1 de agosto 2001 - 00:00

Bellas Artes exhibirá la obra de Nora Iniesta

Collage de Nora Iniesta.
Collage de Nora Iniesta.
(31/07/2001) El próximo 15 de agosto, a las 19, Nora Iniesta inaugurará su muestra «Pasajes», en el Museo Nacional de Bellas Artes. Si bien nunca ha dejado de ser una artista conceptual, hoy, el sentir de la artista atraviesa con fuerza su creación, en la recuperación de la memoria.

En «Nada es para siempre», que presentó en la Primera Bienal de Arte de Buenos Aires (y ahora exhibe en Bellas Artes de Neuquén), debajo del autorretrato con sus hermanos ubicó piedras de canto rodado. La elección de las piedras tenía que ver con la idea de lo fundacional (del fundamento), y con la de camino. El color de las piedras se vinculaba con el sepia de la imagen, una fotografía de fines de los años '40. Pero la continuidad subyacente era la de otra secuencia: la temporal.

Una mirada hacia el pasado desde el hoy. Y el lenguaje de la artista nos recuerda el pensamiento del filósofo francés Gastón Bachelard. Nada es eterno, nada es para siempre. Pero hay un punto de partida, algo que va modificándose y, a la vez, también algo que persiste a través del tiempo. Aunque, es preciso observar, sus recuerdos de la infancia no son nostálgicos, se proyectan hacia el futuro.

En su serie «La mesa está servida», objetos cotidianos como bandejas y platos, asociados a la actitud femenina y maternal, recuperan las «cenas en bandeja», en su casa cuando era niña. Nora Iniesta se reencuentra en otro tiempo. Sobre las bandejas, las fichas de dominó y los dados, que se enlazan con el mundo de los juegos con sus hermanos, aluden al azar en su historia personal: sucesos aleatorios que abrieron ejes centrales.

En tanto, las cuentas de fantasía, que la artista-niña cosía junto a su madre en pulseras y collares, hoy se han transformado en metáforas de su quehacer estético que enhebra «perlas» de tiempo. Por ello, en su muestra en el Museo de Bellas Artes podrán verse «fragmentos» de obras realizadas en distintas etapas, pero unidas por un hilo conductor. La exhibición despliega una continuidad temporal a pesar de algunas interrupciones de años.

"Razón ardiente"

Artista de la mediana generación, se formó en Buenos Aires, donde inició sus estudios de arte en la Escuela Nacional Manuel Belgrano, y luego prosiguió en la Escuela Prilidiano Pueyrredón. No es casual que entre sus maestros recuerde especialmente a Emilio Renart. Su discípula ejerce, como él, la «razón ardiente», según la cual siendo actuales somos antiguos, retornamos a nuestro pasado como fuente o punto de referencia.

En los años '70 se trasladó a Londres, para realizar un master en técnicas de grabado en metal en la Slade School. En 1980, obtuvo el Premio Braque en Dibujo. Durante su estadía de tres años en París, estudió, trabajó y participó en la Bienal de Jóvenes Artistas. Sobre su muestra realizada en París,
Jacques Lassaigne, director en ese entonces del Museo de Arte Moderno de París, observó: «Tickets de subte, formularios de correo, o paquetes de cigarrillos aparecen a través del collage, como trozos de una realidad aparte, que al definir un espacio le confieren un acento singular».

De regreso al país, alterna su residencia entre Buenos Aires, Europa y los Estados Unidos. Su obra, que se complementa con trabajos de diseño, ilustración, vestuario y decoración, figura en importantes colecciones nacionales e internacionales.

En Seúl expuso junto con otros argentinos series de banderas de grandes dimensiones, al aire libre, componiendo un juego singular entre repetición y variación. Artistas de todo el mundo trabajaron en un mismo formato, con cientos de estandartes que semejaban cuadros de imágenes con las retóricas más variadas.

La exposición del Museo Nacional de Bellas Artes presentará un recorrido por la obra de la artista que expondrá las múltiples técnicas y propuestas estéticas que ha desarrollado a lo largo de su carrera. La muestra incluye objetos, pinturas, dibujos, serigrafías, instalaciones y collages de carácter eminentemente conceptual y minimalista. El mundo de su infancia y los elementos que la rodean (los juegos, los recuerdos, las manualidades) conforman el universo del que extrae sus imágenes.

Sus primeras obras estaban guiadas por preocupaciones formales: relaciones de las figuras en el espacio, tensiones entre éstas y los fondos de la composición. Pero a medida que avanza su búsqueda, comienzan a aparecer con más frecuencia imágenes reconocibles, que forman parte de un nuevo universo ligado a lo femenino, lo lúdico y lo cotidiano.

Sus collages exhiben números de lotería, figuritas escolares, y sus objetos incorporan muñecas y fotografías antiguas que aluden a los afectos y la memoria de la artista, pero que también convocan la sensibilidad del espectador.

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