8 de octubre 2002 - 00:00

Colón, entre goteras y deudas en dólares

No cabe duda de que el teatro Colón requiere una restauración. Sus cañerías hacen agua, a muchas zonas no llega calefacción ni refrigeración, y varias de las bellas molduras de la fachada se están desintegrando y podrían aterrizar sobre la cabeza de cualquier transeúnte, habitué o no del primer coliseo.

Pero, aunque no se trate sólo de prevenir catástrofes, era de esperar que el Gobierno de la Ciudad decidiera renovar un Teatro que brinda tanto prestigio y al que, también en lo edilicio, se viene cuidando tan poco. Claro, hay que ver cómo. En las gestiones de Kive Staiff, Luis Ovsejevich y la tercera de Sergio Renán se anunciaron varias veces reformas al teatro, que por una razón u otra nunca se cumplieron. El proyecto más romántico fue el de Ovsejevich, en plena época de la convertibilidad, que hasta llegó a soñar con un bar vienés belle époque sobre la explanada de la calle Libertad. Allí, donde alguna vez relucieron joyas, pieles y smokings (vestimenta ya no más obligatoria sino desaconsejada), hoy se apiñan los cartoneros.

El pasado jueves, el secretario de Cultura, Jorge Telerman, reunió en su despacho a los máximos funcionarios de las áreas de Patrimonio e Infraestructura para presentar el plan de obras al que se refirió oportunamente este diario («Master Plan... etc.»), que ya comenzó con la restauración de los vitrales y concluirá en 2008 con el impulso de un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo cuyo monto es equivalente a 22 millones de pesos. Desde ya, los empleados del teatro pusieron el grito en el cielo: dicen que no hay ni para comprar resmas de papel.

Telerman
tuvo que forzar la voz porque la potencia de los bombos piqueteros amenazaba aguarle la reunión. Pero en todo caso, aunque algunos pasajes de la exposición se perdieron bajo el sonido prepotente del bombo, todos parecían felices de incrementar la deuda externa. No se trata de un préstamo de fondo perdido, sino de un préstamo en dólares a devolver en 20 años y con interés de 7% anual.

El encargado de la unidad ejecutora que supervisa las obras y el gasto del dinero del BID aseguró que los gastos operativos son nulos, pero se sabe que los rituales del organismo demandan onerosos controles de ambas partes, tanto del Banco como del Gobierno de la Ciudad. «Se trata del Colón» justifican.

Telerman
va a licitar rápidamente la obras del comedor que otorgará en concesión, y el shopping para vender souvenirs que desapareció hace varios años. También dijo estar dispuesto a defender ante los legisladores un aumento de 20 millones para el presupuesto de Cultura de 2003, que hoy es de 135 millones y asciende a 4,3% del global de la Ciudad.

¿Por qué el endeudamiento en dólares cuando no se trata de insumos importados y los pagos hay que hacerlos en pesos? ¿Por qué consultores «estretégicos» extranjeros? Las respuestas no son claras. El préstamo fue otorgado en 1999 y recién ahora, al término de la gestión, deciden utilizarlo.

Además, también la Dirección de Museos va a incrementar la deuda con esos fondos para crear otro emprendimiento cuyo nombre no es menos majestuoso, «Estrategia de Identificación del Programa de Fortalecimiento Institucional». Dicho brevemente, diseñaron nuevos logos para cada uno de los museos de la Ciudad. Todo a pagar en el futuro.

Entretanto, la directora de Museos,
Mónica Guariglio insistiendo con sus afanes turfísticos, festejó el sábado y por tercera vez en el hipódromo de Palermo el día de los Museos.

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