30 de septiembre 2021 - 00:00

Con Diana Frey se asienta festival jujeño como tercero en el país

Diálogo con una histórica hacedora de éxitos en la pantalla nacional, incluyendo "Esperando la carroza".

Cine de las alturas. Diana Frey (izq.) en la apertura de la cuarta edición del festival jujeño.

Cine de las alturas. Diana Frey (izq.) en la apertura de la cuarta edición del festival jujeño.

En una combinación de online y presencial, mañana comienza el 6° Festival Internacional de Cine de las Alturas, que desde Jujuy convoca a los siete países andinos, y ya es considerado el tercer festival de cine más importante del país. Dialogamos con Diana Frey, su productora ejecutiva, nombre clave del cine argentino como mano derecha de Alejandro Doria y otros buenos, y como anterior presidente de la Cámara Argentina de la Industria Cinematográfica, asociada a la UIA.

Periodista: En 2020 el Festival de Jujuy fue el primero en hacerse online. ¿Cómo les fue y cómo viene ahora la nueva edición?

Diana Frey: Si algo caracteriza a nuestro Festival es su capacidad de adaptación. Apenas se avizoró el problema decidimos prepararnos técnicamente para una edición online, para lo cual contamos con el apoyo enorme de la provincia. Y fue el equipo jujeño el que rápidamente organizó esa edición para que pudiera ser vista en todos los países andinos. Debimos enfrentar algunas dificultades con los derechos de las películas porque, para poder mostrarlas online, hubo que negociar los derechos de exhibición con cada uno de los países participantes. Lo bueno es que tuvimos una llegada extraordinaria a todos los países. Lo malo es que faltó el contacto personal con los directores, y de ellos con el público jujeño.

P: ¿Qué experiencia tenían ustedes en materia de festivales?

D.F.: Ninguna. ¡Los festivales son un coto de los periodistas! Todos éramos novatos, pero teníamos gran conocimiento de la industria, y contactos. A fin de cuentas, realizar un largometraje es mucho más complejo que organizar un festival. Así que nos lanzamos a la aventura.

P: ¿Y cómo empezó a producir cine?

D.F.: Estaba estudiando con Rodolfo Kuhn, ya había cursado la mitad de la carrera de contador en la Facultad de Ciencias Económicas y, seguramente por eso, me ofrecieron trabajar como ayudante de producción en “La Raulito”, de Lautaro Murúa. Después seguí en películas de Kuhn, Galettini, la primera de María Luisa Bemberg (nos sorprendía su pasión por el cine) y Raúl de la Torre. Su “Pubis angelical” tuvo una producción compleja, pero me dio el privilegio de trabajar con Graciela Borges y Alfredo Alcón, y presenciar la grabación de Charly García. Y luego, Sorin, Docampo Feijóo, Bechis, Piñeyro, Desaloms, Sally Potter, entre otros.

P.: Producir “La República perdida”, de Miguel Pérez, también habrá sido bastante complejo

D.F.: Ante todo, se hizo en plena dictadura. Comenzamos en 1980. Todo el material de archivo de noticieros estaba en manos de la SIDE o disperso y tirado por los rincones de los canales. Recurrimos al Archivo General de la Nación, pero acá la conciencia de la conservación tardó años en despertar. Lo estrenamos el 30 de agosto de 1983, dos meses antes de las elecciones que ganó Raúl Alfonsín, cuatro antes de su asunción, y recuerdo que nadie sabía lo que iba a durar, y que lo más probable era el regreso de la dictadura. Sentíamos ese peligro. Pero en esos meses un millón y medio de espectadores llenaron las salas, cifra absolutamente insólita para un documental argentino.

P.: El otro gran éxito de su carrera fue “Esperando la carroza”, de Alejandro Doria, con quien trabajó en varias películas.

D.F.: Para mi él es uno de los grandes directores del cine argentino. De una enorme sensibilidad y sinceridad, y digo esto porque en mi opinión el punto de partida de la comunicación de un director con su público es la verdad, la sinceridad. Creer absolutamente en lo que se está contando sin ningún tipo de especulación ni de mentiras. Además no conocí a ningún otro que pudiera hacer todos los géneros con esa calidad. Grotesco, drama, melodrama, policial, era increíblemente dotado para todo y, lo más importante para un productor, sabía lo que quería y no perdía el tiempo. Fue el director con quien más me gustó trabajar, y también con quien más compartimos la vida.

P.: Renglón aparte, sus servicios de producción local para Marco Risi, Emanuele Crialese (hermoso “Nuovomondo”, recreando Ellis Island en el Hotel de Inmigrantes) y James Ivory, cuando hizo en Punta Indio y estancias bonaerenses “The city of your final destination”.

D.F.: Bueno, lo de Ivory son palabras mayores. Todo su grupo era de una calidad extraordinaria. Qué decir de Anthony Hopkins, un placer inconmensurable verlo actuar, así, casi al lado suyo. En esos días estaba leyendo a Borges, lo pesqué en su mesa de luz. Y le sumo a Laura Linney, una actriz extraordinaria que en cada film está tan distinta que cuesta asociarla, y Andrew Sanders, un production designer con una experiencia y una formación muy sólidas. En proyectos como ese uno aprende mucho. Pero después la Argentina dejó de ser conveniente y en 2010 debimos interrumpir los servicios de producción para extranjeros.

P.: Y ahora, ¿qué perspectiva tiene, especialmente con el tipo de cine que muestra su Festival?

D.F.: Esta tarea que hacemos es una gran ventana para el cine, que seguramente irá creciendo, pero tenga en cuenta que hace casi dos años estamos en pandemia, lo que impide un crecimiento sostenido del cine en general. Veremos cómo sigue, porque hay mucho trabajo, pero en miniseries.

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