2 de junio 2006 - 00:00

Buenas muestras de Fantino y Lescher

Una obra de la serie «Puzzle» que integra la exposición deHoracio Sánchez Fantino en la Fundación Nuevo Mundo.
Una obra de la serie «Puzzle» que integra la exposición de Horacio Sánchez Fantino en la Fundación Nuevo Mundo.
Horacio Sánchez Fantino presenta obras realizadas entre 2005 y 2006 en Fundación Mundo Nuevo (Callao 1870). Nacido en 1957 se graduó en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Rosario, su ciudad natal, y ha tenido como maestros a Juan Grela y Adolfo Nigro.

Las obras de la serie «Metro» (2006, técnica mixta sobre madera), están divididas en un arriba y un abajo. Este último es un sinuoso laberinto subterráneo que se entrecruza, se bifurca con algunas interrupciones a la manera de parcelas correspondientes a un paisaje urbano de la parte superior.

En cada segmento Fantino construye un mundo, siempre fragmentado, de diminutos elementos, a veces reconocibles, árbol, casa, auto, barca. En la serie «Puzzle» (2006, técnica mixta sobre madera) las piezas encajan y aunque en aparente desorden compositivo, emergen elementos de una iconografía abigarradamente poblada de figuras, partes de ellas, faros, estrellas, otra vez casas, soles.

También están sus «Historias con aviones». ¿Qué varón no los ha dibujado en su infancia? Fantino recobra su dibujo infantil y lo incorpora para sobrevolar campos contrastantes o caminos inciertos. Sus «Craftgrations» (2006, acrílico sobre tela), una combinación lingüística inventada tomada del inglés, avión migración, lo revela más liberado de su raíz constructiva, abriendo espacios, sus rompecabezas menos perceptibles, migrando él, tal vez, hacia una pintura más gestual, poseída por una fuerza externa, más luminosa, lanzado en su libertad. Hasta mediados de junio.

  • Lescher

  • En Ruth Benzacar (Florida 1000), expone Artur Lescher (1962), artista que vive y trabaja en su natal San Pablo, en cuya XXV Bienal (2002) dedicada a las grandes metrópolis vimos su obra por primera vez. Recordamos su balsa de madera encerada de características inestables y un colchón plástico con agua coloreada de azul, «Paisaje Interior», un poético encuentro de diferentes materiales así como con la arquitectura del edificio de Niemeyer. Simultáneamente exponía en la galería Nara Roesler una serie cuya característica es su terminación impecable, su sensible y despojado abordaje de la geometría, un intrínseco refinamiento. Constituía un verdadero contraste con la ciudad caótica, de un crecimiento descontrolado en la que habita.

    En esta muestra, Lescher continúa su poética combinación de materiales, madera y tensores de metal, porcelana y madera, una superficie negra espejada sobre el piso de la galería, de acero inoxidable. Vocabulario conciso, formas no convencionales y aunque los títulos «Pozo», «Cometas», «Lagoas», Agulha Negra» sugieran referencias literales, el espectador debe hacer caso omiso de ellas para concentrarse en la intensidad y el silencio que emana de las obras.

    Al recorrer la sala, todas las obras provocan lo que señalaba Merleau-Ponty: «una intersubjetividad carnal», es decir el espectador se da cuenta de las verdades latentes y primordiales respecto a su manera habitual de mirar a través de la naturaleza de los objetos en sí mismos. Debe recordarse que tres obras de Artur Lescher se exhibieron durante bastante tiempo en la terraza de entrada del Malba y que se distinguían por su levedad y sutileza, no obstante su gran tamaño. Cierra el 17 de junio.

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