16 de agosto 2004 - 00:00

Desagrada la nueva obra de Costantino

Nicola Costantino, el arte de la repulsión. Ahora expone jabones realizados con la grasa de su propia liposucción.
Nicola Costantino, el arte de la repulsión. Ahora expone jabones realizados con la grasa de su propia liposucción.
Nicola Costantino presentó en el Malba (y ahora en la galería Ruth Benzacar) la obra «Savon du corp», una serie de 100 jabones con forma de torso dentro de unas bonitas jaboneras acompañada por el inocente y a la vez aberrante slogan publicitario: «Prends ton bain avec moi», («Báñate conmigo»). La cuestión es que los jabones están elaborados con un porcentaje de grasa de origen humano, con parte del tejido adiposo de la propia artista que se sometió a una liposucción para realizar la obra.

Durante el vernissage, en la fachada del Museo, al igual que en el auditorio y en el lobby, donde entre rosas blancas se encontraban los jabones, se proyectaba un breve film con la imagen de Costantino mientras se desviste para bañarse. En suma, si se ignoraralo que se sabe de su contenido, la « acción» podría haberse confundido con el lanzamiento de un cosmético exclusivo, pues el par de jabones (uno para atesorar como obra de arte y el otro para usar) cuesta 1.000 dólares. Desde que comenzó su carrera, en los objetos e instalaciones de Costantino coinciden la atracción que provoca la sofisticada elaboración del diseño con la repulsión que inspira el material que utiliza: animales muertos, pelo humano y el calco de la piel humana para sus joyas o creaciones de alta costura y, ahora, su propia grasa. Atracción, revulsión y reflexión, en ese orden y en dosis que varían de acuerdo a la sensibilidad de quién observe sus obras, son las respuestas que suele cosechar entre los espectadores. Pero en este caso, los jabones suscitaron el inmediatorechazo de aquellos que descubren, como observa el crítico Gastón Burucúa, «que el mecanismo estético por el cual nuestra artista suponía, si es que esta suposición existe, desnudar el horror nazi, no hace más que reproducir y legitimar un carácter de esa misma cultura».

La obra, al igual que las anteriores,se puede ver como una crítica a las perversiones de un narcisismo extremo (o del horror nazi, a pesar de que la artista niega que esa sea su intención), pero en esta ocasión es preciso reconocer que la crítica está demasiado embozada «¿Qué significa eso de que los artistas muestren lo que no les gusta del mundo. Nadie dibuja esvásticas para exorcizarlas?», dicen quienes la repudian.

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