14 de diciembre 2000 - 00:00

Charles Chaplin, también un maestro en lo musical

Chaplin músico.
Chaplin músico.
Londres - «Nada es más emocionante que oír a una orquesta de 50 instrumentos tocar por primera vez una música que uno mismo compuso», escribió Charles Chaplin en su biografía. Tal vez, haber sido un genio de muchas facetas (actor cómico de imaginación extraordinaria, director perfeccionista e incansable, cofundador de la United Artists) parece razonable que Chaplin tuviera algún otro talento.

Pero, aunque ahora sea algo olvidado por la mayoría, Chaplin fue un músico consumado que escribió bandas sonoras para casi todos sus films, aunque no siempre hayan sido firmadas por él, como en el caso de «El gran dictador», cuya banda sonora fue escrita por Chaplin en sociedad con otro músico. Su banda de «Luces de la ciudad» le valió un Oscar; Petula Clark llegó a hacer un enorme éxito con la canción «This is my song» de «La condesa de Hong Kong», compuesta por Chaplin.

Las músicas de Chaplin son melodías que se aprenden con naturalidad, quedan sonando en nuestra cabeza y, sin querer, uno se ve tarareándolas. Su sentimiento por la música vino de una infancia sumergida en las canciones y valses de los salones de música. Cuando era niño, Chaplin trabajó en teatro como miembro de un grupo itinerante de zapateo, llamado «Eight Lancashire Lads») y, más tarde, para la exitosa compañía de comedia perteneciente al empresario Fred Karno. El tocaba el piano y, cuando era chico, adquirió un violín y un violoncello (con las cuerdas colocadas al revés porque era zurdo). Como no sabía leer música, tocaba todos sus instrumentos de memoria.

«Desde los 16 años, yo me ejercitaba en mi cuarto, de cuatro a seis horas por día. Todas las semanas, tomaba clases con el maestro de teatro o alguien recomendado por él», dice en su autobiografía. «Yo tenía grandes ambiciones de ser un artista de concierto o, si eso no salía bien, tocar en un espectáculo de variedades», agrega.

Pero ¿cómo es que terminó componiendo? El factor determinante fue la introducción del sonido en los films. El concibió su película «Luces de la ciudad» como un film mudo, pero el sonido se tornó una opción cuando lo estaba realizando.

Según Carl Davis, que dirigió hace unos días en Londres, la partitura de Chaplin para «La quimera del oro», «él tomó una decisión espantosa: mantener «Luces de la ciudad» como un film mudo, es decir, sin diálogos. Pero aprovechó la nueva técnica para escribir y grabar una música y también algunos efectos sonoros. Fue entonces para Ambito Financiero que evolucionó la idea del Chaplin compositor.

Antes de la introducción del sonido, él escogía personalmente que música debía ser interpretada en los cines con sus films mudos. Pero la invención de la banda sonora grabada le daba un control absoluto, un concepto que fue de capital importancia para su manera de filmar. El sonido le permitía crear una obra de arte consumada, completa en todos los sentidos, Nada sería dejado al azar, todo ahora sería perfectamente, inefablemente
Chaplin. La técnica fue tan exitosa que, más tarde, Chaplin volvió a sus films mudos y los relanzó con bandas sonoras. Fue así que «La quimera del oro», realizado en 1925, ganó su sonorización en 1942.

Como
Chaplin no sabía leer partituras, cuando se trataba de escribir música para films, él tarareaba e improvisaba y sus colaboradores captaban y orquestaban su improvisación. «Sus asistentes pasaban por momentos terribles», contó Davis. «Debe haber sido una tortura. El era muy, muy temperamental».

El propio Chaplin escribió respecto de ese proceso: «A veces, algún músico se ponía arrogante conmigo y yo acostumbraba interrumpirlo diciendo corto y seco: 'Sea cual fuere la melodía, el resto es apenas un acompañamiento musical'. Después de ponerle música a uno o dos films, comencé a pensar en una partitura de maestro con ojo profesional e intentar saber si había un exceso orquestal en la composición. Si yo veía una porción de notas en la sección de los instrumentos de metal, decía: 'Está muy negro en los metales'».

La experiencia anterior de Chaplin en los salones musicales también influyó en su manera de trabajar la música. Como afirmó él en una entrevista radiofónica en 1952: «Uso la música como un contrapunto y aprendí eso en la compañía de Fred Karno».

«Por ejemplo, si había un ambiente miserable en el cual trabajaban muchos comediantes haciendo el papel de vagabundos, tenía que oírse música fina, muy bonita, algo del siglo XVIII, muy lujosa y grandiosa y eso sería un contrapunto satírico.»


Esa técnica es evidente en «La quimera del oro», particularmente en la famosa escena en que el pequeño vagabundo y un compinche se encuentran en una barraca, bloqueados por la nieve y sin comida. Es Día de Acción de Gracias y el vagabundo da la idea de cocinar su bota para comerla en la cena.

Davies
dice «Para dar sustentación a esas acciones, él nos da la música de un trío que toca en el patio bajo las palmeras». El expresa sentimiento y también sentimentalismo.

La existencia de
Chaplin como una celebridad en la California de la preguerra lo llevó a un contacto constante con una serie de músicos clásicos famosos, que parecían admirarlo mucho. Hay documentales de la época del '30 que lo muestran improvisando duetos con la compositora y pianista Germaine Tailleferre. También era muy amigo del compositor Hans Eisler (y tuvo un momento difícil durante una entrevista después del lanzamiento de «Monsieur Verdoux» en 1947, cuando fue instado a responder a las acusaciones de que Eisler era comunista). Fue fotografiado con el gran violinista Yasha Heifetz y se reunía a comer con Horowitz, Rachmaninoff y Schoenberg.

Stravinsky
estaba impresionado con la idea de hacer un film con Chaplin. Cuando cenaban juntos, a Chaplin se le ocurrió un guión surrealista ambientado en un club nocturno decadente que incluiría una representación de la crucifixión de Cristo. Stravinsky quedó shockeado y consideró sacrílega la idea. Chaplin luego perdió el interés en ella.

«Los compositores tenían una idea muy extraña respecto de la idea de cómo podrían trabajar con Chaplin»
, dice Davis. «Schoenberg, por ejemplo, pensaba que podría escribir primero una partitura y hacer que Chaplin describiera después las escenas en torno a ella. Pero, es natural que esos grandes artistas hayan sido atraídos por el genio de Charlie. El era uno de ellos. Sus partituras, dentro de los límites que él mismo trazó, son perfectas.Yo no cambiaría en ellas ninguna nota.»

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