9 de agosto 2002 - 00:00

Bella versión de "El ruiseñor"

TEATRO

Versión de El ruiseñor dirigida a los niños
Versión de "El ruiseñor" dirigida a los niños
«El ruiseñor», de H.C. Andersen. Adap. y Dir.: E. Halac. Mús.: G. Oviedo. Esc.: M. Valiente. Tít.: E. Derito. Il.: L. Pérez. Int.: V. Kleinbort, G. Oviedo, C. Rodrigo, M. Cherro. (Teatro del Nudo.)

V erdad, bondad y belleza son las tres virtudes que ostenta el espectáculo de Eva Halac basado en «El ruiseñor», de Hans Christian Andersen.

La representación, dirigida a los niños, es exquisita. El cuidado que se ha puesto en cuidar hasta los más mínimos detalles de la ropa, las maquinarias que manejan a los ruiseñores, la hermosa y variada escenografía, constituyen algunos de sus méritos. Así como también la acertada adaptación que cumple a la par un rol didáctico, al permitirle a la directora incorporar al autor como relator que ilustra sobre aspectos de la obra y de su vida.

Los personajes están adecuadamente perfilados. El jardinero-poeta que ama a sus flores es modesto dentro de su orgullo, el emperador no carece de una veta sensible, aunque no sea muy inteligente, el ambicioso mayordomo imperial es una versión de Harpagón a la china, que ama sus monedas de oro, y la inocente muchachita a la que siguen las mariposas es gentil y dulce.

Una comicidad refinada y efectiva provoca la risa de los espectadores que, como siempre sucede (afortunadamente) en estos espectáculos destinados a los niños, toman decidido partido por «los buenos», interviniendo para despistar al astuto mayordomo e inclinando la balanza a favor de los inocentes.

La visita al jardín, en el que todas las flores celebran su goce haciendo sonar las campanitas, es una delicia adicional.

Todo está cuidado. La excelente música interpretada en vivo por
Griselda Oviedo mezcla melodías «a la china» con la «Serenata» y un vals de Schubert.

Los títeres de
Esteban Derito muestran el mismo cuidado en el diseño que los elementos escenográficos de Marcelo Valiente y el vestuario creado por La Compañía.

Los dos pequeños escenarios de los costados permiten el desplazamiento de la acción, mostrando lo que pasa en lugares distintos de los de la escena.

Entretenido y gracioso, el espectáculo participa, además, de la poesía y trasunta un respeto por el público infantil que muchos otros, destinados a los mayores, dejan de lado.

En suma, una representación rigurosa que rescata la magia. Una magia resaltada por la iluminación de
Leandro Pérez, en el que se hace evidente un trabajo en equipo hecho con placer, y que transmite ese placer a la platea. Dirigido a los niños, es sin embargo una cosa seria.

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