores» y de usted. En los fragmentos que pasan del «Gran hermano» actual, hasta se evidencia un grado de impostación que no había en la primera edición. Todos juegan a imitarse y la producción a mantener el rating que, como ocurrió en casi todos los países, declina siempre en la secuela.


Dejá tu comentario

Te puede interesar