20 de febrero 2007 - 00:00
De cine
Nelson Mandela lo confundió con un magnate y lo nombró miembro honorario de su fundación; Fidel Castro grabó un video hogareño para su ex novia; el príncipe Carlos de Inglaterra lo invitó a almorzar a Buckingham y hasta le solicitó una donación; también se cruzó con Cristina de Kirchner en una reunión en París y, su empresa, produjo "Babel", film que compite para los Oscar el domingo. Se llama Fernando Sulichín, y se le ofrece a Néstor Kirchner para vender la Argentina como imagen. Parece serio, ¿lo será? Se vende bien, es argentino por supuesto.
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Arriba, Fernando Sulichín paseando por Berlín con Oliver Stone; al medio, con Fidel Castro cuando se filmó el famoso documental en La
Habana. «Ahora quiero trabajar para mejorar la imagen de la Argentina en el mundo», dijo el productor a este diario.El productor
argentino con
Nelson
Mandela, que
creyendo que
él había
donado u$s 3
millones a su
país (en
realidad fue
una empresa
que contrató a
Sulichín), lo
nombró
miembro
honorario de
su fundación (abajo).
F.S.: Fui el creador del proyecto con Fidel Castro, tuve la idea, la ejecuté y fueron las primeras colaboraciones entre mi productora y Oliver Stone. Siento que ya fue demasiado en cuanto a adrenalina y fue raro no tener que pagar derecho de piso para tener esas experiencias pero ocurrieron, y si sigo, voy a terminar con un infarto. P.: Cuéntenos alguna anécdota con Castro.
F.S.: En ese momento yo me había peleado con mi novia entonces Fidel me dijo «Tu novia no te entiende, tú eres un revolucionario», y me hizo un video hablándole a mi novia, buscando convencerla de que volviera conmigo. Decía con su tono tan gracioso «Tienes que entenderlo; Fernando es una persona de la cultura, por el futuro de las generaciones, tienes que volver con él». Ese video me sirvió a mí de documento, pero no para que volviéramos. Al final el que no quiso volver con ella fui yo.
P.: ¿Cómo conoció a Nelson Mandela?
F.S.: Además de producir cine, yo me ocupo de campañas de comunicación de grandes compañías. Fue por eso que me llamó Telecom Italia para hacer una megacampaña con Nelson Mandela, Leonardo Di Caprio, Oliver Stone, Spike Lee y Woody Allen. Mandela hablaba del futuro y la compañía se vinculaba con la comunicación del futuro. Le pagaron a Mandela tres millones de dólares que donó a su fundación, Mandela's Children. Pero esa semana empecé a salir en todos los medios como que yo era el magnate que había donado a Africa los tres millones de dólares. En ese momento Mandela me nombró miembro honorario de su fundación.
P.: ¿Y le aclaró a Mandela que no era usted el millonario?
F.S.: Claro, pero para ese entonces Mandela me había organizado una gran fiesta y a los pocos días recibí una carta del príncipe Carlos, invitándome a almorzar en el Palacio.
P.: No sería para pedirle plata...
F.S.: Sí, me pidieron una donación y nuevamente tuve que explicar el malentendido. De ahí en más descubrí que el cine te puede meter tanto en cosas extrañas como divertidas. También decidí que quiero trabajarpara ayudar a Argentina a elevar su imagen en el mundo. Partiendo de mi experiencia en la comunicación de empresas, Argentina debe comunicar sus ventajas para los inversores como si se tratara de una empresa. No alcanza sólo con arreglar con el FMI o el Club de París.
P.: ¿De ahí su participación en la reunión con Cristina Kirchner en París?
F.S.: Eso surgió porque el embajador Calcagno, a quien conozco hace años, invitó a gente de la cultura y empresarios fuertes para explicar el fenómeno argentino. Me invitó y yo asistí, pero veo la Argentina desde afuera, hace 20 años que no estoy en el país. Pese a que se critica, el crecimiento del país indica que es un mercado emergente tan grande como China o India, pero no está publicitado lo necesario. Todas esas personalidades del almuerzo hablaban directamente con Cristina y se mostraban realmente sorprendidos por su liderazgo.
P.: El diario «Sunday Times» habló de ella como «Nueva Evita» en cuanto a habilidades diplomáticas, ¿coincide?
F.S.: Como argentino soy escéptico en general, pero Cristina mostró tenacidad, es una estrella. También es elegante, coqueta, pero ¿qué tiene de malo?, tiene que serlo si es primera dama. A toda esa gente que la conoció en ese almuerzo nos pareció una persona preparada, sólida, también simpática.
P.: El mismo diario la comparó con la filipina Imelda Marcos, por «su gusto por la ropa y calzado de diseñadores».
F.S.: Es elegante y debe serlo, y eso que no suelo sorprenderme demasiado pues he conocido a Brando, El príncipe Carlos, Mandela, mis novias son modelos y actrices, o sea, la gente no me impresiona mucho, y no quiere decir que esté más allá del bien y del mal, pero gracias a esta profesión, pasé por situaciones privilegiadas. En el almuerzo, Cristina estaba cómoda con todos, no había agendas de intereses.
P.: Diría que no es sólo elegante, entonces.
F.S.: Sí. Sabe lo que habla, tiene convicción, firmeza y determinación. Pero repito que soy apolítico y me reúno con la esposa del presidente Kirchner como con DiCaprio o Woody Allen. No sé si se postulará ella o su marido, tampoco me interesa, pero sí quisiera que tomasen conciencia que Argentina crece tanto que necesitará, quizá exagere, un Chocón por año para cubrir su crecimiento y eso debe explicársele a los inversores. Generalmente espero enfrente a un chanta, porque soy muy desconfiado, pero en Cristina vi seriedad.
P.: ¿Qué mitos se le cayeron al conocer a toda esta gente que nombra?
F.S.: Aprendí que todas son personas normales; pasa que la gente está más mediatizada de lo que uno cree. Vivimos en la era de las celebrities y perdemos de vista la esencia. Oliver Stone es uno de los mejores directores a nivel humano, transpira talento, hizo dos obras maestras, «JFK» y «Persona no grata», pero es un incomprendido. Lo critican como a todos los personajes que dejaron huella. Pero todo lo que se cree y lo que parece es diferente a la realidad, más en Argentina donde hay mucha desinformación.
Entrevista de Carolina Liponetzky




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