Casanovas trae al país una Casandra moderna

Espectáculos

La española Elisabet Casanovas, Tania en la serie “Merlí”, llegó a Buenos Aires con “Kassandra”, unipersonal que retoma a la Casandra de la mitología griega y la trae al siglo XXI, donde reactualiza las problemáticas. Casanovas se presentará en dos únicas funciones, mañana y el sábado, dentro de la octava edición del Festival Temporada Alta en Buenos Aires, antes de seguir hacia Montevideo y Lima. Esta nueva edición del festival internacional se extenderá hasta el domingo 16 en las salas de Timbre 4, y se compone de una docena de piezas teatrales entre españolas, chilenas, francesas, venezolanas, mexicanas, uruguayas y peruanas, mesas redondas, un taller y un concurso de dramaturgia, entre otras actividades.

Casanovas tiene 25 años y su popularidad fue en aumento a partir de 2015, cuando interpretó a Tania Illa, una estudiante insegura que descubre que su compañero de banco, de quien ella está enamorada, es homosexual, en la serie “Merlí”. La actriz, que el martes pasado estrenó la serie “Drama” por la televisión española, interpretará a Kassandra, una figura que el autor de la obra, Sergio Blanco, construye “como una refugiada” y eso “habla de la supervivencia como herramienta de los abusos de poder, algo que el personaje tiene que afrontar durante toda la vida”, dice la actriz a la prensa.

Dirigida por Sergi Belbel, la obra parte del mito griego de Casandra, de quien se enamora Apolo y a quien le promete el don de la profecía a cambio poseerla; pero cuando comienza a desarrollar su poder en la adivinación, ella rechaza el amor del dios.

Dice la leyenda sobre Casandra, convertida en obra por Blanco, que ante ese rechazo Apolo la maldice escupiéndole en la boca y aunque ella continúa manteniendo el poder de descubrir el porvenir, nadie vuelve a creer en sus pronósticos: así es como Troya pierde la guerra contra los griegos y ella se convierte en esclava.

“Es un personaje que sobrevivió a la guerra, a muchos abusos sexuales, a abusos de poder y que sobrevivió a hacerse ella misma su camino después de la guerra”, dice. “Es superviviente. Por eso contamos su historia, porque fue humillada durante toda su vida y queremos validar su dolor a través del espectador, de hacerla comprender y buscar la sanación con la gente. Belbel también aporta toques de humor. La supervivencia la lleva a reír mucho y es una puesta llamativa porque el texto es duro de transitar”.

Sobre su adaptación al siglo XXI, señala: “Ella vive en un hotel y recorrió mucho por Europa. Escapó de la posguerra de su país y eso inevitablemente nos vincula con la gente que está en esa situación, las guerras del Mediterráneo, por ejemplo. Este personaje es transexual y, además, para sobrevivir debe prostituirse. La obra gira en torno de cómo ella vivió todo eso y a cómo se siente como mujer. Trabajé el papel desde el respeto, busqué defenderla como la mujer que ella siempre sintió ser y desde el grito interno del abuso de poder que podemos sentir las mujeres en distintas situaciones. Es un personaje que tiembla en muchas partes de la sociedad. Por eso sentía una gran responsabilidad para tratar esos temas con respeto y comunicar ese dolor. Y para encarnar el personaje fue imprescindible entrar en su lenguaje, porque habla un inglés macarrónico y con pocas palabras, no hay frases hechas ni tiempos verbales.”

“La complejidad del personaje”, concluye “suponía un gran reto al abarcar muchos universos y, por otro lado, nunca había hecho un monólogo, aunque la obra siempre se hace con el público y el ritual que crea cuando elige ir a verla; es una comunicación directa. “Kassandra” es una pieza que abre muchos canales y uno de los que más me atraviesa es su relación con la persona que la secuestra, cómo se termina enamorando.”

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