1 de septiembre 2004 - 00:00

Confusa alegoría

Confusa alegoría
Enrique Estrázulas «Los manuscritos del Caimán» (Bs.As., Sudamericana, 2004, 268 págs.)

Sin duda inspirado en sus experiencias de embajador del Uruguay en Cuba (antes fue agregado cultural en Roma y París, y actualmente lo es en nuestro país), el periodista, poeta, novelista y dramaturgo Enrique Estrázulas ( Montevideo, 1942) vuelve a la narrativa con una novela de registro poético en la que intenta metaforizar la compleja realidad política del Caribe.

Su alter ego es un escritor enamorado de la hija de un tirano casi mítico que recuerda inevitablemente a Fidel Castro, a quien describe como un megalómano cruel que se complace en tener a todo el mundo bajo su poder y control.

En esta fantasía (¿futurista?) Estrázulas le ha reservado a Cuba -o a ese supuesto «Archipiélago de Purificación»- un destino muy poco alentador. El celebrado autor de «Pepe Corvina» (novela que en los años '80 fue publicada en Francia bajo el título de «Les Feux du paradis») también se desempeñó como agregado cultural en Roma, París y Buenos Aires. De todo esto ha dejado constancia en varias de sus ficciones y también en una obra de teatro, «Borges y Perón: entrevista secreta» (estrenada por el Teatro Nacional Cervantes), en la que recreó un encuentro imaginario entre estos dos polémicos personajes.

• Aliento poético

«Los manuscritos del Caimán» recurre a un lenguaje de exquisita musicalidad y aliento poético, que incorpora al registro rioplatense toda la sensualidad y la gracia burlona del habla centroamericana. Pero como novela resulta demasiado confusa, debido a que la voz narradora pasa de un personaje a otro con excesiva liviandad, como si pesara más el dispositivo literario que el contenido de los testimonios o la verdad que intenta defender cada uno de sus protagonistas.

Estrázulas
apuesta a confundir realidad y literatura, puesto que su personaje principal, el poeta y escritor Román, es un adicto al apócrifo que hasta se atreve a inventar las cartas de su amada.

Sin embargo, este doble intento de poetizar la realidad a través de una farsesca alegoría política termina por desdibujar a la mayoría de su personajes (sobre todo los femeninos) restándole interés a la narración y dejando sin brújula la reconocida capacidad fabuladora de este escritor.

Patricia Espinosa

Dejá tu comentario

Te puede interesar