14 de diciembre 2000 - 00:00
Charles Chaplin, también un maestro en lo musical
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Chaplin músico.
Antes de la introducción del sonido, él escogía personalmente que música debía ser interpretada en los cines con sus films mudos. Pero la invención de la banda sonora grabada le daba un control absoluto, un concepto que fue de capital importancia para su manera de filmar. El sonido le permitía crear una obra de arte consumada, completa en todos los sentidos, Nada sería dejado al azar, todo ahora sería perfectamente, inefablemente Chaplin. La técnica fue tan exitosa que, más tarde, Chaplin volvió a sus films mudos y los relanzó con bandas sonoras. Fue así que «La quimera del oro», realizado en 1925, ganó su sonorización en 1942.
Como Chaplin no sabía leer partituras, cuando se trataba de escribir música para films, él tarareaba e improvisaba y sus colaboradores captaban y orquestaban su improvisación. «Sus asistentes pasaban por momentos terribles», contó Davis. «Debe haber sido una tortura. El era muy, muy temperamental».
El propio Chaplin escribió respecto de ese proceso: «A veces, algún músico se ponía arrogante conmigo y yo acostumbraba interrumpirlo diciendo corto y seco: 'Sea cual fuere la melodía, el resto es apenas un acompañamiento musical'. Después de ponerle música a uno o dos films, comencé a pensar en una partitura de maestro con ojo profesional e intentar saber si había un exceso orquestal en la composición. Si yo veía una porción de notas en la sección de los instrumentos de metal, decía: 'Está muy negro en los metales'».
La experiencia anterior de Chaplin en los salones musicales también influyó en su manera de trabajar la música. Como afirmó él en una entrevista radiofónica en 1952: «Uso la música como un contrapunto y aprendí eso en la compañía de Fred Karno».
«Por ejemplo, si había un ambiente miserable en el cual trabajaban muchos comediantes haciendo el papel de vagabundos, tenía que oírse música fina, muy bonita, algo del siglo XVIII, muy lujosa y grandiosa y eso sería un contrapunto satírico.»
Esa técnica es evidente en «La quimera del oro», particularmente en la famosa escena en que el pequeño vagabundo y un compinche se encuentran en una barraca, bloqueados por la nieve y sin comida. Es Día de Acción de Gracias y el vagabundo da la idea de cocinar su bota para comerla en la cena.
Davies dice «Para dar sustentación a esas acciones, él nos da la música de un trío que toca en el patio bajo las palmeras». El expresa sentimiento y también sentimentalismo.
La existencia de Chaplin como una celebridad en la California de la preguerra lo llevó a un contacto constante con una serie de músicos clásicos famosos, que parecían admirarlo mucho. Hay documentales de la época del '30 que lo muestran improvisando duetos con la compositora y pianista Germaine Tailleferre. También era muy amigo del compositor Hans Eisler (y tuvo un momento difícil durante una entrevista después del lanzamiento de «Monsieur Verdoux» en 1947, cuando fue instado a responder a las acusaciones de que Eisler era comunista). Fue fotografiado con el gran violinista Yasha Heifetz y se reunía a comer con Horowitz, Rachmaninoff y Schoenberg.
Stravinsky estaba impresionado con la idea de hacer un film con Chaplin. Cuando cenaban juntos, a Chaplin se le ocurrió un guión surrealista ambientado en un club nocturno decadente que incluiría una representación de la crucifixión de Cristo. Stravinsky quedó shockeado y consideró sacrílega la idea. Chaplin luego perdió el interés en ella.
«Los compositores tenían una idea muy extraña respecto de la idea de cómo podrían trabajar con Chaplin», dice Davis. «Schoenberg, por ejemplo, pensaba que podría escribir primero una partitura y hacer que Chaplin describiera después las escenas en torno a ella. Pero, es natural que esos grandes artistas hayan sido atraídos por el genio de Charlie. El era uno de ellos. Sus partituras, dentro de los límites que él mismo trazó, son perfectas.Yo no cambiaría en ellas ninguna nota.»



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