6 de abril 2005 - 00:00

Avatares de la TV

Rolando Graña
Rolando Graña
• Rolando Graña, por «Canal América», estuvo bastante correcto al tomar el caso de un probable abuso de menores -la Justicia investiga- en la quinta «Don Tomás» que alguna vez perteneció al matrimonio Duhalde, que la cedió a la Fundación «Felices los Niños» como una sede más para atender a menores abandonados en la calle. Por lo menos aclaró que desde hace dos años la Fundación madre no está controlada, por imposición de la Dirección de Menores de la provincia de Buenos Aires, por el sacerdote Julio Grassi. Es comprensible en Graña porque él denunció en la revista «Noticias» hace tiempo -en un testimonio fundamental- que le pidieron plata para sobornos de testigos para «darle la nota» inventada contra Grassi por aquella Miriam Lewin que, felizmente para la salud de la televisión, ya no pulula por las pantallas y fue despedida de «Clarín» precisamente por haber fraguado esa infame nota contra el sacerdote que lo ha llevado a tener tantos juicios que prácticamente «necesita» su condena. Graña, en aquella ocasión, se negó a poner dinero para coimear testigos y lo declaró a «Noticias» que lo publicó.

• Como se recordará, todo comenzó cuando Héctor Magnetto, socio-gerente de «Clarín», se encolerizó contra el sacerdote y decidió enlodarlo porque no testificó contra Susana Giménez y Rodolfo Galimberti en aquel episodio de acusaciones cuando Canal 13 aspiraba a sacarle la conocida actriz a Telefé. Más sin el testimonio de Grassi el abogado Oscar Salvi ganó brillantemente el pleito. «Clarín» ordenó destruir a Grassi en venganza. Comenzaron a buscar con qué atacarlo y Miriam Lewin -por entonces productora de «notas de denuncia» de « Telenoche investiga»- apareció con aquella despechada ex secretaria, Mirta Ravera Godoy, de un juzgado de menores vacante en su titularidad en Morón. La unión de ambas mujeres, a las que se sumó María Laura Santillán, animadora de «Canal 13», fue una tragedia para Grassi y su obra. Ravera Godoy perdió un concurso de tres aspirantes a presidir ese Tribunal en Morón y encaró desairada por ello a dos magistrados íntimos amigos de Morón, el «juez de garantías» Humberto Meade -ex argumentista radial de Rolando Hanglin (además anotado como « desaparecido» en el libro «Nunca más» pese a estar vivo y ejerciendo) y el controvertido fiscal general de ese partido, Federico Nieva Woodgate (hoy tiene carpas de protesta por otros casos anómalos frente a su fiscalía por críticas aunque sigue inamovible en Morón). Ante tal enojo estos magistrados lograron que Ravera Godoy ganara un cargo en San Isidro (que hoy desempeña) pero se negaba a irse a otra jurisdicción y recurrió al Padre Grassi pidiéndole trabajo de asesora letrada en la Fundación «Felices los Niños». Grassi le respondió que no podía pagarle un sueldo acorde al que podría ganar en la Justicia. La consecuencia fue que pasó a ser el nuevo descargo de odio de esta mujer judicial. Con la negativa del sacerdote a pagarle se inició el calvario inventándole el cargo de pedofilia, fácil de levantar y de aceptar porque hiere en lo profundo a la gente con razón cuando es real. Parte de la Justicia Penal primaria de Morón se sumó contra Grassi por el citado Nieva Woodgate. Empezaron a buscar «un medio televisivo» para atacarlo. En ese momento apareció Lewin que buscaba «algo fuerte contra Grassi» para calmar el enojo de Magnetto de «Clarín». No habían aceptado Rolando Graña y otros periodistas de TV. De ahí en más se precipitan los hechos contra el religioso. Consiguen un psicólogo, Enrique Stola, que había alojado en su organización a un entonces menor «Gabriel», hoy de 21 años, de nombre Oscar Aguirre. Este menor había derivado en activista político. Participó y fue detenido por ello junto al psicólogo Stola -éste lo admitió ante la prensa- en los saqueos del 20 de diciembre de 2001 que provocaron la renuncia de Fernando de la Rúa. Denunciaron «abuso de menores» contra Grassi en medio de tremendas contradicciones probadas. Apareció «el dinero para coimear» y por «Telenoche Investiga» se presentó el testimonio de alrededor de 8 chicos por los «presuntos» abusos del religioso. Seis de ellos declararon que había sido engañados y cesaron, obvio, como testigos. Quedó solo Oscar Aguirre y otro de seudónimo «Ezequiel» que dijo que habría visto pero admitió que su tutor Aníbal Vega lo llevó a Canal 13 «donde -confesó- me hicieron la cabeza junto con una doctora llamada Inés», además de haberlo llevado con todo pago a pasear a Mar del Plata para que testificara contra Grassi. Por eso el sacerdote tendrá que ir a juicio oral en Morón. Los magistrados superiores no están bajo órdenes de Nieva Woodgate y así dejan esperanza de imparcialidad judicial y no protección corporativa, que teme el centenar de personas que sigue donando para mantener los 4000 niños que atiende la entidad que fundó Grassi en todo el país.

• Rolando Graña, para ser totalmente equitativo, debió decir también que esa Fundación Felices los Niños atiende esos chicos en 52 hogares en todo el país y alimenta con las mismas donaciones que obtiene villas de emergencia, como la de William Morris en la provincia. Chicos y chicas de la calle que son los más carentes de apoyo y familiaridad que les remite la policía y los juzgados de menores porque en la provincia hay un solo organismo oficial para este tipo de asistencia que, con burocracia, recibe del Estado cuatro veces más dinero por niño de lo que le cuestan a la Fundación Felices los Niños. También debió decir que en tantos Hogares de Atención de miles de niños puede darse ciertamente un caso de abuso, si hasta sucede, penosamente, dentro de una familia. lo establece la Justicia. Pero aclaró que el acusado de la quinta «Don Tomás», Ernesto Jara fue denunciado por la directora del lugar que era su propia esposa. Pueden darse estos casos y lo principal es que se denunció. Debió agregar que hay rencor en el personal que acusa a Jara -como medirá en definitiva la Justicia- porque la quinta como hogar iba a ser cerrada y muchos trabajadores inevitablemente perderán el empleo. Puede haber en juego rencores.

• Hay coincidencia que en un sufrido horario (compite contra «Fútbol de Primera» en Canal 13, contra el cine de Telefé, y contra un muy atractivo Mariano Grondona en Canal 9 con su «Hora clave»), los cinco miembros de «Polémica en el bar» son un hallazgo de amenidad nuevamente este año. Se mantienen en la mesa tres clásicos, los mejores del programa, el creador y director Gerardo Sofovich, Samuel «Chiche» Gelblung y Luis Pedro Toni tienen ahora un acompañamiento muy bueno con Carlos Bilardo -un hallazgo televisivo este ex entrenador de fútbol con un campeonato mundial en su solapa, nada menos- y Jorge Rial al cual le sobra solvencia para la pantalla. Un programa de los muy pocos imperdibles con un quinteto equiparable al de las mejores épocas de « Polémica en el bar». Sofovich transformó un año que pensaba hacerlo sabático y alejado de los estudios en uno de los mejores de su cosecha personal ya que luce en su programa de preguntas y respuestas y pronto reaparecerá con «La peluquería de Don Mateo». Por si le faltara algo para redondear un buen año se salvó de la tentación de incluirlo en «Los Roldán» en su actual declive por haber caído en lo ya inverosímil (hasta hacer monja al personaje de Florencia de la V. Es mucho).

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