17 de abril 2008 - 00:00

De cómo convocar buenos actores en vano

Un payasesco Jean Rochefort y Charlotte Rampling protagonizan «De amor y desencuentro», disparate sin gracia ni ingenio del director francés Antoine de Caunes.
Un payasesco Jean Rochefort y Charlotte Rampling protagonizan «De amor y desencuentro», disparate sin gracia ni ingenio del director francés Antoine de Caunes.
«De amor y desencuentro» (Désaccord Parfait, Francia-Gran Bretaña, 2006, habl. en francés e inglés). Dir. y Guión: A. De Caines. Int.: C. Rampling, J. Rochefort, I. Nanty, I. Richardson, J. Thiérrée, Y. Jacques.

"Desacuerdo perfecto", el título original de esta película, le va perfectamente al guionista y director francés Antoine de Caunes, quien se ve que no pudo ponerse de acuerdo consigo mismo a la hora de decidir qué es lo que quería hacer. Al principio se trataría de una comedia, aunque no precisamente por la gracia de un Jean Rochefort payasesco siendo humillado públicamente por Charlotte Rampling en pleno dominio de su belleza otoñal. Luego, bueno, a decir verdad, las cosas siguen más o menos payasescamente igual, aunque parece que De Caunes pretendía que sean emotivas, románticas, nostálgicas, o algo por el estilo. Según puede verse en las fotos que acompañan los títulos de presentación, Rochefort es un viejo cineasta francés que en el pasado tuvo a Rampling como musa y amor, hasta que, por una razón que ella le vociferará más adelante, todo terminó muy mal entre los dos. Treinta años después de la separación, él viaja a Londres a recibir un premio honorífico, que para escándalo de Rampling (ahora, prestigiosa actriz shakespeareana, casada con un magnate hiper british y con un hijo treintañero) se lo debe entregar ella.

Por uno de los innumerables caprichos -que no «vueltas de tuerca»- del pedestre guión, el viejo director termina alojado en la mansión de Rampling, donde todo el mundo, incluyendo el mayordomo, no es lo que parece ser. Mejor dicho, eso es lo que a De Caunes le habría gustado hacer creer. Vapuleado por cualquiera y desahuciado por una especie de psiquiatra, Rochefort se empeña en recuperar el amor perdido, hasta una improbable escena de sexo, que sirve sólo para demostrar que Rampling todavía puede hacer un desnudo digno a los 61 años. La escena en sí no es digna ni graciosa en absoluto.

Los protagonistas y el resto del elenco (Ian Richardson, James Thiérrée, Yves Jacques, etc.) se esfuerzan seriamente, pero el único que acaso haga reír a alguien en medio de este asombroso disparate es el perro de la maison Rampling, el día que traga un comprimido que no estaba destinado a él.

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