8 de marzo 2002 - 00:00

"Basaldúa: este año no me voy a poner el smoking"

Emilio Basaldúa
Emilio Basaldúa
Emilio Basaldúa asumió en diciembre la dirección general del Colón y divide en dos el tiempo de su gestión, AC y DC: «antes de la catástrofe» y «después de la catástrofe». Se refiere, claro, a la crisis económica y el aumento de costos impuesto por la devaluación, que marcó un brusco cambio de rumbo en la programación del teatro.

«No soy un político -advierte ante este diario-. «Es mi primer cargo público y espero que sea el último. Pero me gustaría darle una mano al Colón». Si bien Basaldúa reconoce que lo abruma la burocracia administrativa, mantiene un estilo distendido, muy diferente al de sus antecesores en el cargo. Para comenzar, se permite mostrarse vulnerable y expresar sus dudas: «¿Se entenderá que el Colón es un gran teatro y que hay que abrirlo lo antes posible? No sé bien qué estoy haciendo en este puesto, hay tantos problemas que no son de índole artística que me pregunto si soy la persona adecuada para resolverlos».

Hijo del pintor Héctor Basaldúa, director escenógrafo del Colón entre los años 1930 y 1955, Emilio conoce el teatro y es heredero del oficio: trabajó en cine para Carlos Saura y Héctor Olivera y presentó sus propios diseños en óperas como «La ciudad ausente», «Macbeth» y «El cónsul». Para el difícil «después de...» que le toca en suerte, su mayor aspiración es «que las puertas del teatro estén totalmente abiertas, que haya mayor actividad y montar obras que estén relacionadas con lo que pasa en la Argentina de hoy, que nos hagan reflexionar. Y si hay momentos libres y solistas que quieran hacer algo, o un concierto de cámara, hagámoslo».

El Gobierno de la Ciudad sancionó la Ley de Emergencia Económica para enfrentar la crisis, que asegura el financiamiento por parte del Tesoro de 30 millones de pesos destinados a los sueldos del personal. Es decir, si se cerrara el teatro, igual tendría que gastar ese dinero. El desafío que hoy enfrenta el Colón es recaudar con la venta de entradas los más de 5 millones de pesos que hacen falta para abrir las puertas.

Basaldúa
inició su búsqueda de auspicios empresariales y convocó a los miembros de la Fundación del teatro a trabajar codo a codo para crear una estrategia financiera. «Ni en los peores momentos de la Segunda Guerra se pensó en cerrar los teatros», observa. «Pero no para que la gente se entretenga con algo frívolo, sino porque la música es una necesidad y el teatro tiene que ser un espacio de contención espiritual».

Periodista: Ante la posibilidad de que se produzcan deserciones en los abonos, ¿podrían suspenderlos y vender separadamente las entradas para cada función?


Emilio Basaldúa:
No. Se respetarán los cuatro abonos existentes. Además me interesa hacer funciones extraordinarias, baratas, no con todos los títulos pero sí con algunos. Para lograrlo se está por firmar un reglamento de trabajo porque hasta hoy es imposible. Sucede que de 14 a 18 no se puede ensayar porque no hay maquinistas, y si uno tiene que mover algo en el escenario no hay quien lo haga.

P.: ¿Esa limitación es un sabotaje o un convenio laboral?


E.B.:
Es la reglamentación del personal que exige que los ensayos se hagan siempre por la noche, lo que impide presentar más funciones. Si se ensayara a la tarde, ganamos para el público 40 ó 50 noches en la temporada. El teatro debe pegar una vuelta sobre sí mismo, captar un público nuevo y conservar el abonado que tiene. Sospecho que debe haber mucha gente que vendría a la opera y no puede hacerlo debido a los precios actuales.

Etiqueta

P.: Ante la actual irritación social, la gente se pregunta qué va a ocurrir con las funciones de etiqueta.Algunos dicen que van a cambiar el smoking por un traje oscuro y que los políticos, además, también sumarán lentes oscuros.

E.B.:
Si el teatro fuese mío dejaría que, en las funciones de gala, el público se vistiera a su antojo. En Europa o EE.UU., una señora de traje largo se sienta junto a un zaparrastroso y ni se miran. No sé si quiero solucionarle el problema a alguien, ni soy quién para decidir que nadie venga de smoking. Que cada cuál venga como quiera. Yo no me voy a poner smoking este año, pero mi gestión consiste en preservar la calidad de las óperas, ballets y conciertos con los artistas de aquí y algunos pocos de afuera.

P.: Consideremos, por ejemplo, una ópera tan difícil como «Don Carlo» de Verdi, que está prevista para este año, y que tiene unas exigencias vocales tremendad. ¿Tampoco en este caso se recurrirá a algun cantante del exterior?


E.B.: Darío Volonté
será Don Carlo, el bajo aún no está resuelto y el régisseur, escenógrafo y vestuarista, Hugo De Ana. Pero se hará.

P.: En cambio se cayó «Parsifal».


E.B.:
Exacto. Es imposible de hacer con un elenco local. «Parsifal» figuraba en la temporada que programó Sergio Renán, a la que en un principio, antes de la catástrofe, traté de respetar en su totalidad. Pero luego fue imposible mantenerla. Ahora hay que pensar en un Colón diferente, sumar un público nuevo con entradas baratas, con artistas argentinos y más funciones y títulos del gran repertorio menos conocidos. Como lo hacía Gérard Mortier en La Monnaie de Bruselas, dedicándole más tiempo de ensayos o una visión de la mise en scene, que tornaba la obra más interesante globalmente que la voz de uno u otro cantante.

P.: ¿Usted cuánto gana?

E.B.:
Por ahora nada. Tengo que terminar de arreglar mi situación con Jorge Telerman. No asumí formalmente. Soy un «ocupa». Lo digo un poco en broma, pero soy el máximo «ocupa».

Nombramientos

P.: ¿Nombró gente nueva?

E.B.:
Hasta ahora no he traído a nadie de afuera de la casa. Gerardo Gandini continuará como director de la Orquesta Filarmónica, el vicedirector del coro sigue siendo Miguel Martínez, el director de estudio Jorge Carcciofolo, la directora de ballet Marta García. He nombrado hace un rato un director escenotécnico, el ingeniero López Castro, que antes era el jefe de grabación y video y lo secunda el coordinador que ya estaba.

P.: ¿Qué costo promedio estima para cada ópera?


E.B.:
No quisiera sobrepasar los 250.000 pesos incluyendo todos los costos.

P.: ¿Alcanza para traer algunas figuras del extranjero?


E.B.:
Convocamos a los argentinos en el exterior, quienes más pueden comprender nuestra situación, y demostraron mucha generosidad. Raúl Giménez vendrá a cantar «L'elisir d'amore», Luis Lima va a hacer «La fanciulla del West», Jerôme Savary pondrá en escena «Mahagonny» por poco dinero, y Jorge Lavelli terminará la temporada con «Wozzeck», que tendrá escenografía y vestuario de Graciela Galán. Con Alfredo Arias y Gabriel Garrido veremos si podemos hacer «Les Indes Galantes». Y todo esto «a la argentina», con los de acá, como Marcelo Lombardero, Alberto Félix Alberto, Roberto Oswald. Trataremos de arreglarnos con la recaudación total de los abonos, que esperamos puede llegar a 5 millones.

P.: En un teatro como el Metropolitan, donde no necesitan ahorrar, guardan las producciones en containers y así presentan un promedio de diez estrenos y dos reposiciones.


E.B.:
Hace siete meses que estamos buscando galpones para guardar los containers, es fundamental. Aquí no hay lugar y no podemos permitir que se deteriore el material. Ahora vamos a reponer «Juana de Arco» que se hizo hace dos años con Roberto Plate y por suerte todo está muy bien. Pero en el momento actual, creo que la prioridad es hacer más funciones y si es necesario, simplificar la escenografía. Prefiero un escenario más ágil.

P.: ¿Va a trabajar como escenógrafo?


E.B.:
Quisiera, porque es mi trabajo, mi cable a tierra. Pero como viene la mano, no voy a tener tiempo.

Bocca

P.: ¿Cómo sigue el conflicto con Julio Bocca, quen dijo hace poco que no va a pisar más el Colón?

E.B.:
Es algo que me duele mucho y lo percibo como un cortocircuito entre el teatro y Lino Patalano. Hablaré esta semana con Lino, espero sentarme con él y aclarar esto, porque la directora del ballet le ofreció unas fechas alternativas además del ballet y la orquesta, para que presentara el ballet clásico que quisiera. No termino de entender por qué no se pudo, o por qué no se puede intentar. Cuando intervine ya era tarde y la relación del teatro con Patalano estaba muy deteriorada. En apariencia hubo un gran malentendido. Lo que no entiendo es por qué, si existió un ofrecimiento por escrito de la directora del ballet y la coordinadora, que lo he visto, dicen «eso no se puede hacer». Creo que sí se puede hacer.

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