La escritora porteña María Fasce es a sus 31
Periodista: ¿Por qué su libro «La felicidad de lasmujeres» no contiene ningún cuento con ese título?
María Fasce: El libro se llamaba «Celos», asílo envié al Premio Borges, que al final no publicó Emecé, donde estaba entreotros jurados Abelardo Castillo, y como «Opacas y brillantes» al Premio delFondo Nacional de las Artes, y cuando gané ese premio, y lo tenía que publicar,había algo que hacía de «Celos» según mis amigos un título olvidable. Y loabandoné a pesar de que tenía mucho que ver con los cuentos y que erarepresentativo del libro. Celos es un estado de ánimo, algo muy frágil, casiinasible, tema que se reproduce en todos los cuentos. Me hubiera gustadoponerle el título de un libro que me encanta, del que me siento muy deudora,«La soledad de las parejas» de Dorothy Parker; pensando en él se me ocurrió «Lafelicidad de las mujeres». Es irónico, porque lo que planteo no es laimposibilidad de conseguir la felicidad sino de conservarla. La felicidad escomo quien está frente a una pileta de natación. El único momento de felicidadabsoluta es cuando está saltando sobre el trampolín, antes en todo lo previo,en toda la espera, y luego en el hundirse en las aguas y salir ya no se tratade la felicidad, de esa felicidad absoluta que todos pretendemos. Ese es elgran drama de todas las historias y de la vida. Una vez que uno se instala enla felicidad la pier-de, eso pasa todo el tiempo, no se puede remediar.
P.: ¿Cómo son sus cuentos?
M.F.: No me interesan al escribir las grandestragedias, creo que los verdaderos dramas ricos literariamente tienen que vercon sentimientos o con la felicidad. En ese sentido me pregunto ¿qué hizoFlanney O'Connor hablando de eso?, ¿y Katherine Mansfield?, ¿y Lorry Moore?Quiero provocar en el lector lo que a mí me pasa con los cuentos que me encantan,los de Chéjov, Cheever, Highsmith.
P.: ¿Ningún argentino?
M.F.: Los argentinos que me gustan buscan esomismo, por ejemplo Birmajer o Nilsen. Creo que hay dos familias de escritores.Es como cuando las mujeres miramos a los hombres y los hombres miran a lasmujeres. Alguien que se ve atractivo, inteligente, brillante, no nos enamora yalguien que es todo lo contrario nos gusta, con los escritores nos pasa lomismo. Sé que Dostoievski es un gran escritor, pero no me pasa nada al leerlo,y otro imperfecto, me hacen llorar, me pone ansiosa todo el día, me inquieta.Con los escritores argentinos me pasa lo mismo. Un ejemplo, Saer es el únicoescritor vivo que hizo algo nuevo con el lenguaje, me interesa su obra, pero nome influye en absoluto, y sí me siento identificada con lo que escribe Birmajero con lo de Nilsen, y no hay muchos más.
P.: Hay algo singular en su estilo, parece evocarformas del pasado, de los años '60.
M.F.: Los '60 es una lacra que seguimospadeciendo. Un escritor no tiene que haber vivido las cosas para contarlas, selas tiene que imaginar. No me quedé ciega ni tengo hijos como algunospersonajes de mis cuentos. Odio lo falsamente moderno, hay una serie deescritores que copian lo que se hace en Estados Unidos, lo que hicieron McInnery,Breat Easton Ellis; me parece artificial, porque eso no pasa acá. Lospersonajes de mi libro, para mí, existen aquí, o los conocí o los puedo conoceren cualquier momento.
P.: Después de este libro ¿qué escribirá?
M.F.: Una novela, y para eso la cabeza seprograma de mane-ra diferente, son escrituras distintas, valores nocomparables, desafíos distintos. Un libro de cuentos de Katherine Mansfield estan bueno, o mejor, que «El diario de Edith» de Patricia Highsmith. En ciertosentido es más fácil escribir una novela que un cuento, porque una novela en suextensión permite partes que no son tan buenas. Novelas como «Anna Karénina» deLeón Tolstoi o «El fin de la aventura» de Graham Greene tienen páginas quepodrían sacarse, que en una lectura rápida pueden saltearse, en tanto que losmejores cuentos de Raymond Carver o de Chéjov no tienen nada que sobre, es unmecanismo perfecto, no admite zonas bajas. No digo que sea el caso de miscuentos, pero es algo que trato de hacer.
P.: ¿Puede contar el tema de esa novela que estáescribiendo o sostiene la superstición de no adelantar nada?
M.F.: El tema es el mismo de mis cuentos, lafelicidad, la falta de felicidad, el deseo, la pérdida del amor. Puede avanzarmucho la ciencia pero de las cosas que importan no sabemos nada, ni losfilósofos, ni los psicoanalistas, nadie sabe nada.
Todos tratamos de entender por qué nos enamoramos por undetalle y por el mismo detalle nos desenamoramos. Es lo que trato de saber: porqué. Esas son tragedias: querer seguir amando a quien ya no se ama, y al revés.No hay nada racional que permita explicar: eso pasó por tal cosa, y esdesesperante. No se puede planificar la vida. En una película de Truffaut unpersonaje dice «enamorarse es hacer lo que no te conviene», y es tal cual. Conalguien que interesa se hacen cosas que no convienen y con quien no interesauno hace gala de seducción.
P.: ¿Por qué en la Argentina, donde hay tantasmujeres que escriben, no tenemos una literatura femenina importante?
M.F.: Eso lo dice usted.
P.: No tenemos a narradoras que interesen a lagente como las chilenas Isabel Allende y Marcela Serrano, ni la mexicanaAngeles Mastretta, etcétera.
M.F.: No hay una razón. También para otrosaspectos vale ese «no tenemos». No estoy segura de que no haya una granliteratura femenina. Yo quiero interesar a la gente. Marcela Serrano, más alláque a uno le guste o no, dijo que lo que hace es dar su verdadera jerarquía alas conversaciones femeninas. A mí me cuesta creer que las escritoras no esténpreocupadas por los sentimientos. Yo no podría escribir sobre el Proceso,porque es algo que no viví, entonces por qué me voy a hacer la interesada sobreese tema. Por qué voy a poner en mis libros a un represor, si no conozco a uno.No puedo escribir de nada que no me influya.
P.: ¿Por qué cree que aún hay escritores en laArgentina que sólo parecen dedicarse a esos temas, aunque a los lectores no lesinteresan?
M.F.: Acaso lo que falta es sinceridad en loque se escribe. A mí lo único que me importa es lo que me trae insomnio, medesespera, me crea ansiedad: como ser feliz.
P.: ¿Por qué considera que los sentimientos son lomás importantes hoy para una narradora joven?
M.F.: Acaso tenga que ver con mi formaciónreligiosa cuando era chica. Esos temas son mucho más importantes y cruciales enlas mujeres que en los hombres. Es el tema del ideal, del modelo que se quiereseguir. Los hombres más o menos saben qué quieren hacer, cómo quieren vivir ocómo van a ser felices. En cambio las mujeres tienen tantas, pero tantasposibilidades. Y cuando llegan a los 35 años entran en desesperación porque nosaben cómo ser felices. Todas quieren un hijo, no saben por qué, pero quierenun hijo; quieren un marido nuevo, porque ya se separaron; piensan que es suúltima posibilidad de triunfar en el trabajo o en lo que sea. Es un caos,porque en el fondo nada de eso les puede traer felicidad. Mis cuentos tratan demostrar eso. Decía Flaney O'Connor que un buen cuento cuenta qué haría unapersona determinada en una situación determinada y cómo lo haría. Mostrar allector que lo que hace esa persona es lo único que podría hacer en esasituación. ¿Qué hace una mujer que se queda ciega y en ese momento recupera elamor de un hombre, que era lo que estaba esperando, pero ya no lo quiere? ¿Quépasa con una mujer que quiere tener un hijo y está en un pelotero y mira a unchico que se le acerca y lo quiere raptar?
P.: ¿Cómo son las mujeres a las que usted hacereferencia?
M.F.: Algunas recibieron una educación liberal,como pasa a las hijas de las madres de los '60, donde todo es posible, se puedehacer de todo, los hombres son una porquería, hay que gozar del sexo y nadamás. Eso no trae felicidad. Otras tienen otro modelo, como es mi caso, serbuena alumna, llegar virgen al matrimonio, casarse, tener una familia, hijos.Eso tampoco trae la felicidad. Ninguna de las dos cosas la ofrece. ¿Dónde estála felicidad? La tentación más fácil es irse al otro extremo. Y las feministasson patéticas. ¿Qué hay que hacer, para ese reclamo de Borges, ser feliz? No losé, nadie lo sabe porque esa meta no es fija, es móvil. Me interesa escribirsobre eso, nada más.


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