Las obras monumentales de Bastón Díaz remiten a su
visión de los barcos que están en el puerto de Buenos Aires,
un tema recurrente que viene desarrollando desde
hace tiempo.
Es evidente que entre las prioridades de Bastón Díaz se encuentra la de hacer su trabajo desde una postura que no acepta normas culturales ni de mercado impuestas. «Ser un artista es definitivamente una tarea de liberación» dice en un ensayo el crítico norteamericano Robert C. Morgan, y esa frase puede aplicarse a este artista escultor nacido en 1946, porque significa resistencia al sistema de la moda y mantener una relación ética con el arte. ¿Son anecdóticas estas obras monumentales que se han apropiado del espacio de la galería Daniel Maman Fine Art? En parte sí, porque remiten a su visión de los barcos que están en el puerto de Buenos Aires, un tema recurrente y que continúa desarrollando desde hace un tiempo.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En esta «Serie de la Ribera», que tiene también otros títulos, por ejemplo, «Construyendo el Sueño de la Vuelta» o «Modelo para des-armar», la idea subyacente es la inmigración, ya que sus abuelos llegaron de La Coruña, la propia emigración e inmigración, Díaz vivió casi 10 años en París de donde regresó en 1977. «Mi obra nace como yo en un lugar enviciado de nostalgia... para los que se quedaron sin posibilidad de regreso, los barcos se convierten en símbolo del sujeto mismo». Hasta aquí la anécdota y la referencia barco que aún despierta infinitas fantasías en el hombre, fundamentalmente, un creador de ficciones, según Nietzche.
Pero vayamos a las obras. De carácter constructivista, formas concretas, calculadas matemáticamente, una geometría que se va entrelazando, curvas que llaman a otras curvas, planos que se interrelacionan, que adquieren presencia contundente según el ángulo desde donde se los mire. Estas toneladas de hierro patinado, están delicadamente apoyadas y unidas por bisagras que simulan articulación. Otra característica es la austeridad de estas formas de gran pureza formal enfatizada por la pátina oscura y el dramático espacio creado por la presencia monumental de estas obras bellas, ancladas en lo atemporal. Av. Libertador 2475. Hasta fines de octubre.
• Cambre
Juan José Cambre (Buenos Aires, 1948), reciente ganador del Premio Alberto J. Trabuco expone en Galería de Arte Wussmann (Venezuela 570). Acostumbrados actualmente a casi un exceso de exposiciones, una invasión de imágenes que no da tregua, la pintura de Cambre ofrece una suerte de oasis. Solamente rojo, solamente azul, solamente amarillo y un panel gigantesco donde desarrolla una infinidad de verdes. Este monocromatismo no significa ausencia de matices que están dados por ciertas sombras en las mismas tonalidades de algún paisaje imaginario que hasta puede ser acuático.
El lenguaje de Cambre que ha ido virando desde un neoexpresionismo inicial, una figuración gestual donde los personajes aparecían desdibujados, eran los '80, se volvía a la pintura, al oficio. Más adelante, se enamoró del tema vasijas que pintó apasionadamente hasta disolverlas, a lo que le siguieron unos paisajes originados en fotografías. En esta muestra que tiene su antecedente en la realizada en el Fondo de la Artes en 2003 en la que ya ensayaba el monocromatismo, Cambre actúa por reducción pero no en el color que aparece restallante y que a veces retrocede si miramos el cuadro de costado. Ahí están los reflejos cromáticos, los colores con todas sus vibraciones, el material del pintor, los colores en su vida propia. Nada más y nada menos.
Simultáneamente, Cambre expone obras sobre papel en Lila Mitre-Espacio de Arte (Guido 1568). Ambas muestras hasta fines de octubre.
Dejá tu comentario