Ciertas Petunias celebra sus 15 años con parodia del clásico ritual

Espectáculos

La obra, “Frágil resplandor”, se ofrece los sábados en el Border, con dirección de Agustín Soler.

“No hay tantos grupos como el nuestro que perduren porque lleva mucho trabajo si es un proyecto independiente”, dice Lucía Braude, integrante de Ciertas petunias, que cumplió 15 años en pandemia y lo festeja con un nuevo espectáculo. Como varios que siguen festejando quinces o casamientos postergados, el grupo que se completa con Magdalena Barla, Camila Campodónico, Natalia Guevara y Tania Valsecchi lanza “El quince, frágil esplendor”, aunque ya sean diecisiete. Con dirección de Agustín Soler y producción musical de Micaela Vita y Juan Saraco, puede verse los sábados en Teatro Border. Dialogamos con Braude.

Periodista: ¿Cómo abordan el tema de la típica fiesta de rituales clásicos y mandatos sociales?

Lucía Braude: Contamos todos los clichés de los 15: las mesas, la entrada de la homenajeada, los vestidos, los shows bizarros que se contratan, las tandas de baile, la vorágine, el maquillaje, cambios de vestuario, la chica que no sabe si está en un cumple o en esa corrida. Saludó, sonrió, se escondió, hay invitados que no sabe quiénes son y hay que agradecer. Es una carrera que cuando llega al final, deja vacío. Mucho preparativo de fiestas rococó y tules que se vuelven en contra cuando terminan. Y la foto como el único recuerdo, así lo venden los fotógrafos, la fiesta como mandato.

P.: ¿Cuentan en clave paródica sus propias fiestas de 15?

L.B.: Somos estas mujeres de 30 y pico festejando sus 15, y está la que quiere huir y la que se siente en Disney. Pero ninguna de nosotras hizo fiesta de 15, es un momento en que no importa qué se piense o crea, te metés en un vestido y los festejás. Hoy está más desestructurado, se elige, y otros conservan la tradición. Antes si se podía, se hacía casi por obligación.

P.: ¿Qué incorporaron en relación a espectáculos anteriores?

L.B.: Sumamos un productor musical que marca mucho la diferencia. Antes hacíamos todo nosotras, ahora componemos algo super sencillo y los productores le dan forma. Aconsejan qué instrumentos van mejor con tal melodía, es tiempo ahorrado y conocimiento. Cada canción que nos pasaron fue como pasar de un dibujito a una gran pintura. Y la escenografía ahora no es sólo instrumentos, sino que se ve en el escenario. Antes era una fantasía, con el guión construíamos la escena, ahora hay utilería, cambios de vestuario, una proyección. Cantamos sobre pistas, éramos reticentes a eso pero hay algo de gracioso de eso que nos vino bien. Desde luego está la voz del DJ que indica el timing de la fiesta.

P.: ¿Hay menos grupos de varieté o music hall que en el pasado?

L.B.: Las Ramponi tienen un código parecido al nuestro, también están los Vox Pop, y después los grandes musicales. No hay muchos grupos que perduren porque lleva trabajo si es un proyecto independiente. Hay poco dinero, se buscan subsidios y hacemos el guión, componemos las letras, ensayamos coreografías, diseñamos la puesta, somos todas además madres y laburantes en otros trabajos. Si alguien duda del amor al arte, es lo que más hay. Siempre nos fue bien pero la pandemia nos hizo difícil volver a arrancar.

P.: ¿Qué falta para que la escena pueda seguir desarrollándose?

L.B.: Más apoyo a proyectos culturales, está todo muy centralizado, por ejemplo, estamos en el catálogo del INT en la cartera de espectáculos para poder hacer función en teatros del interior y pagan cierto caché. Eso debería suceder para todas las obras, lo que federaliza los contenidos y los expande más allá de Buenos Aires. Desde que tengo recuerdo siempre fue así y mucho no cambió.

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