«La Morocha» sobre una idea de I. Scaccheri. Dir.:C. Banegas. Int.: C. Banegas y E. Cardozo. Dis. ilum.: M. Cuervo. (Sala ElExcéntrico de la 18 - viernes y sábados 22.30 hs.)
“La Morocha” tiene una estructura similar a lade cualquier recital de tangos y poemas, pero la ductilidad y la estremecedorapotencia dramática de una actriz como Cristina Banegas lo convierten enuna experiencia esencialmente teatral.
Banegas se apropia de cada tango como si setratara de un guión abierto a múltiples interpretaciones. De hecho, su manerade abordar tangos tan recordados como «Mano a mano» de CeledonioFlores o «Pero yo sé» de Azucena Maizani revela intencionesbastante diferentes a las plan-teadas formalmente en esos temas. Su figuracrece y se transforma con cada canción, pero no porque posea grandes dotesmusicales sino por su exquisita habilidad para quebrar una frase, subrayar unsilencio o aumentar hasta el infinito ese amplio espectro de emociones quepropone cada tema.
Por momentos, el espectáculo pierde ritmo al nolograr apropiada costura entre tema y tema. A falta de una buena dirección, lasescenas que ilustran cada tango o poema, no siempre transmiten la necesariafuerza dramática. Aun así, la actriz baraja con encanto un buen número de estampasfemeninas y deja que el espectador las espíe, ya sea en la intimidad del baño oen el momento de vestirse. De estos pequeños rituales emerge toda una galeríade damas elegantes, criadas ingenuas y coquetas «flores de fango». Son todasimágenes de un rompecabezas destinado a mostrar la complejidad de lo femeninopara instalarlo definitivamente en el lugar del enigma y de la multiplicidadamorfa.
Basta con atender a las contradictorias definicionesque arroja el poema «Por qué seremos tan hermosas» de Néstor Perlongherpara entender que esta morocha argentina, de la que tanto se habla en elespectáculo, no responde a un modelo único. El espectáculo celebra lafemineidad, en su fragilidad y su bravura, así como los sinsabores provocadospor los inevitables desencuentros con el hombre.
«La Morocha» es también un homenaje a lasgrandes cancionistas del tango, pero como sucedía en «Eva Perón en lahoguera» (otro trabajo en colaboración con Iris Scaccheri) Banegasconsigue que sus personajes hablen con todo el cuerpo.
Como la protagonista de «Fumando espero» quemientras aguarda la visita de su amante no hace otra cosa que regodearse en esaespera inflamada por el deseo.
Acompañada por Edgardo Cardozo en canto yguitarra, la intérprete salva los desniveles del espectáculo con una buenadosis de locura, seducción e irreverencia. La alegría y el horror circulan porel cuerpo de Cristina Banegas con una fluidez que puede llegar aresultar amenazante. Quienes hayan visto su trabajo en «Vulnerables», endonde componía a una madre alcohólica y bastante perversa, ya saben de qué setrata. Banegas es una de las pocas actrices argentinas capaz deconvertirse en una ménade enloquecida y de transmitir, a la vez, el más íntimoy profundo de los desgarramientos.




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