16 de octubre 2000 - 00:00

Con Mahler, Barenboim enfervorizó al Colón

Orquesta Sinfónica de Chicago, director: DanielBarenboim. Gustav Mahler: Sinfonía N° 7 en Sol Mayor. (12/10, Teatro Colón.Organiza: Mozarteum Argentino.)

 

En su noche de despedida, la Sinfónica deChicago desplegó todo su potencial en una gigantesca obra, que demanda unorgánico instrumental inmenso que hasta incluye guitarra y mandolina, así comoun sector de bronces que debe ser muy eficaz por su permanente actividad, lomismo para las cuerdas, que tienen una labor agotadora.

Al director Daniel Barenboim no le faltasagacidad e inteligencia para entrar en la interioridad de esta Sinfonía, poreso encontró la dinámica para llevarla adelante sin que decaiga ni un instantela atención de los oyentes, exigidos por la longitud de la obra, que era laúnica anunciada. La Séptima Sinfonía de Gustav Mahler es conocida como «Lacanción de la noche» y abarca miles de simbolismos sonoros. Sus cincomovimientos son galaxias, y en cada una de ellas surgen infrecuentes y distanciadostimbres de efectos que pueden ser siniestros, que deforman diseños presentadoscomo estructuras sólidas con avasallante energía musical y abundancia de nuevossonidos y complejas combinaciones estructurales. Su ambigüedad de concepción,seguramente intencionada, presenta elementos inesperados a cada vuelta depágina de la intensa partitura.

El gran mérito de Barenboim ha sido,precisamente, la elocuente declamación en los grandes discursos instrumentales,así como la marcación nítida en las descripciones camarísticas. Detallista comosiempre, a cada pasaje le ha dado relieve, y sus músicos tocan convencidos ysubyugados por un conductor que tiene las ideas claras. Un ejemplo, entremuchos que pueden citarse, cuando el arpa, la mandolina y la guitarra entran enacción, lo hacen construyendo un canon microscópico. Estos instrumentos soncomo una presencia abstracta y ajena, pero dan la imagen metafórica de laoscuridad impenetrable.

En el Finale volvió la destellante luz del día, elhermetismo se cierra para iluminar de esperanza y vitalidad el oscuro destinodel hombre. A la vista de la violencia de todo tipo que hoy sacude al mundo,los mensajes mahlerianos dejan de ser arte para convertirse en testimonios.

El agregado del «Scherzo» de «Sueño de una nochede vera-no» de Mendelssohn y una dinámica página wagneriana fueronla manera de despedirse de un público enfervorizado, y el mismo Barenboim pidióla palabra para decir simplemente: «Volveremos».

 

 

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