«Elviaje de Julia» («Hideous Kinky», Inglaterra-Francia, 1998; habl. en inglés).Dir.: Gillies MacKinnon. Int.: Kate Winslet, Said Taghmaoui, Bella Riza, PierreClementi y otros.
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Asícomo muchos jóvenes peregrinaron por aquellos tiempos a Katmandú, Bangladesh ytantos otros destinos de toponimia con menor marketing, Esther Freud,bisnieta de Sigmund e hija del pintor Lucian, eligió renunciar alconfort inglés para probar suerte en Marruecos. Sus experiencias, más o menostransformadas, dieron origen al libro en el que se basa esta película.
«Elviaje de Julia» tiene una notable protagonista en Kate Winslet (sin los filtros «Titanic»,sudorosa, con algo de acné, tan desorientada y a los tumbos como su personaje),hundida en una Marrakech escasamente turística y a la busca de un sufí que lalibere de su angustia existencial: la insatisfacción, en aquellos tiempos,requería de bálsamos demasiado exigentes. Winslet compone un personajeabsolutamente creíble.
Juliano está sola, lleva a cuestas a sus dos pequeñas hijas Bea y Lucy, quieneshasta parecen -de hecho, lo son- mucho más maduras que su madre de 25 años. Sonlas que le dan consuelo cuando ese lejano marido que quedó en Inglaterra se vaolvidando de ellas, y son también quienes le abren los ojos sobre el árabe,simpático y mentiroso, en quien ella cree descubrir su nueva pasión.
«HideousKinky»,título original del film (es una muletilla que intercambian juguetonamente lashermanas; de manera literal sería «horriblemente raro», aunque lo traducen por«perverso») es una película que jamás deja de interesar al espectador; estábien actuada, tiene una especial «transparencia» e inmediatez con lo contado, yatrapa aunque carezca, deliberadamente tal vez, de una definición narrativalineal o de un norte específico.
Ademásdel gran trabajo de Winslet, el actor francés Said Taghmaoui,como el árabe, aporta esa dosis de frescura y desparpajo que termina de darleel sabor buscado a una película cuyo valor más alto es, sin duda, el afinadoretrato de ese tipo generacional que quedó aplastado por sus mayores y superadopor sus hijos, siempre a la busca de gurús que jamás aparecieron.


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