24 de septiembre 2001 - 00:00
Broadway: el final para muchos shows
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Broadway recaudó un total de $ 3.5 millones la semana que terminó el pasado domingo. La misma semana del año pasado la recaudación había sido de $ 10 millones. El alcalde Rudolph Giuliani dijo el martes pasado que se sentía «muy preocupado» por la economía en Nueva York, «en especial por sus restoranes y teatros.
«Atravesaremos una etapa, tal vez ya estemos en ella, en la que la gente quizás no sienta miedo pero, aun así, no tenga el espíritu dispuesto a concurrir a un restorán o un teatro en Broadway. Hay un sentimiento de duelo que aleja al público del teatro y de las salidas», dijo Giuliani.
Además de las dificultades propias de Broadway, cuyo impacto se sufrió en hoteles, restoranes y negocios vinculados a la actividad teatral, la ciudad suspendió la realización de televisión, cine y comerciales en las calles de Nueva York durante una semana. La producción fue nuevamente auto-rizada el pasado jueves, con excepción de Manhattan. La industria televisiva le deja a la economía de la ciudad alrededor de 5 mil millones al año.
Las atracciones que llevan público a Nueva York y contribuyen con la economía de Broadway, incluyendo la Estatua de la Libertad, Ellis Island y la tumba de Grant, fueron cerradas por razones de seguridad, dijo Brian Feeney, vocero del Servicio Nacional de Parques, del cual dependen. El Empire State Building, visitado por 9.500 turistas a diario, también fue cerrado al público.
Los productores de «Kiss Me, Kate», el clásico musical repuesto hace poco, que el año pasado ganó cinco premios Tony y que lleva 769 representaciones, bajó de cartel ayer. El espectáculo había vendido sólo 22% de sus boletos la semana pasada, con una caída en las recaudaciones de $ 247.000 en relación a la semana anterior.
Levantamiento
Otras cuatro producciones pusieron también ayer el anuncio de «Ultimas representaciones» y otra más bajó de cartel: «If You Ever Leave Me ... I'm Going With You!», vendió 20% de su capacidad la semana pasada con una pérdida de $ 113.000. «A Thousand Clowns», con Tom Selleck, acusó una caída de recaudaciones de $ 181.000 la semana pasada, con 30% de boletos vendidos. La obra de culto «The Rocky Horror Show» vendió 43% de sus butacas, con declinación de $ 57.000. Una co-media ambientada en Irlanda, «Stones in His Pockets», funcionó con sólo 27% de su capacidad y una caída de $ 122.000. «Blast», con declinación de $ 180.000 la semana pasada, anunció su levantamiento luego de los atentados.
Algunas producciones a punto de iniciarse debieron anunciar que su estreno se postergaba. «By Jeeves», musical de Andrew Lloyd Webber basado en cuentos de P.G. Wodehouse, por ahora no llegará a Broadway. Otro musical mucho menos oportuno, «Assassins» de Stephen Sondheim, cuyo argumento se basa en crímenes de presidentes norteamericanos, fue «cajoneado».
«Desgraciadamente, descontamos que las malas noticias sobre otros espectáculos van a continuar sucediéndose» dijo David Lotz, vocero de un sindicato de actores que representa a 8.000 profesionales de la región de Nueva York. «Si el cuadro de situación de la semana pasada llegara a durar seis meses, los resultados serían catastróficos», agregó. «La pregunta del millón es si ese período será de seis días, seis semanas o seis meses».
Bruce Cohen, otro sindicalista, dijo que en estos días los actores evalúan cualquier tipo de propuestas que puedan contribuir a mantener las obras en cartel, porque cualquier espectáculo que se interrumpa representa muchísimos trabajos menos. «Un afiliado nuestro suele ganar, promedio, 1.000 dólares a la semana, de los que se lleva a casa alrededor de $ 580», dijo Cohen. «De modo que, por empezar, no es una profesión en la que se haga buena plata». Sean Ricketts, gerente del famoso restaurante Sardi's, dijo que la mitad de sus ingresos está directamente relacionada con la actividad de los teatros. «Evidentemente, esta situación pasará», dijo. «El problema es saber cuándo».
Bernstein, por su lado, agregó que el problema tenía dos aristas, una difícil y otra que la balanceaba. «En primer lugar, está el tema de la seguridad. Recobrar la sensación de que Nueva York es una ciudad segura llevará su tiempo», dijo. «Pero, por otro lado, y como lo demuestra la experiencia histórica, cada vez que la nación atravesó una gran crisis, el público comenzó más tarde a salir a divertirse para distraer un poco la mente. Este segundo aspecto permite ser cautamente optimistas».


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