"Coco Chanel fue la sofisticada más rea que conocí en mi vida"

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"Después de Katharine Hepburn voy a ser la primera actriz que interprete a Coco Chanel; la responsabilidad es enorme», afirma Esther Goris en su camarín del Teatro Broadway, rodeada por una veintena de sombreros y una nutrida estantería con biografías de la célebre diseñadora francesa. La actriz dialogó con Ambito Financiero sobre su unipersonal «Coco de París», escrita y dirigida por Daniel Mañas que estrenará el 11 de enero en ese teatro (y que este diario ofrecerá en avant-première mañana a las 21.30) y, de paso, despejó algunos mitos que rodean su figura desde que el director Juan Carlos Desanzo le confió el papel de Eva Perón.


Periodista: ¿Qué aspectos de Coco Chanel muestra la obra?

Esther Goris
: Ella nos relata su vida cuando ya ha vivido buena parte de ella. Hay distintos flashbacks: cuando tiene 12 años, su madre muere y su padre la abandona en un orfanato. También aparece a los veinte, cuando empieza a cantar y bailar en un cabaret de provincia, que es precisamente en donde surgió su nombre. Según ella, era un apodo cariñoso que le había puesto su padre, pero en realidad era el grito de batalla del cabaret donde actuaba. «Coco» era el nombre de un perrito perdido de una de las canciones. Quién iba a pensar que ese nombre iba a ser sinónimo de lujo en el siglo XX.

P.: ¿Qué rasgos le interesó captar del personaje?


E.G.:
Me ocupé de hacerla tal cual era. Para eso, estudié muy bien sus gestos en fotos y documentales. Muchos, deben pensar que fue una mujer glamorosa y etérea. Justamente por eso, porque fue todo lo contrario, y yo digo que fue la sofisticada más rea que he conocido en mi vida.

Era hiperquinética, nerviosa, autoritaria, siempre con un cigarrillo en la mano. Fumaba 60 cigarrillos por día y vivió hasta los 88 años, pero bueno, eso no es ejemplo de nada, porque también tomaba morfina para poder dormir. Una modelo que trabajó con ella me contaba que era tal el fervor con el que se desempeñaba y el nerviosismo de sus movimientos que la dejaba toda pinchada cada vez que le probaba un vestido. Porque Coco Chanel diseñaba sobre el cuerpo de sus modelos. En fin, yo la quise hacer como era en verdad.

P.: Usted siempre elige personajes femeninos de armas tomar. Primero interpretó a Eva Perón; después, escribió sobre Agata Galiffi, una figura líder dentro de la mafia; y ahora, la controvertida Chanel.


E.G.: Eva Perón,Agata Galiffi
y Coco Chanel se animaron a cosas que la mayor parte de nosotras ni siquiera se imagina. Ellas lo apostaron todo a una sola carta y pagaron por eso un precio terrible. Eva, con su cáncer; Agata, con un suicidio y esta mujer, con la terrible soledad que siempre la acompañó.

P.: A cuatro años de encarnar a Eva Perón se sigue rumoreando que usted quedó como poseída por el personaje. ¿Tanto le costó despegarse?


E.G.:
(Se ríe) La que no se podía desprender del personaje era la gente. La película generó un fenómeno curioso, mucha gente se acercó a mí y pasaron cosas increíbles. Hubo funcionarios que me llamaron para ofrecerme cargos políticos, gente del pueblo que venía a pedirme ayuda o a contarme sus problemas. Cuando un país necesita héroes y sólo los tiene en su pasado, es lógico que la gente necesite volver a verlos. Le confieso una cosa que nunca conté, pero ahora ya pasó bastante tiempo: yo pedí por favor que sacaran los discursos porque quería mostrar la Eva íntima, la que nadie había visto nunca. No quería que se mostrara esa Eva pública que todos tenían en sus oídos. ¿Quién le iba a perdonar a una actriz esa imitación? Y sin embargo, ésos fueron los momentos del film que la gente más agradeció.

P.: Todavía se le reprocha a Chanel su colaboracionismo con los nazis y su trato no muy democrático con sus empleados...


E.G.:
Sí y en la obra ella habla de su colaboracionismo y la vemos defenderse frente a un tribunal. Pero, más allá de eso, es una mujer atípica y la obra la muestra en toda su complejidad. Además, es una pieza que tiene muchísimo humor, es para disfrutar. A Katharine Hepburn, desgraciadamente, le tocó hacer una versión ingenua e irreal porque respondía a la imagen que quería dar de su vida la propia Coco Chanel. Ella en vida se hizo hacer un musical en Broadway y contar que su padre fue a hacer dinero a América para poder llevarla con él y reemplazar las monjas del orfanato por unas supuestas tías muy severas. Chanel nunca entendió que su vida real era cien mil veces más interesante que esa fábula naif que había inventado para sí misma.

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