«Petite Messe Solennelle», de G. Rossini. Dir. y piano: M. Campanella. Grupo Vocal de Difusión. Dir.: S. Caputo. Piano II: M. Leone. Armonio: D. Rossi (Teatro Coliseo.)
Los últimos dos conciertos del Ciclo «Nuova Harmonia» de la temporada 2005 debían realizarse en el Teatro Colón como digno broche de oro de una programación de alto rendimiento musical en toda su extensión.
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Ignorando acuerdos previos con las instituciones privadas que jerarquizan en gran medida la música en Buenos Aires, el Teatro Colón siguió cerrando sus puertas para significativas piezas del repertorio (antes había ocurrido con la Misa en Si menor de Bach) y obligó a reprogramarlos conciertos en teatros con menor capacidad y de condiciones acústicas más modestas. De esta manera, la semana anterior, el brillante Gianluca Cascioli, en piano y dirección, realizó su Festival Mozart (Sinfonía N° 1, en Mi bemol mayor, Concierto en Re menor y Concierto en Re mayor para piano y orquesta) con la Orchestra da Camera di Mantova en el Teatro Coliseo, donde ahora se debió escuchar a un conjunto de artistas italianos y argentinos en una edición de la «Petite Messe Solennelle», de Rossini.
Olvidados momentáneamente los inconvenientes y perjuicios que sufren oyentes e instituciones privadas que le dan lustre al Colón con sus ciclos anuales, las realizaciones finales de Harmonia resultaron puntos clave del año musical. Obra de la madurez de Gioacchino Rossini (1792-1868), la «Petite Messe Solennelle» es un intento renovado del autor de experimentar nuevas formas para su expresividad desbordante. En 1864, en París, estrena en una reunión íntima esta bellísima obra camarística (hay también una versión orquestal del mismo Rossini).
Cuatro voces solistas, coro, dos pianos y armonio son los intérpretes necesarios para recrear las partes constitutivas de esta visión de la Misa católica. Naturalmente que tratándose de Rossini cualquier referencia a la melodía y trabajo vocal de filiación operística no es pura coincidencia. Las distintas partes del ordinario de la misa están destinados a los solistas y el coro y en algunos tramos a las voces de tenor, bajo y soprano que desarrollan arias de una calidad melódica comparables a las de sus célebres óperas representantes indiscutidas del estilo «belcantista», que aquí en vista a la seriedad del asunto, se transforman en reflexiones más sobrias, menos adornadas pero igualmente profundas y emotivas.
Excelente trabajo del conjunto de italianos y argentinos en la ejecución de la «Petite Messe». La condujo desde el piano Michele Campanella, en una doble tarea. Expresivo tecladista, dejó por momentos el piano para dar las indicaciones necesarias a solistas y coreutas. El otro piano de menor compromiso lo asumió Monica Leone y el armonio Daniele Rossi, ambos eficaces instrumentistas. Las voces de Maria Ercolano (soprano), Anselmo Fabiani (tenor), Daniela del Mónaco (mezzosoprano) y Renato Vielmi (barítono), todos aptos para el amplio vocalismo del cuarteto solista (principalmente los dos primeros) junto al porteño Grupo Vocal de Difusión, que dirige Mariano Moruja y que aquí tuvo como director invitado a Salvatore Caputo, quien encontró el tono justo entre la religiosidad y la alegría rossiniana para imponerlas a sus subordinados siempre dóciles. Todos resultaron un equipo sólido y de rigurosa musicalidad para exponer esta mirada tan peculiar de Rossini a la tradición que viene del Barroco y de Bach, de los que el compositor de Pesaro se hace a un costado e imprime su propia estética a la honda celebración cristiana.
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