7 de abril 2005 - 00:00
Con "Derechos torcidos", Midón hace teatro serio
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Hugo Midón celebrará sus 35 años de trayectoria con la obra
«Derechos torcidos», sobre una Convención constitucional.
Periodista: Es la primera vez que parte de un tema tan específico para armar un espectáculo.
Hugo Midón: Es cierto. En general parto de ideas o imágenes más vagas. Nunca empiezo a crear un espectáculo a partir de algo tan concreto -y mucho menos tan serio- como la Constitución. Empecé a pensar en esta obra después de leer la adaptación que hizo Graciela Montes de esta Convención. En ese momento pensé en la cantidad de chicos que está al margen de derechos tan básicos como ir a la escuela, comer todos los días o abrigarse cuando hace frío.
H. M.: Evité toda enunciación fría y solemne. Preferí hablar de una realidad que conozco bastante, la de los niños que viven en casas comunitarias. En esos hogares siempre hay un líder que hace de papá sustituto. Allí se ocupan de que los chicos coman, los llevan a la escuela, incluso al cine y al teatro.
P.: ¿Cómo son esos chicos?
H. M.: No han perdido la alegría del juego y otros rasgos naturales de los niños. No digo que la pasen bien, porque sería un absurdo, pero dentro de su situación de carencia absoluta tratan de disfrutar lo poco que tienen y a veces hasta son capaces de hacer un juego del acto de pedir limosna, como jugar con las pelotitas en los semáforos y ese tipo de cosas.
P.: ¿Cada tema musical remite a algún derecho infantil?
H. M.: No tan directamente. Son situaciones que rondan cada tema y en cada cuadro aparece un conflicto diferente, a la manera de «Vivitos y coleando». Incluso decidimos tomar un par de canciones de aquel espectáculo, porque se ajustaban perfectamente a ciertos temas que queríamos tratar.
P.: ¿Qué tipo de conflictos aparecen en la obra?
H. M.: Uno es que los chicos no quieren ir a la escuela. Eso es algo que le sucede a tres de cada cien niños en este país. En mi estudio hay muchos chicos que vienen a decirme: «A mí no me gusta ir a la escuela, prefiero venir acá al teatro, porque me gusta disfrazarme».Y yo puse todo esto en la obra. Ahí los chicos dan sus razones para no querer ir a la escuela. A veces la escuela es tan seria, tan solemne y teórica, que deja muy poco lugar para la creatividad. La información que da la escuela sirve de muy poco si no se desarrollan otras cualidades. Y la escuela las frustra porque lo creativo tiene que ver con lo personal, con mirar las cosas desde distintos puntos de vista. Eso es lo que enriquece a una sociedad no que todos digan o piensen lo mismo. La escuela empareja sí, pero siempre para abajo.
Entrevista de Patricia Espinosa



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