«Atlantis: el imperio perdido» («Atlantis: The Lost Empire», EE.UU., 2001, habl. en inglés o doblada al español, según salas). Dir.: G. Trousdale y K. Wise. Guión: T. Murphy y otros. Film de animación.
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No parece del sello Disney este dibujo animado al estilo del artista Mike Mignola, hombre cuyos créditos cinematográficos incluyen la ilustración del «Bram Stoker's Dracula», el diseño de caracteres de la serie «Batman» y la adaptación fílmica de su propio comic «Hellboy». «Atlantis» tampoco sigue la senda de otras películas Disney de aventuras, como su gran clásico «20.000 leguas de viaje submarino», pero evoca con buena técnica el recordado encanto de una época.
Empecemos por lo primero. En vez de los típicos redonditos de la empresa y su graciosa inocencia, «Atlantis» procura imponer líneas angulares, un mundo de sombras, y cínicas observaciones. Como los dibujantes del sello son grandes profesionales, cualquiera sea el estilo que les encarguen, acá se lucen debidamente -además, el film es en pantalla panorámica-, pero lo hacen a cambio de una innecesaria estandarización. Tal vez, se busque retener a un público de 10 a 20 años, que ya estaba viendo otra cosa.
El problema es que, fuera de la buena técnica y la gran pantalla, apenas hay historia. Planteada como una de aventuras, acerca de una expedición de 1914 en busca de la Atlántida, el continente perdido, la película ignora pasos imprescindibles de cualquier relato de aventuras, llega demasiado rápido al meollo y lo resuelve del modo más agitado posible. Ni punto de comparación con los clásicos del género. Acá sólo quedan algunos personajes para el recuerdo, el encanto bien revivido de una época y otra sospecha: ¿la intención será agregar algunos juegos temáticos en la Aventureland de Disneylandia? Pronto lo sabremos.
Renglón aparte merece el elogio del espíritu norteamericano entrometido en tierras, tesoros y culturas ajenas. Ahí sí que encontramos un viejo diseño Disney, muy usado en las historietas del Pato Donald: los típicos nativos de pancita, flequillo y taparrabos, tontos, alegres, serviles e incapaces de sacar bien una foto (casualmente, una muy buena aventura de Donald, su tío y sus sobrinos, transcurre en la Atlántida; sería bueno rescatarla).
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